El copyleft explicado a los niños
Para desmontar algunos equívocos
por Wu Ming 1, Il Mucchio selvaggio, número 526, 25 de Marzo de 2003
Traducción de José Luis Aznarte M.
"Pero... Si cualquiera puede copiar vuestros libros y pasar sin
comprarlos, ¿de qué coméis vosotros?" Esta
pregunta nos es hecha a menudo, la mayor parte de las veces seguida de
la observación siguiente: " El copyright es necesario,
¡hace falta proteger a los autores!"
Este género de afirmaciones revela cuánto humo y
cuánta arena ha conseguido arrojar la cultura dominante (basada
en el principio de propiedad) y la industria del entretenimiento a los
ojos del público. En los medios y en nuestras mentes se
perpetúa la ideología confusionista en materia de
derechos de autor y propiedad intelectual, pese a que el renacer de los
movimientos y la transformación en curso la estén
poniendo en crisis. Sólo a parásitos y gorrones conviene
hacer creer que "copyright" y "derecho de autor" son la misma cosa, o
que exista la contraposición entre "derecho de autor" y
"piratería". No es así.
Los libros del colectivo Wu Ming son publicados bajo la siguiente nota:
"Está permitida la reproducción total o parcial de esta
obra y su difusión telemática siempre y cuando sea para
uso personal de los lectores y no con fines comerciales". Esta nota
está basada en el concepto de "copyleft", inventado en los
años ochenta por el "movimiento por el software libre" de
Richard Stallman y compañía, y está siendo
aplicado en muchos sectores de la comunicación y la creatividad,
de la divulgación científica y de las artes.
"Copyleft" (un denso juego de palabras intraducible) es una
filosofía que se traduce en diversos tipos de licencias
comerciales, la primera de las cuales fue la GPL [GNU Public License]
del software libre, nacida para tutelar a éste último e
impedir que nadie (por ejemplo Microsoft) se apropie y privatice los
resultados del trabajo de comunidades libres de usuarios y
programadores. Para quien no lo sepa, el software libre se caracteriza
por tener el "código abierto", lo que lo hace potencialmente
controlable, modificable, mejorable y copiable por los usuario.
Si el software libre hubiera sido simplemente de dominio
público, antes o después hubiera caído bajo el
control de los buitres de la industria. La solución fue revertir
el copyright como si de un calcetín se tratase, haciéndo
que pasase de ser un obstáculo a la libre reproducción a
ser la garantía suprema de ésta última. En
palabras llanas, si yo pongo copyright sobre mi obra, yo soy su
propietario, y éste hecho me otorga poderes suficientes para
decir que con dicha obra tú puedes hacer lo que te plazca.
Puedes copiarla, difundirla, modificarla etc. Lo que no te está
permitido hacer es prohibir que otro haga lo mismo, es decir, no puedes
apropiarte de ella e impedir su libre circulación: no puedes
poner copyright sobre ella, porque ya hay uno puesto y me pertenece, y
además si lo haces te buscas la ruina y te las ves conmigo.
En resumen, un ciudadano normal, que no tiene dinero para comprar un
libro de Wu Ming, o que no quiere comprarlo encuadernado, puede
tranquilamente fotocopiarlo, escanearlo usando OCR o -solución
mucho más cómoda- descargarlo gratis de nuestro sitio web
www.wumingfoundation.com. Esta reproducción no es con
ánimo de lucro, y por tanto está perfectamente autorizada
por nosotros. Ahora bien, si un editor extranjero quiere hacerlo
traducir y comercializarlo en su país, o si un productor
cinematográfico quiere trasladarlo a la gran pantalla, eso es
una reproducción con ánimo de lucro, y por tanto estos
señores deberán ponerse en contacto con nosotros y
pagarnos una cantidad, porque es justo que nos "lucremos" nosotros
también, ya que el libro lo hemos escrito nosotros.
Volviendo a la pregunta inicial: ¿no estamos perdiendo dinero?
La respuesta es simplemente no. Cada vez más experiencias
editoriales demuestran que la lógica "copia pirata = copia no
vendida" no tiene nada de lógica. Si no fuera así, no se
comprendería el hecho de que nuestra novela Q, descargable
gratuitamente desde hace tres años, haya llegado a la
duodécima edición y haya superado las doscientas mil
copias vendidas.
En realidad, en el ámbito editorial, cuanto más circula
una obra, más vende. Otros ejemplos de ésto vienen
incluso de un país obsesionado con la propiedad intelectual como
es EEUUA, y han sido descritos con cristalina precisión por mi
colega Wu Ming 2 en un artículo que puede leerse aquí:
http://www.wumingfoundation.com/italiano/Giap/giap2_IV.html#copyright1.
Incluso sin incomodar al Massachussetts Institute of Technology, basta
con explicar lo que está pasando con nuestros libros. Un usuario
X se conecta a nuestro sitio y descarga, digamos, 54. Si lo hace desde
el trabajo o la universidad y lo imprime allí, no se gasta un
duro. X lo lee, y le gusta. Le gusta de tal manera que decide
regalarlo, y por supuesto no puede presentarse en la fiesta de
cumpleaños con un tocho de folios A4. Por tanto, se encamina a
la librería y lo compra. Una copia "pirateada" = una copia
vendida. Hay quien ha descargado nuestro libro y, a continuación
de leerlo, lo ha regalado seis o siete veces. Una copia "pirateada" =
varias copias vendidas. Incluso aquellos que no tienen dinero para
regalos comentan a otros que han leído el libro y que les ha
gustado, con lo que tarde o temprano alguien lo comprará o
seguirá el proceso anteriormente descrito
(descarga-lectura-compra-regalo). Si hay alguien a quien el libro no le
gusta, por lo menos no se habrá gastado ni un céntimo.
De este modo, como sucede con el software libre y con el Open Source,
se reconcilia la exigencia de una justa recompensa por el trabajo
realizado por un autor (o más precisamente por un trabajador del
saber) con la salvaguarda de la reproducibilidad de la obra (es decir,
de su uso social). Se exalta el derecho de autor reprimiendo al
copyright, en la cara de los que creen que son la misma cosa.
Si la mayoría de las editoriales no se han percatado
todavía de esta realidad y son conservadoras en materia de
copyright es por cuestiones más ideológicas que
mercantiles, aunque creemos que no tardarán en abrir sus ojos.
El mercado editorial no está en riesgo de extinción como
la industria discográfica: son distintas las lógicas, son
distintos los soportes, son distintos los circuitos, la forma de
consumo también es diferente, y, sobre todo, el mercado
editorial no ha perdido todavía la cabeza, no ha reaccionado con
redadas en masa, denuncias y procesos a la gran revolución
tecnológica que "democratiza" el acceso a los medios de
reproducción. Hace unos cuantos años, una grabadora de
CDs estaba disponible únicamente para un estudio de
grabación, mientras que hoy la tenemos en casa, en nuestro
ordenador personal. Por no hablar del peer-to-peer etc. Esto es un
cambio irreversible, frente al cual toda la legislación sobre
propiedad intelectual se convierte en obsoleta, se queda en estado de
putrefacción.
Cuando se inventó el copyright, hace tres siglos, no
existía ninguna posibilidad de "copia privada" o de
"reproducción sin ánimo de lucro", ya que sólo un
editor tenía acceso a la maquinaria tipográfica. Los
demás estaban obligados a renunciar al libro si no podían
comprarlo. El copyright no era percibido como anti-social, era el arma
de un empresario contra otro, no de un empresario contra el
público. Hoy la situación ha cambiado
drásticamente, el público ya no está obligado a
comprar, tiene acceso a la maquinaria (computadores, fotocopiadoras,
... ) y el copyright es un arma que dispara contra la multitud.
Quedan muchas cosas que decir, y debemos volver a lo básico:
partimos del reconocimiento de la génesis social del saber.
Nadie tiene ideas que no hayan sido directa o indirectamente
influenciadas por las relaciones sociales que mantiene en las
comunidades de las que forma parte, y si la génesis es social,
el uso debe permanecer social a su vez. Pero esto es otra larga
historia. Espero haberme explicado bien. Para más
información: giap@wumingfoundation.com.