Trabajo Afectivo
Michael Hardt
La preocupación con la producción de afectividad en el
entorno laboral y social a menudo ha servido como una buena base para
desarrollar proyectos anticapitalistas dentro del discurso en torno a
conceptos como deseo y valor y uso. El trabajo afectivo constituye
directamente y en sí mismo la creación de comunidades y
de subjetividad colectivas. El circuito productivo dentro del que se
mueven los afectos y los valores se ha visto en gran medida como un
circuito autónomo de creación de subjetividad, una
alternativa al proceso de valoración capitalista. Sistemas de
pensamiento que acercan a Marx y Freud asocian el concepto del trabajo
afectivo con ideas como el trabajo dentro de la familia y el cuidado de
otros. Cada uno de estos análisis revela procesos mediante los
que, dentro de la actividad laboral, producimos subjtividades
colectivas, socialidad y que, en último término, dan
lugar a la sociedad en sí.
Esta manera de concebir el trabajo afectivo hoy en día
(aquí entro en el asunto principal de este ensayo) debe, sin
embargo, percibirse en relación con el papel cambiante que en la
economía capitalista tiene el trabajo afectivo. En otras
palabras, aunque el trabajo afectivo nunca ha sido completamente ajeno
a la producción capitalista, los procesos de
posmodernización económica que se han estado
desarrollando durante los últimos 25 años han situado el
trabajo afectivo en una posición donde, no sólo produce
capital sino también está en la cima de la
jerarquía de formas de trabajo. El trabajo afectivo es una de
las manifestaciones de lo que denominaré "trabajo inmaterial",
que ha adquirido una posición predominante con respecto a los
otros tipos de trabajo dentro de la economía capitalista global.
Afirmar que el capital ha incorporado y exalta el trabajo afectivo como
una de las más rentables formas de trabajo productor de valor no
significa que este tipo de trabajo, contaminado por su relación
con el capitalismo no tenga ya un lugar en proyectos anticapitalistas.
Por el contrario, dado el importante papel que desempeña el
trabajo afectivo como uno de los principales eslabones en la cadena de
la posmodernización capitalista, su potencial subversivo y su
autonomía no hacen sino crecer.
Dentro de este marco reconocemos el potencial biopolítico del
trabajo, entendido el biopoder según la concepción de
Foucault, que a la vez se invierte. Quiero proceder, por tanto, en tres
fases: la primera, situar el trabajo inmaterial dentro de la fase
contemporánea de la posmodernización capitalista;
segunda, situar el trabajo afectivo en relación con otras formas
de trabajo inmaterial; y finalmente, explorar el potencial del trabajo
afectivo en relación con el biopoder.
Posmodernización
Resulta muy común hoy en día percibir el relevo de
paradigmas económicos sucesivos dentro del ámbito de los
principales países capitalistas como un proceso en tres fases
bien definidas, cada una por un sector económicamente
aventajado: en el primer paradigma, la agricultura y la
obtención de materias primas eran el motor de la
economía, en el segundo, la industria y la fabricación de
bienes duraderos ocupaban una posición privilegiada, y en el
tercero, los servicios y la manipulación de información
están en el núcleo de la producción de capital. La
posición hegemónica ha pasado, por tanto, del sector
primario, al secundario y más tarde al terciario. La
modernización económica fue la seña de identidad
de la primera transición, de la hegemonía de la
agricultura a la de la industria. Modernización era
sinónimo de industrialización. La segunda
transición, de la hegemonía de la industria a la de los
servicios e información se podría denominar
posmodernización de la economía, o, para ser más
exactos, informatización.
Los procesos de modernización e industrialización
llevaron consigo la transformación y redefinición de
todos los elementos configuradores del plano social. A medida que la
agricultura se modernizó convirtiéndose en una industria,
la granja se fue convirtiendo en fábrica aplicando la
disciplina, la tecnología, las relaciones salariales, etc.
características de ésta. En general, la sociedad se
industrializó gradualmente, hasta llegar al punto en que las
relaciones y la naturaleza humanas también se transformaron. La
sociedad se convirtió en una fábrica. A principios de
siglo, Robert Musil hizo una bella reflexión sobre la
transformación de la humanidad en esta transición del
mundo agrícola a la fábrica social. "Hubo un tiempo en
que la gente se adaptaba naturalmente a las condiciones con las que se
topaban, y esto era una manera muy coherente de convertirse en uno
mismo. Pero hoy en día, con toda esta agitación que
separa las cosas de la tierra en la que se criaron , incluso en lo que
se refiere a la producción de almas, realmente se
debería, por decirlo de algún modo, reemplazar la
artesanía tradicional por el tipo de inteligencia
característica de las máquinas y las fábricas."
[1] La humanidad y su alma se producen dentro de los procesos mismos de
producción económica. El proceso de transformación
en ser humano y la naturaleza misma del ser humano se trastocaron
fundamentalmente en el cambio cualitativo que supuso la
modernización.
En nuestros días, sin embargo, la modernización ha
llegado a su fin, o, como expone Robert Kurz, la modernización
se ha venido abajo. En otras palabras, la producción industrial
ya no extiende su área de control sobre otras formas
económicas y fenómenos sociales. Un síntoma de
este cambio aparece en los cambios cuantitativos en el ámbito
del empleo. Mientras los procesos de modernización se vieron
reflejados en la migración de la mano de obra, de la agricultura
y minería (sector primario) a la industria (sector secundario),
los procesos de posmodernización o informatización se
reflejan en una migración del empleo en el sector de la
industrial al del sector servicios (terciario), un cambio que se viene
produciendo en los principales países capitalistas
(especialmente en los Estados Unidos) desde principios de 1970. [2] El
concepto "servicios" engloba una amplia gama de actividades, desde la
sanidad, la educación y la cultura al transporte, los
espectáculos y la publicidad. Los empleos requieren, en su
mayoría disponibilidad para viajar y adaptabilidad a diferentes
funciones. Pero, lo que es más importante, también se
caracterizan por el papel esencial que en ellos desempeñan el
conocimiento, la información, la comunicación y la
emoción. En este sentido, podemos referirnos a la
economía postindustrial como una economía de la
información.
La afirmación según la cual el proceso de
modernización se ha acabado y la economía global de hoy
en día se encuentra en fase de posmodernización, enfocada
hacia la economía de la información, no significa que se
vaya a prescindir de la producción industrial o que vaya a dejar
de tener un papel predominante, incluso en las zonas más
desarrolladas del mundo. Del mismo modo que la industrialización
transformó la agricultura y potenció su capacidad de
producción, la revolución de la información
transformará la industria y redefinirá y pondrá al
día los procesos de fabricación a través de la
integración, por ejemplo, de redes de información dentro
de los procesos industriales. La nueva consigna en lo que a
gestión refiere es "trata la industria como un servicio".
Así, a medida que las industrias se transforman, la
división entre fábrica y servicios se difumina. Del mismo
modo que a través de la modernización toda
producción se industrializó, así, a través
de la posmodernización, toda la producción tiende a
convertirse en producción de servicios, tiende hacia la
economía de la información.
El hecho de que la informatización y el giro hacia el sector
servicios se adviertan más claramente en los principales
países capitalistas no debe llevarnos a pensar en la
situación económica global en función de fases de
desarrollo, como si hoy en día los países dominantes
fueran economías de basadas en los servicios y la
información, sus subordinados los regidos por una
economía industrial y tras estos se encontrasen los
países de economía agrícola. Para los
países subordinados, el fin de la modernización
significa, en primer lugar, que la industrialización ya no puede
verse como el factor clave para el desarrollo y la competitividad
económica. Algunas de las regiones más relegadas, como
algunas áreas del África subsahariana, han sido excluidas
del movimiento de capital y de las nuevas tecnologías y
así carecen incluso de la ilusión de las estrategias de
desarrollo y se encuentran a punto de morir de inanición
(debemos, sin embargo, ser conscientes de que la
posmodernización ha determinado esta exclusión, pero no
por ello cesa su dominio sobre estas regiones). La competición
por alcanzar los puestos intermedios en la jerarquía global se
lleva a cabo no a través de la industrialización, sino de
la informatización de la producción. Países
grandes con economías heterogéneas, como India, Brasil y
Rusia pueden albergar simultáneamente todo tipo de procesos de
producción: producción de servicios a través de la
economía de la información, producción industrial
de bienes y producción artesanal, agrícola y minera. No
es precisa una progresión histórica entre estas formas de
producción, que simplemente se mezclan y coexisten: no es
necesario pasar por la modernización antes de incorporarse a la
informatización. La producción artesanal se puede
informatizar inmediatamente; se pueden instalar inmediatamente
teléfonos móviles en ignotos pueblos de pescadores. Todas
las formas de producción coexisten dentro de las redes del
mercado mundial y bajo el control de la producción informatizada
de servicios.
Trabajo inmaterial
La transición hacia una economía de la información
conlleva necesariamente un cambio en la calidad del trabajo y en la
naturaleza de los procesos laborales. Esta es la consecuencia
sociológica y antropológica más inmediata de la
transición entre paradigmas económicos. La
información, la comunicación, el conocimiento y la
afectividad pasan a tener un papel fundamental en el proceso de
producción. Para muchos, una primera faceta de esta
transformación está constituida por cambios en el sistema
laboral de las fábricas con la industria del automóvil
como punto de referencia esencial- así se ha pasado del modelo
ford al toyota. [4] El principal cambio estructural entre estos dos
sistemas se refiere al sistema de comunicación entre la
producción y el consumo de mercancías, es decir, el
trasvase de información de la fábrica al mercado. El
modelo fordista establecía una relación "muda" entre
producción y consumo. En el modelo fordista se producían
modelos estándar en masa a sabiendas de que existía una
demanda para ellos, por lo que no había una necesidad de
"escuchar" atentamente al mercado. Un circuito de
retroalimentación de información que unía el
sector de consumo con el de producción hacía posible que
algunos cambios en el mercado impulsaran cambios en la
producción, pero esta comunicación era limitada (debido a
que los canales de planificación eran rígidos y estaban
muy compartimentados) y muy lenta (dada la limitación
tecnológica y los procesos de la producción en masa).
El modelo toyotista se basa en una inversión del modelo fordista
de comunicación entre producción y consumo. Lo ideal, de
acuerdo con este modelo, sería que se estableciera una
comunicación continua e inmediata entre planificación de
producción y mercado. Así las fábricas no
tendrían mercancía en sus almacenes, y la
producirían de acuerdo con la demanda que exista en un momento
dado en los mercados activos. Este modelo no sólo requiere un
circuito de comunicación más rápido sino
también que funcione endirección contraria, porque, al
menos en teoría, la decisión de producir viene
después de que el mercado tome su decisión. Dentro de
este contexto industrial vemos los primeros indicios del papel
fundamental que la comunicación y la información van a
desempeñar en la producción. Se podría afirmar que
la acción comunicacitiva y la acción instrumental van
íntimamente unidos dentro de los procesos industriales de la era
de la información. (Sería interesante y útil
considerar de qué manera estos procesos alteran la
división establecida por Habermas entre acción
instrumental y acción comunicativa, del mismo modo que lo hacen
con la distinción que Arendt crea entre "labor", "trabajo" y
"acción".) [5]. Debo precisar que nos estamos refiriendo a una
concepción muy limitada de comunicación, a la mera
transmisión de datos de mercado.
Los sectores de servicios de la economía presentan un modelo de
comunicación productiva más rico. De hecho, casi todos
los servicios se basan en el continuo intercambio de información
y conocimientos. Ya que la producción de servicios no deriva en
la producción de bienes materiales y duraderos, podríamos
denominar este tipo de trabajo 'trabajo inmaterial', es decir, trabajo
que produce bienes no materiales como servicios, conocimientos o
comunicaciones. [6] Un aspecto del trabajo inmaterial puede describirse
con una analogía con el funcionamiento de un ordenador. El uso
cada vez más generalizado de ordenadores ha ido redefiniendo las
practicas y relaciones laborales (y paralelamente todas las
prácticas y relaciones sociales). La familiaridad con la
tecnología de la información y la habilidad para
manejarla se están convirtiendo en requisitos básicos
para acceder a cualquier puesto de trabajo en los países
dominantes. Incluso cuando no hay un contacto directo con ordenadores,
el uso de símbolos e información característicos
de la informática se ha generalizado. Una innovación
aportada por el ordenador es que su funcionamiento está en
constante transformación a través de su uso. Incluso las
manifestaciones más primitivas de inteligencia artificial
permiten al ordenador ampliar y perfeccionar su forma de operar
basándose en la interacción con el usuario y su entorno.
Este tipo de interactividad continua caracteriza a muchas de las
actividades productivas contemporáneas en todos los sectores de
la economía, intervengan o no equipos informáticos. En
épocas anteriores los trabajadores aprendían a actuar
como máquinas tanto dentro como fuera de la fábrica. Hoy
en día a medida que el conocimiento general social se convierte
en un medio de producción cada vez más directo, pensamos
cada vez más como ordenadores y el modelo interactivo de
tecnología de la comunicación es una parte cada vez
más esencial de nuestra actividad laboral. [7] Los aparatos
interactivos y cibernéticos se convierten en prótesis
integradas en nuestros cuerpos y mentes y constituyen una lente a
través de la cual los redefinimos. [8]
Robert Reich denomina este tipo de trabajo inmaterial "servicios
simbólicos-analíticos"- trabajo que incluye entre otras
tareas la "resolución de problemas, la identificación de
problemas y las actividades de broker estratégico." [9] Este
tipo de trabajo tiene el más alto valor y por tanto Reich lo
identifica como la clave para competir en la nueva economía
global. Reconoce, sin embargo, que el desarrollo de estos trabajos
basados en una economía del conocimiento y que requieren una
manipulación creativa de los símbolos conlleva la
proliferación de infra empleo que requiere escasa capacidad de
manipulación simbólica, que será rutinaria, como
es el caso de la captación de datos y el procesamiento de
textos. Así empieza a surgir una división fundamental en
el sector laboral dentro del campo de los procesos inmateriales.
El modelo del ordenador, sin embargo, puede explicar solamente una de
las facetas de la labor comunicativa e inmaterial que forma parte de la
producción de servicios. La otra faceta del trabajo inmaterial
lo constituye el trabajo afectivo que representa el contacto y la
interacción humanas. Este es el aspecto del trabajo inmaterial
del que resulta menos probable que hablen economistas como Reich, pero,
a mi entender, es el aspecto más importante, el elemento
unificador. Los servicios sanitarios, por ejemplo, se fundamentan
principalmente en el trabajo afectivo y de cuidados a otros y la
industria del espectáculo y las restantes industrias culturales
también se centran en la creación y manipulación
de afectos. Hasta cierto punto, este trabajo afectivo tiene un papel
determinado en las industrias de servicios, desde los restaurantes de
comida rápida a los proveedores de servicios financieros,
fundidos con los momentos de interacción y comunicación
humanas. Este trabajo, aun cuando corporal y afectivo, es inmaterial en
cuanto que sus productos son intangibles: una sensación de
libertad, bienestar, satisfacción, excitación,
pasión, e incluso la sensación de estar conectados o en
comunidad. Categorías como los servicios en persona o los
servicios de proximidad a menudo se utilizan para identificar este tipo
de trabajo, pero lo esencial -su aspecto "en persona"- es realmente la
creación y la manipulación de afectos. Esta
producción afectiva, este intercambio y comunicación esta
generalmente asociado con el contacto humano, con la presencia real de
otro pero este contacto puede ser tanto real como virtual. En la
producción de afectos en la industria del espectáculo,
por ejemplo, el contacto humano, la presencia de otros, es
principalmente virtual, pero no por ello menos real. Este segundo
aspecto del trabajo inmaterial, su aspecto afectivo, va más
allá del modelo de inteligencia y comunicación que
plantea el ordenador. El trabajo afectivo se entiende mejor desde lo
que los análisis feministas de la "mujer en el trabajo"
denominan "trabajo en modo corporal". [10] El cuidado de otros
está ciertamente ligado a lo corporal, lo somático, pero
los afectos que genera son, sin embargo, inmateriales. Lo que el
trabajo afectivo produce son redes sociales, manifestaciones de la
comunidad, biopoder.
Aquí quizás podamos reconocer una vez más que la
acción instrumental de la producción económica se
mezcla con la acción comunicativa de las relaciones humanas. En
este caso, sin embargo, la comunicación no se empobrece, antes
bien, la producción se ha enriquecido al nivel de complejidad de
la interacción humana. Mientras que en un primer momento, en la
informatización de la industria, por ejemplo, se podría
decir que la acción comunicativa, las relaciones humanas y la
cultura se han instrumentalizado, cosificado y "degradado" al nivel de
las interacciones económicas, debemos rápidamente matizar
que, a través de un proceso recíproco, en este segundo
momento la producción se ha convertido en un proceso
comunicativo, afectivo y desinstrumentalizado y ha sido "elevado" a la
categoría de relaciones humanas, pero, por supuesto, relaciones
humanas que se desarrollan dentro del capital y están dominadas
por éste. (Aquí la división entre economía
y cultura empieza a desmoronarse). En la producción y
reproducción de afectos, dentro de aquellas redes de cultura y
comunicación, se producen las subjetividades colectivas dando
lugar a lo social, incluso si ambas pueden ser directamente explotadas
por el capital. Aquí es donde podemos comprobar el enorme
potencial de trabajo afectivo.
No pretendo argumentar que el trabajo afectivo en sí mismo sea
algo nuevo, como tampoco creo que lo sea el hecho de que produce valor.
Los análisis feministas, en particular, llevan mucho tiempo
reconociendo el valor social del trabajo afectivo, el trabajo familiar,
criar a los hijos y otras actividades propias de una madre. Lo que es
nuevo, por el contrario, es hasta qué punto este trabajo
afectivo e inmaterial está ahora directamente ligado a la
producción de capital así como lo generalizado de su
alcance, que llega a amplios sectores de la economía. En efecto,
como componente de trabajo inmaterial, el trabajo afectivo ha alcanzado
una posición dominante de grandísimo valor en la sociedad
contemporánea de la información. En lo que se refiere a
la producción de almas, como Musil podría decir, no
debemos dirigir nuestra mirada a la tierra y al desarrollo
orgánico, ni a la fábrica y al desarrollo
mecánico, sino hacia las formas hegemónicas de
producción económica, esto es, a la producción
definida como una síntesis de cibernética y afectividad.
Este trabajo inmaterial no es característico tan sólo de
un ramo de la población activa, es decir, los programadores
informáticos y los enfermeros, que constituirían
potencialmente la nueva aristocracia laboral. Antes bien, el trabajo
inmaterial, en sus diferentes encarnaciones (informacional, afectivo,
comunicativo y cultural) tiende siempre a extenderse por toda la
población activa y todas las tareas como un componente, de mayor
o menor peso, de todos los procesos laborales. Habiendo dicho esto, hay
abundantes divisiones dentro del ámbito del trabajo inmaterial
divisiones por nación, sexo, raza, etc. Como diría Robert
Reich, el gobierno de los Estados Unidos luchará en la medida de
lo posible por mantener en lo más lato el listón del
valor del trabajo inmaterial en los Estados Unidos y exportar aquellos
trabajos de menor valor a otras regiones. Es una tarea importante
establecer con claridad cuáles son estas divisiones del trabajo
inmaterial, que, debo matizar, no coinciden con las divisiones en el
trabajo a las que estamos acostumbrados, especialmente las referidas al
trabajo afectivo.
En resumen, podemos distinguir tres clases de trabajo inmaterial que
impulsan al sector servicios a colocarse en la cúspide de la
economía de la información. La primera clase se ocupa de
la producción industrial y se ha informatizado, incorporando la
tecnología de la información de manera que se ha
transformado el propio proceso de producción industrial. La
fabricación se entiende como un servicio y el trabajo material
que representa la producción de bienes perdurables se mezcla con
el trabajo inmaterial y tiende a fundirse con éste. En segundo
lugar está el trabajo inmaterial de las funciones
analíticas y simbólicas, que, por su parte, se subdivide
por un lado en manipulación inteligente y creativa y por otro en
funciones simbólicas rutinarias. Por último, un tercer
tipo de trabajo inmaterial se ocupa de la producción y
manipulación de los afectos y requiere un contacto y una
proximidad humanas, ya sean reales o virtuales. Estos son los tres
tipos de trabajo que guían la posmodernización o
informacionalización de la economía global.
Biopoder
Por biopoder entiendo el potencial del trabajo afectivo. El biopoder es
el poder de crear vida, es la producción de subjetividades
colectivas, de lo social y de la sociedad en sí. Los afectos y
las redes de producción de afectos como principal objeto de
análisis nos revela estos procesos como procesos de
constitución social. Lo que se crea mediante las redes de
trabajo afectivo es una forma de vida.
Cuando Foucault analiza la idea de biopoder, la contempla
únicamente desde arriba. Se trata de la patria potestad, el
derecho del padre sobre la vida y la muerte de sus hijos y siervos. O
lo que es más importante, el biopoder es el poder de las fuerzas
emergentes de potencial gobierno para crear, dirigir y controlar a la
población el poder de controlar la vida[11]. Otros estudios
más recientes han llevado la idea de Foucault más
allá determinando el biopoder como el reino de lo soberano sobre
la "vida al desnudo", la vida, aislada de sus diversas manifestaciones
sociales [12]. En cada caso, lo que está en juego en el poder es
la vida en sí. Este tránsito político hacia la
fase contemporánea del biopoder es paralelo a la
transición económica que constituye la
posmodernización del capitalismo en el que el trabajo inmaterial
se encuentra en la posición hegemónica. También en
este caso, en la creación de valor y en la producción de
capital, lo esencial es la producción de vida, la
creación, la dirección y el control de la
población.
Esta perspectiva foucaultiana del biopoder, sin embargo, sólo
plantea la situación desde arriba, como la prerrogativa de un
poder soberano. Cuando observamos la situación desde el punto de
vista del trabajo que conlleva la producción biopolítica,
podemos empezar a reconocer el biopoder como se manifiesta visto desde
abajo.
Lo primero que advertimos cuando adoptamos esta perspectiva es que el
trabajo de la producción biopolítica está
fuertemente configurado como un trabajo organizado de acuerdo al sexo.
Es más, muchas corrientes de teoría feminista han
desarrollado análisis en profundidad sobre la generación
de biopoder desde las capas inferiores. Una vertiente del ecofeminismo
emplea el término biopolítica (de manera que
podría parecer muy diferente al uso que al término da
Foucault) para referirse a la política de las varias
manifestaciones de biotecnología que imponen las
compañías transnacionales a las poblaciones y entornos,
especialmente a regiones del mundo subordinadas [13]. La
Revolución Verde y otros programas tecnológicos que se
han presentado como medios para un desarrollo económico
capitalista han supuesto tanto una violación del entorno natural
como un establecimiento de nuevos mecanismos de subordinación de
la mujer. Estos dos efectos, en realidad se reducen a uno. Según
estos autores, el papel tradicional de la mujer ha sido principalmente
el de cumplir la función reproductiva. Este papel ha sido el
más afectado por la intervención ecológica y
biológica. Desde este punto de vista, por tanto, la mujer y la
naturaleza se encuentran simultáneamente controladas, pero
también cooperan contra el ataque de las tecnologías
biopolíticas, con el fin de producir y reproducir vida.
Mantenerse vivos: la vida se ha convertido en el tema crucial de la
política y la lucha es la de las capas altas del biopoder contra
las bajas. En un contexto muy diferente, varios autores feministas
estadounidenses han analizado el papel fundamental que tiene el trabajo
de la mujer en la producción y reproducción de vida. En
particular, el trabajo afectivo que conllevan las labores maternas
(aquí creamos una distinción entre las labores maternales
y la tarea específicamente biológica que representa el
dar a luz) ha demostrado ser un terreno extraordinariamente rico para
el análisis de la producción biopolítica [14]. En
este caso la producción biopolítica consiste
principalmente en el trabajo que conlleva la creación de vida.
No me refiero a la actividad de la procreación, sino la
creación de vida precisamente a través de la
producción y reproducción de afectividad. Aquí
podemos reconocer claramente cómo la frontera entre
producción y reproducción se viene abajo, como
también sucede con la distinción entre economía y
cultura.
El trabajo opera directamente sobre la afectividad, produce
subjetividad, produce sociedad, produce vida. El trabajo afectivo, en
este sentido, es ontológico, revela un trabajo vivo que
constituye una forma de vida y así demuestra nuevamente el
potencial de producción biopolítica [15].
Debo advertir, sin embargo, que ninguna de estas posturas se deben
aceptar sin matizaciones, sin reconocer los enormes peligros que
conllevan. En el primer caso la identificación de mujer y
naturaleza supone el riesgo de hacer natural y absoluta la diferencia
entre los sexos, añadiendo, además una definición
espontánea de la naturaleza en sí. En el segundo caso, la
celebración de las labores maternales puede fácilmente
constituir un argumento que apoye la división del trabajo
según sexos y las estructuras familiares dominio y de
subjetivización edípicas. Incluso en estos
análisis familiares del trabajo materno queda claro lo
difícil que puede resultar separar el potencial del trabajo
afectivo tanto de las construcciones patriarcales de
reproducción como del subjetivo agujero negro de la familia.
Estos peligros, con independencia de su relevancia, no pueden negar la
importancia del potencial del trabajo como biopoder, biopoder desde las
capas más bajas. El contexto biopolítico es precisamente
el campo de una investigación sobre la relación
productiva entre afectividad y valor. Con lo que nos encontramos no es
tanto con la resistencia de lo que podríamos denominar "trabajo
necesario desde el punto de vista afectivo" [16], sino el potencial del
trabajo afectivo necesario. Por una parte, el trabajo afectivo, la
producción y reproducción de la vida es un cimento
profundo sobre el que se levanta la acumulación capitalista y el
orden patriarcal.
Por otra, sin embargo, la producción de afectividad,
subjetividad y formas de vida presenta un potencial enorme para los
circuitos autónomos de valoración, y quizás
liberación.
Notas
[1] Robert Musil, The Man Without Qualities, vol. 2, trans. Sophie Wilkins (Nueva York: Vintage, 1996) 367
[2] Para más información sobre los cambios en el mundo
laboral en los países hegemónicos, véase Manuel
Castells y Yuko Aoyama, "Paths towards the informational society:
Employment structure in G-7 countries, 1920-90," International Labour
Review 133:1 (1994): 5-33.
[3] François Bar, "Information Infrastructure and the
Transformation of Manufacturing," in The New Information
Infrastructure: Strategies for U.S. Policy, ed. William Drake (Nueva
York: Twentieth Century Fund Press, 1995), 56.
[4] Para más información sobre la comparación
entre el modelo Ford y Toyota, véase Benjamin Coriat, Penser
à l'envers: travail et organisation dans l' entreprise japonaise
(París: Christian Bourgois, 1994).
[5] Pienso principalmente en Jürgen Habermas y su The Theory of
Communicative Action, traducción al inglés de Thomas
McCarthy (Boston: Beacon Press, 1984); y Hannah Arendt, The Human
Condition (Chicago: University of Chicago Press, 1958). Para un
excelente análisis de la división de Habermas entre
acción comunicativa e instrumental en el contexto de la
posmodernización económica, consultar Christian Marazzi,
Il posto dei calzini: la svolta linguistica dell'economia e i suoi
effetti nella politica (Bellinzona, Suiza: Casagrande, 1995), 29-34.
[6] Para una definición y análisis del trabajo
inmaterial, véase Maurizio Lazzarato, "Immaterial Labor," in
Radical Thought in Italy, ed. Paolo Virno y Michael Hardt (Minneapolis:
University of Minnesota Press, 1996), 133-47.
[7] Peter Drucker ha interpretado la transición a la
produccióninmaterial como la completa destrucción de las
categorías tradiciones establecidas por la economía
política. "The basic economic resource 'the means of production,
' to use the economist's termis no longer capital, nor natural
resources (the economist's 'land'), nor 'labor.' It is and will be
knowledge." Peter Drucker, Post-Capitalist Society, (Nueva York:
Harper, 1993), 8. Lo que Drucker no comprende es que el conocimiento no
se entrega, sino se produce y que esta producción conlleva
nuevos medios de producción y trabajo.
[8] Marx emplea el término "intelecto general" para referirse a
este paradigma de actividad social productiva. "The development of
fixed capital indicates to what degree social knowledge has become a
direct force of production, and to what degree, hence, the conditions
of the process of social life itself have come under the control of the
general intellect and been transformed in accordance with it. To what
degree the powers of social production have been produced, not only in
the form of knowledge, but also as immediate organs of social practice,
of the real life process." Karl Marx, Grundrisse, trans. Martin
Nicolaus (Nueva York: Vintage, 1973), 706.
[9] Robert Reich, The Work of Nations: Preparing Ourselves for 21st-Century Capitalism (Nueva York: Knopf, 1991), 177.
[10] Véase Dorothy Smith, The Everyday World as Problematic: A
Feminist Sociology (Boston: Northeastern University Press, 1987), 78-88.
[11] Véase principalmente Michel Foucault, The History of
Sexuality, vol. 1, traducción al inglés Robert Hurley
(Nueva York: Vintage, 1978), 135-45.
[12] Véase Giorgio Agamben, Homo Sacer, (Turin: Einaudi, 1995);
y "Form-of-Life," traducción al inglés Cesare Casarino,
en Radical Thought in Italy, ed. Paolo Virno y Michael Hardt
(Minneapolis: University of Minnesota Press, 1996), 151-56.
[13] Véase Vandana Shiva y Ingunn Moser, ed., Biopolitics: A
Feminist and Ecological Reader (Londres: Zed Books, 1995); y en
términos más generales Vandana Shiva, Staying Alive:
Women, Ecology and Survival in India (Londres: Zed Books, 1988).
[14] Véase Sara Ruddick, Maternal Thinking: Towards a Politics of Peace (Nueva York: Ballantine Books, 1989).
[15] Para más información sobre las capacidades
constitutivas ontológivas del trabajo, especialmente dentro del
marco de la teoría feminista, ver Kathi Weeks, Constituting
Feminist Subjects (Ithaca: Cornell University Press, 1998), 120-51.
[16] Véase Gayatri Chakravorty Spivak, "Scattered Speculations
on the Question of Value," in In Other Worlds (Nueva York: Routledge,
1988) 154-75.