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)el asunto( |
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El asunto es mi último libro y fue presentado por primera vez el 25/4/2006 en la primera nochecita en Qasa, acá van a encontrar el libro entero para leerlo gratis, aunque recomiendo siempre adquirir el original en el viejo y querido formato papel, y de paso, colaborar con el autor. $8 Adquirir
BARILOCHE
Bariloche es una ciudad que queda a 1650 km. al suroeste de Buenos Aires, que a su vez, queda a más de 10000 kms. al sur de la ciudad de New York. Su principal centro es la calle Mitre y abarca unas 10 cuadras de longitud. No se ven rejas sobre las vidrieras y los comercios están generalmente construidos o decorados con mucha madera, ciprés pintado con un tinte tirando al color naranja. Se ven muchos locales gastronómicos de artesanías, tejidos, chocolates, dulces, todos muy devenidos en lo que Bariloche es: una ciudad turística.
Me
gusta Bariloche, tiene una carga natural de la concha de su hermana. A
diferencia de Buenos Aires, al conocer a alguien uno muchas veces formula la
pregunta: ¿cuánto hace que estás acá? y es que mucha gente, viene y
simplemente se queda. Bariloche es casi como el principio de un eterno viaje, en
el cual no necesariamente se está viajando en el sentido literal de la palabra,
mucha gente no vive acá, está viviendo. Empiezan. Salen de la urbe y se hacen
libres.
No
hace ni quince días que estoy acá, en ese principio del viaje, mirando como la
ventana de la habitación está torcida con respecto a la línea de la
superficie del lago. El albañil que la construyó debe haber usado un nivel en
lugar de sentarse, fumarse uno y observar. Hay un hotel, con techo de tejas y
chimenea grande que me tapa más de un tercio de la vista, podría ver más
montaña si no existiera, pero es lo que hay. Viniendo de un primer piso a pozo
interno de un edificio de 15 no sé cual es mi queja.
Vine
a Bariloche a escaparme, como tantas otras veces que me fui de Buenos Aires
intentando escaparme del mundo. Vine a Bariloche para ver como vive la gente en
otro lugar, como tantas otras veces que fui a otros lugares para ver como vive
la gente ahí. Salí escapándome del cinturón de seguridad, del primer piso a
pozo interno, del semáforo, del operativo policial, del seguro del auto, de la
familia que oprime y comprime, y da y da y a cambio sólo pide orden ¡Orden en
la vida!, Juntate con una chica, formá una familia y sé feliz ganándote el
manguito, yo te lavo la ropa mientras tanto, te hago la comida y te limpio la
casa; te veo mal, te ayudo.
Gracias
y mil Gracias. Gracias por la casa, por mi trabajo, por encontrarme un proyecto
en la vida, por todo mil gracias. Vine a Bariloche a escaparme de las gracias. A
ver si puedo ser más yo y menos otros, a estar conmigo, a dar lo que quiero y
no lo que piden. A saber comprender las diferencias, a probarme a mí mismo y
desaprobarme y darme cuenta que todo está en mí, y que yo soy todo.
MANU
CHAO
Todo empezó el día en que fuimos a ver a Manu Chao, estacioné el Fiat como cuatro cuadras después del Mac Donalds con el único objetivo de no tener que pagarle a los lacras que te sacan la plata por dejar el auto en la calle. A pesar de que el Vivace es chico, me costó un huevo insertarlo entre los otros dos que ya estaban estacionados y recién ahí, fue cuando se apareció el lacra con el trapito en la mano y me pidió directamente 5 pesos. Me dio bronca y por un segundo pensé en sacarlo y llevarlo un par de cuadras más lejos aún, pero viendo la expresión en la cara de Patricia, como diciendo: “No podés ser tan tacaño”, opté por lo más fácil y decidí pagarle. No era tacañería, era simplemente bronca. No podía tolerar que me cobren por estacionar el auto en la calle, cuando se supone que la calle es pública, pero bueno, así era y me la tenía que bancar. También me tuve que bancar a Patricia cuando vio que había dejado absolutamente todo el dinero en casa, le expliqué al hombre que me había olvidado el dinero, si no podía hacer una excepción, pero no hubo caso, me obligó a retirar el auto de la manera menos sutil:
-y
mirá, yo cuido los autos que colaboran, acá roban mucho, si vos no tenés
plata yo no sé que puede pasar.
-Vos
me estás diciendo que si no te pago me van a robar.
-Mirá
flaquito, hacé lo que quieras.
Patricia
empezó a odiarme verdaderamente, no sólo me había olvidado la plata sino que
estaba empezando una discusión completamente al pedo en donde mi objetivo era
hacer entrar en razón a un ser que lo último que le interesaba en el mundo era
eso.
Tratando
de evitar problemas, me subí al auto y salí del maldito lugar con el doble de
maniobras que había realizado para meterlo. Cuatro cuadras más allá y a casi
12 cuadras del estadio dejé por fin el auto en una calle bastante iluminada.
Delante de mí había una Vitara y detrás un Renault 19. Entre esas opciones
los chorros no se quedarían con el Vivace. No me gustaron dos tipos metidos
dentro de un Falcon color bordó, pero no tenía muchas opciones. Puse la traba
del volante y fui a disfrutar del Show de Manu Chao.
Logré
incrementar la bronca de Patricia cuando, habiéndome olvidado de mi falta de
dinero, me puse a hacer una pequeña fila para comer un pancho.
¿Con
qué vas a pagar el pancho, tarado? La concha de su hermana, ni una puta moneda
tenía en el bolsillo. Tuve que darle la razón y tragarme sus palabras que no
saciaron mi hambre sino que agujerearon un poco más el resto del orgullo que me
quedaba.
Me
esperaba otra cosa de Manu. El chabón hizo todo su show como si fuese una misma
canción, todo al palo, más bailable, al viejo estilo de Mano Negra, yo quería
ver algo más íntimo, cancioncitas peladas, fumarme un porrito y disfrutar. Y
tenía una horda de incansables saltimbanquis traspirados a mi alrededor que no
me dejaban gozar de la música, ni del porro ni de Patricia, que aunque el enojo
se le había pasado, se había unido a esa masa de bailarines descontrolados.
Intenté unirme en algún momento, pero me fue imposible, mi ánimo no estaba
para eso. Me estaré volviendo viejo, pensé y lo dejé abierto como una muy
probable posibilidad. Me fui al fondo y miré todo el show tranquilo y hasta se
podría decir, que casi esperando que termine.
Para
convencer a Patricia de salir antes de los bises le propuse que iríamos a casa,
agarraría el dinero y podríamos ir a comer al barrio chino, la excusa de
ahorrar el quilombo de gente en la salida no fue suficiente, pero el bajón del
faso sumado a la comida china dieron buen resultado y nos fuimos.
Todo
es mentira en este mundo, alcanzamos a escuchar desde afuera, y Patricia que
quería volver a entrar, pero nada. Ya está, ya estamos caminando hacia el
auto, hacia el dinero, hacia el restorán chino. La comida china era su
debilidad.
Es
una sensación extraña, no es bronca, es un no entender. Está la Vitara, está
el Renault 19, y en el medio un espacio vacío.
Dar
una vuelta manzana al pedo, teniendo la estúpida esperanza de que la cuadra sea
otra, pero no. La cuadra es esa, la iluminación es la misma y el auto estaba ahí
y ahora ya no está. ¿Por qué mi auto? Estas cosas le pasan a los otros, no a
mí. Y esas palabras las deben pensar todos los pobres desgraciados que como
unos estúpidos se quedan con la llave en la mano y el frente del estéreo en el
bolsillo con cara de incrédulos intentando pensar qué hacer. Y no hay nada por
hacer excepto los paso lógicos, radicar la denuncia en la comisaría es el
principio y conviene hacerlo cuánto antes, así se ponen a trabajar rápido y
quizás logran recuperarlo antes que entre en el circuito de desarmaderos. ¡Qué
iluso! Encima sin un puto billete ni para tomarse un colectivo, pero por suerte
está Patricia a mi lado y entonces los taxis paran. Es cuestión de indicarle
el camino a casa, agarrar el dinero y volver hasta apenas un par de cuadras de
donde estábamos. La Maldita comisaría 33. Ahí adentro hasta me parecía estúpido
tener que darle los datos del auto y la dirección en donde había sido sustraído,
ya el auto no está, no pienso meterme en su puto negocio ¿Pero es necesario
tanto teatro? Tan burdo era todo, que cuando me preguntaron, planilla mediante,
si tenía alguna observación para realizar, les mencioné el episodio de los
dos hombres metidos dentro del Falcon bordó y tranquilamente me dijeron que eso
no tenía ninguna importancia, que no tenía sentido ponerlo en la declaración.
¿A quién podía denunciar mis sospechas? ¿A un juez?
“Mire
señor, tengo la sospecha que la policía está implicada en el robo de
autos”. ¿Qué podía yo hacer más que firmar la declaración y dejar que el
mundo reviente por fin en mil pedazos? Nada se me ocurrió en aquel momento y
puse mi rúbrica en una hoja en la que decía que estaba de acuerdo con la
mafia. La cooperadora policial me cobró 10 pesos involuntarios que le entregué
ya vacunado y sonriente pensando en que le iban a poner nafta a mi auto para
llevarlo al desarmadero.
Salimos
por fin de la oficina número 33 de la mafia y caminamos por Cuba hacia el
barrio chino.
Ya
todas nuestras broncas se habían esfumado, el robo del auto nos había hecho
desaparecer todas nuestras pequeñas estupideces y egoísmos y la amargura se
había ido ante la impotencia de un engranaje tan bien armado, que permanecer
con bronca era lo mismo que ponerse mal porque se hace de noche. Ningún sentido
tenía. Caminábamos abrazados disfrutando el fresco de la noche en el mes de
Noviembre y sonreíamos y reíamos estúpidamente como dos chorlitos. Nos
gustaba más el restorán de enfrente que Todos Contentos, a pesar que todos te
decían que Todos Contentos era el mejor, pero que sé yo, más chino parecía
el de enfrente, Patricia pedía siempre arroz saltado y experimentaba con las
salsas, yo en cambio pedía los platos más extraños, bambú creo que pedí
aquella noche, no me acuerdo, pero si recuerdo que la comida estaba alucinante.
RENTAS
Debía
como 500 pesos de patente, pero para que el seguro me pague, era completamente
necesario que efectúe el pago antes. Ya había realizado todos los trámites
correspondientes, lo único que me faltaba era ir al edificio de Rentas y
caminar de un lado a otro siguiendo las instrucciones.
Mi
abuelo había trabajado en la
oficina donde se realizaban los trámites para sacar la cédula de identidad. La
gente iba a las 7 de la mañana y después de comerse interminables colas recién
a mediodía se iba para poder ir a buscar el documento meses después, donde
también los hacían esperar por horas hasta que se los daban.
Como
mi abuelo conocía ahí a la gente, me acompañaba a realizar el trámite en
forma rápida. Era tan burda la forma que mi abuelo tenía para colarse que yo
me inundaba de vergüenza, no es que realizaba el trámite entrando a las
oficinas por atrás, caminábamos directamente por el costado de la fila y una
vez que llegábamos al primer lugar el tipo empezaba:
Que
tal señorita, yo soy jubilado del departamento, le traigo a mi nieto a ver si
le puede tomar la fotografía. Todo eso lo decía delante de la gente que hacía
horas estaba esperando para que le tomen una puta foto y muchos se calentaban y
empezaban increpar a mi abuelo:
-No
puede ser que tengamos que aguantarnos a estos acomodados, ¡desde las 7 de la
mañana que estamos esperando! Y mi abuelo se hacía el boludo y sonreía
-¡Pero
no te enojés, si es un segundito no más!
Yo
realmente no sabía donde meterme. Soportaba eso en las cuatro o cinco filas que
había que hacer y encima de eso, a veces mi abuelo conocía a quien estaba
atendiendo, por lo que no sólo la gente se enojaba por la burda forma en que
los salteaba en la fila, sino porque los chabones se quedaban un ratito
charlando pelotudeces.
Conocía
a Puppe que trabajaba en el edificio de Rentas y realmente hubiese podido
realizar el trámite en apenas media hora, puede parecer estúpido, lo sé, pero
me había quedado tal sabor amargo en aquellas viejas coladas que no tenía
ninguna intención de volver a sentir esa vergüenza. Por otro lado, me invadía
una sensación como de aventura y obligación al realizar interminables trámites.
Ya el sólo hecho de ir al centro de Buenos Aires me parecía un viaje turístico.
Tomar el subte, caminar por las peatonales y ver toda la horda de zombis que
caminan y caminan de un lugar a otro era una película en sí mismo. Al caminar
por el centro yo me sentía ajeno. Soy completamente conciente que era uno más,
pero yo creía observar todo de otra manera e incluso hasta pensaba que la gente
se daba cuenta que no era un visitante habitual, y aunque en seguida descartaba
eso, al rato volvía a imaginarlo.
Solamente
entrar al edificio de rentas me anuló directamente. El techo de más de 20
metros de alto y ese constante rumor de papeles, sellos y murmullos de palabras
vacías me transformaron en un estúpido. Hacia la izquierda se veía un
mostrador enorme con una ventanilla al lado de la otra en donde en cada una había
una fila de 50 personas y en una de esas iba a terminar yo, ¿pero en cual?
Primero hay que hacer la fila en informes. Como las vacas éramos guiados por
unas cintas que nos decían por donde debíamos doblar y luego de ese juego de
curvas y contracurvas llegué a un mostrador, mostré el papel y como quien
devuelve una pelota de tenis me tiraron el raquetazo:
-ventanilla
27, segundo pasillo a la izquierda y retira el número.
¿Qué
número. Cómo. Qué pasillo. Dónde?
Vamos
Pablo, tienes el secundario hecho, incluso unos años de universidad, no puedes
ser tan tonto, mira a todos estos imbéciles que hay a tu alrededor, todos ellos
son capaces, ¿porqué no tu? No está bien no entender esa orden tan clara, no
puedes preguntar de nuevo, ¿entonces? ¡Adelante!:
Hacia
la izquierda, primer pasillo, segundo pasillo, ventanilla 27, ahí está, apenas
unos 70 metros de cola.
Adelante
mío un tipo de alrededor de 50 años, más adelante dos chicas, una de ellas
linda, la otra también, más adelante una señora con un niño, más adelante,
no sé. Solamente me dispongo a esperar que la fila avance. Nada me importa,
estoy realizando un trámite, una fila, tengo un libro para leer hasta que lo
termine y me faltan más de 130 páginas, con eso tengo para todo el día. Me
concentro en la lectura y me dejo llevar por las palabras escritas que me
transportan metro a metro hacia delante. Pero algo me interrumpe, parece que
necesitan eliminar a una buena cantidad de la gente que está haciendo la fila,
es decir, parece que una buena cantidad de gente llegamos “tarde” y nos
quieren hacer venir al día siguiente, se arma una pequeña discusión al
respecto en la que permanezco casi al margen, pero atento. Mi interés comienza
a cambiar de sentido, ya no me importa tanto si debo volver o no al otro día,
sino que empiezo a observar con atención a la chica que estaba delante de mí,
no a la más linda, pero sí a la más atractiva. El incidente que finalmente se
resolvió a nuestro favor, nos hizo tomar conciencia que en la fila éramos
muchos y no estábamos dispuestos a perder otro día en el trámite, y obligó a
la gente de la fila a conversar, el tipo de 50 años que nos separaba a las
chicas y a mí, duró apenas segundos en la charla y naturalmente, las
coincidencias nos unieron y ya no hubo más libro que pudiera ser más
interesante que la misma vida escrita ahí delante de los ojos.
Tania
hacía 8 meses que se había ido a vivir a Bariloche y estaba en la fila de
rentas tratando de resolver los papeles para poder vender un Renault 12 allá,
que valía el doble de lo que valía acá. La estaba acompañando su hermana
mayor que era más linda pero menos interesante. Yo era un escritor al que no le
interesaba escribir y que las vueltas de la vida lo habían depositado en un
destino en el que no le interesaba estar. Económicamente ese destino cuadraba
en lo que se denominaba “vida normal” y con respecto a los otros aspectos
también. Patricia, mi mujer, de buena familia y hacendosa, próspera de un buen
pasar podría darme hijos lindos que educaríamos dentro de los cánones de lo
que la sociedad llamaría “normales”. Irían al jardín, al colegio, les
otorgaríamos un futuro de estudios y podríamos insertarnos a la vida
cotidiana. Pero Tania había abandonado eso. Había ido de vacaciones a
Bariloche en el mes de Marzo y se había quedado allá. Su familia no entendía,
pero hacía meses que ella vivía de la nada. Pintando bandejas y vendiéndolas
en la calle. No tenía empresa ni trabajo estable, ella simplemente estaba. Vivía.
Y si no vendía bandejas salía a pegar carteles por una faquin comida aunque
sea, y ahí estaba vendiendo su Renault 12 para poder vivir unos 3 meses más y
luego... Luego no importa. Algo irá surgiendo...
Estuvimos
durante el resto del trámite coincidiendo en espacios y cruzándonos
conversaciones e ideas y después no sé. Creo que le di una tarjeta o algo en
lo que figuraba mi nombre.
Ella
me decía que quería ir a ver una muestra de arte pero no encontraba compañía
y hasta en un momento dudé en proponérselo, pero es que apenas la conocía y
ya había arreglado con Patricia que la iba a pasar a buscar a la salida de su
trabajo e íbamos a comer juntos. Salí del edificio de Rentas y fui directo a
la compañía de seguros. Me fui con un cheque de 4500 pesos en el bolsillo.
Casi vuelvo a rentas a buscar a Tania para salir a festejar, pero decidí ir con
Patricia.
Eso
ocurrió entre el 24 y 31 de diciembre del 2000 y qué puta es la vida. No me
olvidé de Tania y la relación con Patricia día a día iba empeorando. Teníamos
una inercia de 6 años de estar juntos, por lo que unas vacaciones eran una
carta lógica para arrojar en la partida y enfilamos para Bolivia. Como viaje no
fue malo, pero como relación entre ambos empezó a vislumbrarse el final. Ya
había visto que no era un perro condicionado a mi amo por el resto de mi vida y
que podía conocer nueva gente de la que podría, hasta incluso enamorarme y
vivir con otros dueños de una manera más libre, y aunque en ese momento no
supe visualizarlo, hoy creo que ahí está el error. No es con otros dueños la
solución sino con ser el dueño de uno mismo, que suena fácil en las palabras,
pero que tan difícil es lograrlo. Puta. Ser el dueño de uno mismo. Hacer lo
que uno verdaderamente quiere hacer en la vida. ¿Cuál es mi placer? ¿Levantarme
al mediodía? ¿Ver el amanecer? ¿Mirar películas? ¿Escribir? ¿Coger a
cuanta mina se me cruce? ¿Ganar mucho dinero? ¿Hacer una buena obra? ¿Ser
famoso? ¿Para qué?
Realmente
no sabía qué carajo quería de mi vida y la vida en ese momento eran solamente
las posibilidades que se presentaban. Simplemente elecciones que tampoco sabía
muy bien a que obedecían, ocurrían. Tengo dos opciones. ¿Me quedo en casa o
me voy a Maldita Ginebra? Me quedo en casa hoy. ¿Me separo de Patricia o sigo a
ver que pasa? Sigo y después vemos.
Pero
a veces ocurren cosas distintas que plantean otras posibilidades y que salen
desde lugares distintos a los que estamos acostumbrados para que ocurran
cambios. Hagamos memoria. No estaba atravesando una buena etapa con Patricia,
llega el verano y nos vamos en una inercia de viaje que fue lo que tenía que
ser: una inercia de nuestra agonía; y cuando vuelvo a Buenos Aires en marzo, me
encuentro con un maldito mensaje. Tania había buscado mi número en la guía y
lo había encontrado.
Llamame,
che, decía su mensaje y me dejaba un número de teléfono.
Ella
había vendido su Renault 12 en Bariloche y había vuelto a Buenos Aires y ahora
estábamos en marzo y al parecer se quedaba por un par de semanas. La llamé,
como era de esperar, y concretamos una cita para la tarde de un día laboral.
Bien lejos de casa. Por su barrio, Quilmes.
Me
sentía doblemente turista. Apenas conocía Quilmes y no sólo disfrutaba de la
sensación de visitar un lugar nuevo, sino que el espíritu de aventura de estar
jugando sucio con Patricia me apoderaba de una sensación de incertidumbre
cargada de nervios y culpa. Habíamos decidido encontrarnos en el patio de la
cervecería.
Dentro
de lo que es Quilmes de golpe se inserta un barrio, bastante chico, que rompe
con toda la hegemonía del lugar. Unas 10 cuadras de casas construidas en otro
estilo arquitectónico, con un trazado de calles particular y centenarios y
frondosos árboles conforman una especie de isla, no pude evitar el introducirme
en ese mágico, quizás antiguo poblado de los trabajadores o jerarcas de la
cervecería y paseando por la diagonal principal cortada por retorcidas calles
desemboqué en un gran portón de hierro que anunciaba la entrada al parque. Allí
estacioné mi ahora nuevo auto, un Peugeot 205 apenas un par de años más viejo
que el Vivace que había comprado por exactamente la misma plata que me había
pagado el seguro. Todavía no entendía porque costaba lo mismo. Un lujo era el
Peugeot al lado de esa poronga. Me pedí un chop de cerveza y me puse a esperar
debajo de una impresionante magnolia en la que se esparcían unas 30 o 40 mesas
rodeadas de parque y plantas. Todavía el otoño no se había largado o el
verano se venía alargando, por lo que el lugar era ideal para resguardarse del
sol y disfrutar de la suave brisa que otorga la cercanía del río, que aunque
no esté a la vista, logra introducirse por las calles y hacer una notable
diferencia de temperatura con respecto al centro de la ciudad. No había
terminado el chop cuando apareció Tania. Nada sabía de su vida excepto un par
de horas de charla en el edificio de Rentas. Y hasta incluso cabía la
posibilidad, que siempre me atormentaba en las primeras citas, de no recordar
exactamente como era su rostro. ¿Qué estaba esperando de aquel encuentro? Era
obvio que se trataba de una cita amorosa, pero... ¿hasta donde llegaría? Por
ahora no tenía ningún sentido adelantar las probabilidades. Simplemente nos
sentamos y disfrutamos de otro vaso de cerveza. Hablar con Tania era fabuloso,
tenía labios finos y una sonrisa sincera que combinada con su mirada cómplice
me daban la sensación de estar dentro de una eterna conversación donde la única
frase que nos repetíamos era: “que buena estás”, para que ella responda:
“vos estás bárbaro”. Y así todas las otras palabras carecían de sentido.
Nada importaba su estudio en bellas artes, ni sus bandejas pintadas, ni su vida
en la montaña, ni mi auto nuevo, ni mi maldito trabajo, ni mi viaje a Bolivia,
ni la gente que se encontraba, que luego me contaba quiénes eran, ni nada. Yo sólo
escuchaba de su sonrisa, de su mirada, de todo su rostro una sola frase. Y
calculo que mi rostro debería decir exactamente lo mismo, porque ante aquella
belleza no podía menos que impregnarme de ella y reflejarla. Soy espejo en el
horóscopo Maya, que según dice, la gente ve en mí su propio yo interno. Y mi
yo interno sólo tenía felicidad.
La
tarde fue entrando y no pasó mucho tiempo para que decidiéramos escaparnos del
parque, hacia el parque mismo y retirarnos la gente de alrededor para fumar un
porro.
No
sentamos atrás de una usina antigua y seguíamos en la misma, cualquier palabra
se perdía en el escaso espacio que nos separaba y yo sólo escuchaba su hermoso
rostro. No sé cuanto tiempo uno puede vivir en ese estado, creo que en mi forma
de besar por primera vez a un mujer, siempre tardo más de lo que podría. Tengo
como un enorme pánico al rechazo, entonces jamás beso a una mujer hasta no
estar completamente seguro que ella quiero lo mismo, hasta que sus ojos no me lo
piden a gritos, corriendo el riesgo de pasar por lerdo o desinteresado, incluso.
Pero así soy y poco puedo hacer para cambiarlo. No es algo que me afecte en
demasía, es más, me gustan esos instantes previos al beso, esos nervios, ese
halo de estupideces y energía positiva que hermana los cuerpos. A diferencia de
lo que creía, no pensaba en absoluto en Patricia y mi mente estaba como
desconectada, sólo abstraída en ese rostro que cada vez más cerca, sonreía y
me invitaba a unírseme e intercambiar nuestra energía de una forma
completamente física. Hacía seis años que no besaba a una mujer que no fuese
Patricia y al besar a Tania no pude evitar la comparación del beso. Su lengua
era más dura y viva, como cargada de más músculos y nervios, no era mejor ni
peor eso, era simplemente distinto.
A
los 30 años uno ya no se aguanta esas largas sesiones de besos de la
adolescencia que me dejaban con la pija dura y un dolor de huevos de la concha
de su hermana y después de media hora de estar chuponeando no me interesaba
otra cosa que ir a los bifes, o en su defecto, terminar de besarse y seguir
charlando. Eso fue lo que hicimos. A Tania nada parecía importarle que hacía 6
años que no me tranzaba una mina que no fuese mi novia, ella era tan sincera
que sólo podía vivir en el momento en que se encontraba. Ahora estábamos
juntos y punto. ¿Hay pasado? ¿Hay futuro? Es imposible saberlo. Simplemente
existen en el cerebro unos recuerdos que al parecer ocurrieron. Existen promesas
y esperanzas de posibles mañanas. Pero no existe nada más que ahora. La única
verdad es este preciso momento y este preciso momento es caminar por la plaza de
Quilmes a ver una muestra en la antigua escuela, luego ir con sus amigos a fumar
al aula 12, luego seguir caminando y visitar la costanera del río, y ahora (sólo
ahora) es media noche y nos tiramos en las escalinatas de la pérgola a la
orilla del río y nos besamos un rato, nos abrazamos y reímos, pero en mi
cabeza no entiendo tanto esto de vivir así. En teoría creo que tengo una mujer
que me está esperando con una comida hermosa y por más que Tania me haga ver
que eso no es real y que mi frase “TENGO que ir a casa” es estúpida, porque
no TENGO que hacer nada sino lo que quiero, y al remplazar el TENGO por
“QUIERO ir a casa” me daba cuenta que realmente no quería eso, primero
porque la estaba pasando estupendamente bien con Tania y segundo porque la iba a
pasar asquerosamente mal con Patricia. No había posibilidad. De una u otra
manera iba a ser una mala noche.
De
hecho entendía esa diferencia entre el “quiero” y el “tengo”, pero era
más de media noche y empezaba el sueño y por más “quiero” que haya, sí o
sí iba a “tener” que volver a casa y así fue.
Y
con Patricia se pudrió todo. Reventó como un sapo aplastado en la ruta, y era
lo lógico.
LA
BESTIA
de marta minujín
Realmente
vender libros era algo que me tenía podrido. No es que no se vendían, pero el
hecho de tener que estar ahí, enfrentándome con la gente que me daba opiniones
sobre lo que escribía y hasta incluso consejos sobre como hacer mejor las
cosas, o preguntándome para qué y porqué hacía eso, era algo que no podía
aguantar mucho tiempo, entonces, ante el mínimo gesto de desaprobación de
parte de alguno de los comensales de los bares de Palermo, me retiraba hacia la
plaza, me tomaba una birra y me ponía a pensar. Llegaba a vender 2 o 3 libros
por día y me ganaba 1 peso por libro. Evidentemente no era el dinero lo que me
impulsaba hacerlo ¿qué era entonces?
Quizás
esperaba que alguien al que le daba mi libro sea un productor ávido de recibir
nuevo material y descubra en mí, el talento que hacía años estaba buscando.
Realmente no sabía lo que estaba realizando. No tenía la más mínima idea de
cómo era que ocurrían las cosas. Me quería comer al mundo crudo, me afilaba
los dientes y salía a la calle, y daba un mordisco, y daba otro, y masticaba y
tragaba y ofrecía otro libro a una mesa y daba otro mordisco y sin ver lo que
me faltaba por comer iba a digerirlo a la placita con una birra, a rumiar los
tragos amargos y mezclarlos con los dulces creando una pasta homogénea, fofa y
sin sabor a nada y entonces ahí simplemente escapaba hacia la rutina diaria:
Trabajar de vendedor de arqueadores de pestañas. Vendía muchos arqueadores de
pestañas. La gente lo que realmente necesitaba era tener las pestañas
arqueadas. Vendía cada arqueador de pestañas al mismo precio que dos libros,
iba al Once y me gastaba 1000 pesos en arqueadores de pestañas y a fin de mes
tenía 2000, y como plus, la gente arqueaba sus pestañas y la gomita del
arqueador se gastaba, entonces también vendía repuestos para arqueadores de
pestañas, son como unos choricitos de goma curva de no más de dos cm de largo
y 3 milímetros de grosor. Cada repuesto valía la mitad que mi libro y era
mucho más fácil vender 20 repuestos para arqueadores de pestañas que un
libro. Entraba a una perfumería, le mostraba el arqueador y el tipo me decía:
dejame una caja.
En
cambio, era imposible vender un libro en una librería, y para venderlo a la
gente en los bares tenía que repartir 20, comerme 2 humillaciones y varias
charlas explicativas de porqué hacía lo que hacía. Así mismo, en un lejano
punto, prefería vender libros que arqueadores de pestañas. Veía eso como algo
más auténtico, pero la poca venta me lo tiraba para atrás y La Bestia lograba
tragarse a otra víctima y vencer una nueva batalla. Un nuevo predicador en su
contra no encontraba las herramientas necesarias para continuar con su lucha y
la abandonaba. Esa era la realidad.
Empecé
a trabajar a los 15 años de cadete en una productora musical para uno de los
primeros Disk Jockey, cuando todavía se llamaban Disk Jockey y no DJ, me
contrató para que reparta sus papeles. Los Disk Jockeys en esa época no
inventaban la música sino que mezclaban temas ya inventados, y este tipo era el
mejor Disk Jockey de la década. Descubrió que “Dancing in the Self” de
Bruce Springteen, era exactamente igual a “Demoliendo Hoteles” de Charly
García, y los enganchaba en sus fiestas y todo el mundo ardía y levantaba los
brazos sin darse cuenta cuando el tema pasaba a ser el otro, y yo estaba
trabajando para él repartiendo sus felicitaciones navideñas a todos los
programas de radio que escuchaba.
Me
daban 10 pesos para los viáticos y andaba en bicicleta y me guardaba los 10
pesos que eran el doble de mi sueldo y pedaleaba y llegaba transpirado a radio
Continental a entregarle la carta a Elizabeth Vernaci, y de sólo llegar y verla
mi paga estaba realizada, pero llegaba a la radio y Elizabeth no estaba y mi
trabajo quedaba relegado al de un simple cadete que dejaba su carta en el
casillero correspondiente.
Tenía
15 años y estaba descubriendo al mundo. Al puto mundo al cual no quería
pertenecer, pero era el mundo que se aproximaba. El mundo arqueado en sus pestañas.
Nuestro país estaba siendo un conejillo de indias en algo mucho más complejo
imposible de entender a mi escasa edad, estaban haciendo una prueba con
nosotros, viendo si podíamos ser un ejemplo para todos los países
sub-desarrollados haciéndoles ver que cualquiera puede triunfar si se lo
propone, y en ese contexto, muchos habitantes de la Argentina creímos que era
posible.
Nosotros. Argentinos. Nietos de europeos. Raza superior latinoamericana. Europa triunfaba y nosotros teníamos su sangre ¿Porqué no triunfar si éramos lo mismo? Y para colmo en mis venas corría sangre teutona. Tenía muchos compañeros de colegio descendientes de italianos y españoles, incluso había chinos y bolivianos, pero descendientes de suizos éramos pocos, y si bien mi apellido era Strucchi, mi madre se llamaba Freuler y venía de la tierra de los rubios. Incluso Strucchi era de la Italia del norte, en fin, nada tenía en mi contra. Vivía en una sucursal del mundo triunfal, en un sector de esa sucursal triunfal. Mis abuelos cobraban pensión suiza y mi pasaporte era de esa nación, país que permanece fuera de la nefasta unión actual que hasta piensa en incluir a Turquía.
Así crecí en mi adolescencia, con gobierno seudo progresista que le daba bola a la cultura y mientras tanto perdonaba a los asesinos y decía que las marchas y movilizaciones no eran para gente bien. La primera marcha a la que asistí fue a la marcha en contra del indulto, miento, perdón, fui a ver a Fito Páez y cuando vimos que vino una historia política nos escapamos, nosotros y nuestros amigos que veraneábamos en Pinamar no teníamos nada que hacer junto a una manga de comunistas que hablaban de qué sé yo que cosas del indulto y el punto final. No estaba de moda eso. ¿Dónde entraban los jopos y los cuellos de las chombas subidos en la parte de atrás? De hecho no había minitas con medias blancas a la rodilla y polleras de colegialas, ni chicos con poleras verdes o bordó escuchando the Cure, ¿Quién era ese negro rosarino que decía “en esta puta ciudad”?
Un pobre imbécil que se creía Prince.
Y nosotros, más imbéciles, creímos que eso era la realidad. El chico de la tapa siempre tiene algunos asuntos pendientes. Cría cuervos la casa rosada. Esto ya fue, antes hoy y después. Muérdele la cara, sácale los dientes. No gritaba nada, se mató, se cortó y listo. Sangró, sangró y se reía como loca. La chica más guapa de la ciudad y Bukowski que se me presentó como una bandeja con una obra interminable a ser leída, y vino uno, y otro, y las mujeres, y las eyaculaciones, y las historias baratas de un sufrido hijo de puta, y más, y mejor, y entender a un tipo que vivió otra época en otra sociedad que es la misma que nos presentan como la sociedad que debemos vivir en esta época como si fuese real e ideal, cuando hay alguien que nos dice que la vivió, y la vive, y nos dice que esa sociedad es una garompa, que genera violaciones, y maltrato, y se le cree a ese alguien, y triunfa en su sociedad solamente porque vende, y yo lo conozco porque vende. Y Kurt Cobain también vende su no venta, y espero el próximo disco de Axel Rose, y Axel no lo saca, y se muere Kurt suicidado, y se muere Chinaski de viejo, el mismo año, el 1994. El año de la muerte de aquella parte del mundo. El año en que todo encaja y dice que el mundo empieza a caminar para atrás, o para adelante, un año en el que no me atrevo a buscar más coincidencias porque simplemente no creo en las coincidencias. La Bestia empieza a ver su agonía hegemónica. La muerte, la muerte de un imperio que sigue y sigue matando desde su derrota. Matarlo significa disparar hacia sus bombas y sufrir sus consecuencias, o dejarlo solo hasta el final, hasta que cada vez sean menos y menos los que quieran tirar bombas y matar a los que no se visten como ellos, y como yo me visto como ellos no tengo nada de qué preocuparme.
A pesar de que sabía que el mundo que me presentaban como ideal no era tal, la manera que se me ocurría para manifestarme en su contra era la forma que los mismos habitantes del vientre de La Bestia encontraban para revelarse, por lo tanto mis maestros o guías venían desde allá. Grupos musicales, películas, publicaciones y escritores que se presentaban en las revistas vernáculas como los nuevos protagonistas de la escena mundial eran consumidos por mí, a la vez mi vestimenta se asemejaba más a la de Syd Vicious que a la de León Gieco, me sentía identificado con todos aquellos extranjeros, a pesar que en nada entendía sus mensajes y lo poco que entendía hablaban de que la Reina ha muerto, de la anarquía en Inglaterra, de Brooklin o de los Hell Angels. Sabía casi más estados de Norteamérica que provincias de la Argentina. Incluso a los pocos grupos que seguía de por estas tierras, en su mayoría estaban tan influenciados por todas las modas y personajes de Europa y Estados Unidos que leerlos en un reportaje o escucharlos hablar era casi como si fuesen “hijos criollos de”. El Rock&Roll, el Punk, el Ska, La generación Beat, Los Malditos, La New Wave, todo. Todo lo que era nuevo que los adolescentes intentábamos utilizar para romper con los típicos valores de nuestros padres tenía influencia extranjera. Nuestros padres venían de la generación Hippie y nuestros abuelos eran directamente europeos, por lo que hablar de una cultura Argentina, por lo menos en el ámbito que me movía, era casi imposible. Lo que se denominaba “cultura Argentina” estaba muy ligado al Nazionalismo y los factores de poder de la época, los militares sobre todo, habían directamente diezmado cualquier espíritu de rebeldía y habían matado a quién quisiera siquiera objetar un poquito al sistema en el que vivíamos. Mientras que desde el exterior, veíamos que ellos sí podían decir lo que quisieran, que nadie les iba a decir absolutamente nada. Ellos vivían en el país de la libertad.
Yo odiaba al sistema de consumo. Lo odiaba subido arriba de un Skate, con un buzo de The Clash, bermudas multicolores y zapatillas All Star. Sabía más de la historia de Mark Motherbaugh que la de mi abuelo. Pero bueno, no era culpa mía aquello. Desde hacía años había un montón de gente dedicada exclusivamente a ello, casi como en un película futurista o cualquier cómic de Altuna, montones de personas se encargaban de diseñar sistemas educativos, económicos, culturales, religiosos y todo lo que se nos pueda ocurrir en el aspecto cotidiano, para que nosotros, simples ciudadanos que no nos interesa participar en la construcción de la sociedad, que queremos vivir tranquilos sin que nos jodan ni jodiendo a nadie, creamos que el mundo en el que vivimos es el único mundo posible, y nada se puede hacer para cambiarlo. La única forma de vivir es procurarse un trabajo, ganar un sueldo y con ello pagar nuestra vida. Desde un simple pedazo de pan, una planta, un metro cuadrado de Tierra o un tipo que venga a arreglar el desagüe de la pileta. Absolutamente todo en la vida se consigue con un trabajo digno que nos da un sueldo.
Eso me lo enseñaban mis padres educados por europeos decentes, que a su vez eran hijos de europeos decentes, que a su vez eran hijos de europeos decentes etc, etc, que dejaban que su rey les viole a sus hijas y mate a millones de desconocidos a cambio de una parcela de tierra y un poco de comida. Sus reyes nada les contaban de cómo obtenían sus toneladas de oro. Ellos simplemente los admiraban y decían que el mundo es así y que siempre hubo ricos y pobres y que a ellos les había tocado ser pobres y nada se podía hacer al respecto, excepto encontrar las rendijas que los gobernantes dejaban al descuido y matarse con sus propios compañeros para poder ascender un peldaño más en la puta escala social, y una vez ahí, un poquito más arriba, recién se podía poder cambiar a La Bestia desde adentro. Pero resulta que cuando entraban en La Bestia se daban cuenta que hacía falta subir un poco más, y un poco más, y de un momento a otro, se habían adentrado tanto, que ellos mismos eran La Bestia y ya nada se acordaban de lo anterior, ya que la mejor arma que tiene La Bestia es la seducción y el placer.
A
mí, personalmente, me tocó vivir en una época en que se produjo una revolución
tecnológica de las comunicaciones a nivel mundial como nunca en la historia de
la humanidad se había producido. Ya sé que es pretencioso jactarse de que la
época en la que vive uno es especial, ya que todas las épocas son especiales,
sin embargo, creo que los cambios que se están produciendo en ésta, son mucho
más rápidos que anteriormente. A los grupos de poder cada vez les resulta más
difícil mentirle a las poblaciones, y si bien están incrementando sus
estrategias de amedrentamiento, las poblaciones van también tomando conciencia
de cuales son las formas de trabajar conjuntamente sin que los grupos de poder
encuentran las fisuras para diezmarlos.
Y así estamos. Gozando de libertad de prensa pero sin la posibilidad económica de ejercerla y cuando alguno de nosotros la logra, el mismo engranaje, compuesto por millones de nosotros, se encarga de autocensurarla, de manera tal, que la verdadera libertad ocurre en un escaso tiempo, el tiempo en que La Bestia se engulle un bocadillo y lo asimilaba a su ser. La Bestia aceita todos sus engranajes para que su digestión sea cada vez más rápida, y para esto necesita alimentarse. Y como no tiene intenciones de pagar su comida, pues tiene todo armado de tal manera que los encargados de suministrársela seamos nosotros mismos, cada día se vuelve más voraz y va encontrando la manera de prescindir de nuestro servicio, por lo que miles y miles de personas quedamos fuera de su angurria y hasta incluso dejamos de serle útiles y ahí es directamente cuando nos pisotea sin escrúpulos, aunque por ahora, debe mantener su imagen de benefactora, pues todavía necesita de alguno de nosotros.
¿QUÉ
LLEVA A?

Tania desapareció de mi vida de la misma manera en que llegó. Y yo quedé varado sin nadie a quién amar. Sin el pan y sin la torta, como se diría habitualmente. A las dos semanas de haberme separado de Patricia Tania se había vuelto a Bariloche.
Mi vida se transformó desde ese momento en un caos. Perdí el rumbo. No es que hasta antes lo haya tenido pero fue como una gota que rebalsó el vaso. El rumbo que yo tenía venía asociado a lo que comúnmente se ve como una vida modelo, es decir, no me encaminaba hacia la perfecta “vida modelo” pero sí iba tomando es rumbo. Noviazgo, trabajo estable, progreso económico, vacaciones, momentos de ocio, reuniones familiares, fechas, pautas. Ninguno de los pequeños aspectos que pueda nombrar puede ser malo en sí mismo, pero reunidos en un gran conjunto, logran una vida sin sobresaltos ni sorpresas, en donde casi es posible predecir el futuro, que por cierto, depende pura y exclusivamente de los éxitos que pueda lograr la inserción de la cultura hegemónica en la nuestra.
Estaba entonces en una contradicción, ya que mi forma de pensar renegaba de los aspectos que esa cultura pregona, aunque implícitamente, como “ideales a seguir”, que no son puramente económicos sino que se presentan como un estilo de vida, en donde más o menos las cosas están resueltas y no hay mucho de lo que preocuparse. Uno trabaja de lo que no sabe, cobra su sueldo por lo que no hace, o hace y no se da cuenta y disfruta de lo que no quiere y así vive en una especie de nube de pedo que lo lleva por la vida con una sonrisa en el rostro y una gran carga en las espaldas, amortiguando su peso con muletas de drogas sintéticas e ilegales suministradas en el mismo momento en que la conciencia dice basta, hasta acá llegué. ¿Hasta acá llegué? ¡Hasta acá llegué sin las pastillas LEVANTAÍNA! Con ellas de ahora en más puedo continuar y seguir trabajando, produciendo, hay científicos que se preocupan por mi salud e inventan nuevas formas de dejar de estar cansado, de evaporarme la resaca que tengo por evadirme, de suplir las sustancias que sus alimentos transgénicos y sintéticos no pueden darme, de eliminar los síntomas de las enfermedades que me avisan que algo anda mal. Nos transformamos en una especie de marioneta empastillada que camina por un laberinto en el cual creemos elegir el camino que nos llevará al triunfo, y cuando ya creemos que estamos perdidos y nos rendimos nos inyectan una nueva dosis, o en su defecto, nos mandan a la policía para que no estorbemos el camino de los que todavía creen en la estupidez de que lo importante en la vida es ganar como individuos.
Nadie
sabe cual es el verdadero rumbo por la simple razón que el rumbo no entra en la
razón. El rumbo está enclaustrado en el espíritu y el cuerpo hace obedeciendo
a la mente ¿y a quién obedece la mente, el espíritu, alma o como quieras
llamar a eso, la orden innata de seguir viviendo pese a todo? No sé porqué
pero estoy y quiero seguir. Lo más posible. Haciendo, sosteniendo lo ya
construido por las generaciones precedentes para seguir, pero ellos también
saben eso y nos dicen que como dedicaron toda su vida a construir, su construcción
es válida. Su construcción es una poronga y no saben reconocerlo. Sus bancos
torturan, sus empresas mutilan, sus representantes asesinan, su entretenimiento
embrutece, toda su estructura está montada en el individualismo y el triunfo
personal haciéndonos creer que es para el bien común.
In god we trust. Y
una pirámide con un ojo que todo lo vigila.
Dios TV.
Me
estaba dando cuenta de algo y no sabía cómo hacer para salir de eso.
Conocí
el punk a través de un novio de mi hermana.
El
punk me mostró la anarkía y un estilo musical que expresaba el hartazgo, un
hartazgo que no llegué a razonar sino hasta cuando 10 años después descubrí
a Nirvana. No había posibilidad alguna. Eso era el fin. Ahí terminaba algo.
Huele. El más raro de los sentidos. ¿No será el sexto ese “huele”? Huele
a Espíritu Adolescente.
Y el mundo revienta. Revienta en mil pedazos en el cráneo de Kurt Cobain. Y el
mundo Seattle es una moda que pasa desesperada sin ninguna esperanza. Pero el
espíritu de Cobain se hace Seattle, se entremezcla en el corazón de los
habitantes de la ciudad y revienta en una revuelta en contra de un faquin
sistema que mató a más personas que las que se murieron de muerte natural. Y
en Seattle ocurren unas primeras revueltas para derrotar a La Bestia, y nace
Indymedia, y se multiplican las protestas como las indymedias y resurgen en
Praga, y en Davos y en Washington, y estar en contra del sistema era para mí
escuchar a Nirvana antes que saber que había pasado con los desaparecidos. Los
desaparecidos eran una cosa política, y la política no me importaba en lo más
mínimo, en cambio esto, ¡Revoluciones globales en contra de la globalización!
¡Qué Cool! Soy como los seguidores de Nirvana que en Seattle le tiran piedras
a la policía. ¡Quiero participar en el Mayo Francés!, no me vengan con
grasadas como la masacre del Pueyrredón, ¿Un cordobazo quizás?, Si!!! y hasta
un 20 de diciembre!!!, Pero no me vengan con una protesta piquetera. ¡Yo soy
del primer mundo!
...y así estaba yo, creyendo, como me habían enseñado, que los cambios siempre están lejos de uno, y uno no puede hacer nada para cambiar a no ser que logre estar en el corazón de La Bestia, y para ir ahí sólo hace falta ganar dinero, ni siquiera, a personas como yo les niegan la Visa directamente, pero una mierda!!!! Estaba acá utilizando sus armas y cambiando algunas cosas.
Tomamos
una casa con un par de santiagueños. Era loco, a pesar que habíamos tomado una
casa, nuestra actitud era de Okupas, es decir, tenía influencia de los casos
españoles. La casas tomadas en Buenos Aires están generalmente más cerca de
la miseria extrema que de un ideal. Por lo tanto las represiones son más
fuertes. Nos enteramos que esa casa había sido expropiada a una familia con la
excusa de la construcción de una autopista durante el gobierno militar. Por la
zona de Saavedra habían llegado a demoler las manzanas, por la zona de
Belgrano, dejaron las casas vacías que fueron tomadas por indigentes, y por la
zona de Palermo vaciaron la mitad y la otra mitad no, esas casas, que estaban en
bastante buen estado, fueron regenteadas por personajes de la política. Existe
una ley, que si uno se hace cargo de los impuestos de una casa durante 10 años,
y nadie la reclama, la casa es suya, apenas uno intenta averiguar esto las
mafias inmobiliarias, junto con catastro y otros puestos seudo políticos, te
anulan de una y preferís dedicarte a otra cosa. Un seudo nuevo partido de
izquierda había alquilado una casa como centro de reuniones y nos ofrecieron
organizar la parte cultural. En un par de meses le habíamos tomado la casa. Los
chabones se reunían los sábados por la tarde y hablaban del porqué las
cuentas no cerraban, de si adherían a las palabras de Hebe de Bonafini, si
estaban de acuerdo con la invitación del MST, si gastaban los 3200 que tenían
ahorrados para viajar a Cuba, etc, etc, y como a nosotros esas cosas nos
chupaban un huevo, hacíamos fiestas, presentaciones, alquilábamos el espacio
para reuniones, y lo decorábamos como queríamos, y nos habíamos instalado en
algunas habitaciones en las que vivíamos y los meses pasaban y le dábamos
guita a la gente de la agrupación política y de golpe nos entramos a dar
cuenta que la guita era mucha más de la que bastaba para mantener la casa, y
alguien hacía unas averiguaciones y descubría que el presidente de la agrupación
política era el apoderado de la casa, por lo que por el sólo hecho de los
pagos del impuesto en un futuro se haría cargo de la misma, en realidad él no
figuraba, estaba en complicidad con un abogado, nos dio por las pelotas eso,
entonces decidimos tomar la casa. Lo que primero hicieron fue cortar la luz. Eso
no fue problema, el padre de Juan Pablo vino y nos reconectó de toque, y
pudimos seguir con las fiestas. Luego vimos palpando el final, uno de los que se
acercó últimamente a participar activamente de la actividad cultural de la
casa cobraba un sueldo del gobierno de la ciudad, decía que le parecía buena
la onda de la casa y que por eso lo hacía, y decía sentirse orgulloso de poder
robarle dinero al gobierno para la construcción de un nuevo espacio cultural
independiente, sin gobierno de por medio. Y así fue que un día que se cayó
con unos tachos de pintura que había podido lukear y todo parecía ser que era
buen pibe, pero al toque empezaron a llegar desubicados totales a las fiestas
que hacían bardo y eran imposibles de frenar, y luego venía la policía, y uno
poniendo el pecho y el aguante, y venían las preguntas en la cabeza y el
desgaste. Y la casa okupa se fue a la puta que lo parió.
Pero no importa, la primera piedra ya está tirada, la chispa encendió el piloto, el camino ya es hacia allá. No importa que ahora sólo quiera disfrutar de una cerveza y escribir en paz en la soledad de mi hogar. El rumbo ya está marcado. He visto hacia donde quiero ir, me gusta el confort, sí, pero no estoy dispuesto a pagar un precio tan elevado. Hay mucha energía en el ambiente, y siento que me la están mintiendo.
Los proyectos nunca se terminan. El proyecto es uno sólo: Lograr llegar al centro de la galaxia atraído por esa luz. ¿Cuánto tiempo demandará aquello? No lo sé ni me importa, en esta vida que puedo pensarlo, tengo que encontrar la manera de lograrlo. ¿Será cuestión de construir una nave bien rápida? ¿O aplicar los conocimientos de Einstein y desmaterializarnos? El viaje a lo Castaneda tampoco suena nada mal... ¿Será Buda el camino? ¿Lao Tse? ¿Hermes Trimegisto? ¿O será buscar dentro nuestro?
Por
ahora lo mío era centralizarme en el proyecto ¿cómo empezarlo?, ¿cómo
lograr la forma de llegar a aquel lejano lugar? ¿es así como debo pensar o es
sólo cuestión de hacerlo? La mente no existe, es sólo un instrumento de
traducción. Mis manos sólo realizan lo que mi mente ordena, mi mente sólo
obedece a otra cosa. Nada me importa, mi karma ya está echado. Algo me conduce
a los libros. ¿Escribirlos, venderlos, fabricarlos, leerlos? No lo sé. Hago
todo eso y me gustan los libros. Me gustan. Me siento rico rodeado de ellos,
pero no en exageración, sino que me gusta poder agarrar cualquier libro y
encontrarle una historia, quizás agarro un libro que tengo y la historia no se
basa en su trama sino en como llegó a mis manos. No importa. Es una historia,
la historia de ese libro, para mí, es ésa.
Y
así es que pude canalizar como dos vetas que se venían gestando de mi niñez,
por un lado, tenía una faceta completamente metódica en la que era capaz de
clasificar cualquier cosa, y por otro lado, podía romper, a través del arte,
con toda la estructura que sabía montar para clasificar lo inclasificable.
Desde niño realizaba listas de todo lo que se pueda enlistar y coleccionar. No sé el porqué realizaba eso, desde el principio lo hacía. Aprender a escribir fue aprender a clasificar, me hacía listas con los autitos Matchbox, con los personajes de Titanes en el Ring, con los modelos de autos, y a cada registro le colocaba columnas con diferentes características, es decir, a los autitos les colocaba: Nombre Oficial/ Cómo lo llamo/ Color/ Modelo/ N° de serie/ Observaciones. En el ítem de las observaciones colocaba si tenía caño de escape, si las puertas se abrían, si tenía volante, o sea diferentes detalles que me parecían destacables. Hacer esas observaciones me sumía en profundas miradas y estudios de los objetos a enlistar y también me llevaba a encontrar categorías insólitas para determinados elementos. Todo eso me demandaba enormes cantidades de tiempo, y en algún aspecto lo consideraba una estupidez, mi madre entraba a mi cuarto y me preguntaba:
-¿Qué estás haciendo Pablo?
Escondía los papeles que estaba realizando y decía: -Nada, Nada-. pues temía que mi madre me descubra perdiendo el tiempo de tan asombrosa manera.
Recuerdo que leía los atlas con los países, miraba los mapas y en una planilla previamente realizada, colocaba los diferentes nombres, la superficie, la cantidad de habitantes, el gentilicio, la capital, y no sé cuantos datos más de todos los países que iba encontrando, llegaba a 100 países y empezaban a surgir los problemas, pues miraba diferentes mapas y aparecían nuevos países independizados, colonias, islas del Pacífico, datos viejos, etc, y la investigación se me tornaba insoportable. No era conciente de para qué era que me podía servir eso. Me parecía una actitud rara en un niño, pues a mis amigos de la escuela no le interesaban los países, ellos se divertían con el fútbol, comentaban maravillosos programas de TV que mi madre no me dejaba ver, Margarito Tereré por ejemplo, pero recuerdo también cuando tomando la leche en casa de mis amiguitos lo vi, me pareció una poronga. Antes que estar viendo esa mierda prefería enlistar mis países. A esa pata flaca horrible se le notaban las calzas. Pero no decía eso, me parecía una vergüenza. Aunque sin embargo me sentía orgulloso de ser muy buen alumno en geografía. No sé, ambigüedades de niño, uno va vislumbrando la vida como una gran neblina en la que todo se va descubriendo a medida que se disipa. Los países se iban descubriendo y de golpe me iba dando cuenta de las guerras, y el canal de Panamá, y Hong Kong, y Guantánamo, y a medida que avanzaba la globalización la niebla se iba disipando, todo a la vez.
Era
la Guerra de Malvinas por la Época, entonces el renglón que le correspondía a
Inglaterra lo hacía mal, mientras que a todos los otros países los ponía con
prolija letra a Inglaterra lo escribía con letra toda rota. No distinguía
entre Inglaterra y Gran Bretaña. De Irlanda sabía algo por unas revistas que
compraba mi tío que eran medio comprometidas. No tenía la más puta idea de
quienes eran los militares ni que había pasado. Yo simplemente vi una bandera
rota de Inglaterra y conocí a los Sex Pistols. La misma bandera rota que yo
dibujaba por la guerra era la que tenía el dibujo de los pistols, y encima ese
alfiler de gancho en la boca de esa mujer. El mismo alfiler que usaba el novio
de mi hermana en las orejas.
A pesar de que empecé a frecuentar un ambiente marginal, para nada dejé de encasillar las cosas, aunque eso cuadraba mucho menos aún. Compraba el Sí de Clarín, creo que llegué a tener del número 1 al 100, uno por uno todos encarpetados. Hasta que algún día mi vieja entró a mi cuarto y me dijo: Pablo, ¿Porqué no limpiás esa mugre de ahí abajo?
Mi vieja no sabía que esa mugre era la fuente de todo el trabajo que realicé durante dos años que consistía en confeccionar unas fichas con absolutamente todos los grupos que se presentaban en la última página, colocándoles en las respectivas corrientes musicales, punk, ska, pop, heavy, disco, new wave o rock, y para mí ahí se terminaban las divisiones, pero al conocer se iba agrandando y me aparecía el hip-hop y el folk, y no sé cuantas cosas más y ya no sabía que hacer con todo aquello ¿dónde corno metía a León Gieco? Había tocado en Porsuigieco que era rock, sí, pero ahora estaba con Mercedes Sosa, y si metía a Mercedes Sosa tenía que meter a Atahualpa Yupanqui, y a Tarragó Ross y todo un mundo del folclore del cual nada conocía ni me interesaba y mi vieja diciéndome ¿Porqué no limpiás esa mugre? Y se fue la pila de Si de Clarín, con la colección de destartaladas revistas de cómics, alguna que otra cerdos, de la época del porteño incluso, junto con unas 6 Manaras, un par de Libres (incluida la de Charly) y una Penthouse, (creo que hasta tenía la Playboy de Susana Giménez detrás de la cortina –muchos sabrán de lo que hablo-)
Pero buen, ahora rememoro aquella colección, en su momento fueron una mugre y una confirmación que había realizado un listado completamente al pedo, hasta casi percibo la mirada de mi madre diciéndome: Pero Pablo... hace dos años que están enclaustrado con eso que nadie sabe qué es, pasaste horas y horas realizándolo, ¿De un día para otro a la basura?
Es Así. No preguntes. Viene otra etapa
¿Y qué es eso?
Esa fue la primera canción que escribí en mi vida
¿y cómo pensás clasificar eso?
Me gustaría que esté en un folio con título en Letraset.
¿Y que rótulo le ponés a esa carpeta?
Originales. Pero tengo otra carpeta, porque en esa no se entiende lo que dice, ese primer original está clasificado en la compu, y luego pasado a otra sección, en las que tengo encarpetados (impresos por compu) todo lo que hice con respecto a la escritura.
¿Y para qué hacés eso?
No me preguntes eso. Por favor, eso no. Tantas veces me lo preguntaron y tantas veces me lo pregunté yo que todavía no tengo la respuesta. Porque sí. Porque en la vida no me queda otra que clasificar. Porque me gusta hacerlo. Porque me siento útil...
¿Pero a quién le sirve?
A mí, a mí me sirve porque aprendo, porque distiendo mi tiempo, porque me aíslo con eso y sólo me preocupa eso, una especie de Mantra, me hace pensar, me hace descubrir... Trabajos aislados, fines descubiertos, lejanos, pero descubiertos al fin...
¿Por
qué esto? ¿quién soy? ¿Tiene validez mi palabra? ¿Estoy egresado en los
EEUU?
Nadie
valoraba lo que hacía por el simple hecho de que nadie se enteraba de lo que
hacía por el simple hecho que no quería mostrar lo que hacía por el simple
hecho que lo consideraba una estupidez y temía que se rieran de mí. Pero algo
en el fondo de mi ser me decía que tenía que enlistar las cosas.
Mi pieza estaba absolutamente cubierta de imágenes sacadas de revistas, me había propuesto que no se vea ni un solo pedacito de pared. Pasaba horas y horas en mi cuarto cortando imágenes y pegándolas en la pared, no importaba que sean de un determinado tema, había desde grupos de rock que me gustaban, hasta imágenes de políticos alemanes de revistas que compraba mi tía con caras extrañas, incluso tenía todos los cortes de la carne pegados en el marco de la ventana, no sé, cada foto tenía una pequeña historia y necesitaba documentarla.
Lista:
Nombre de la foto/ revista de dónde la saqué/ tamaño/ características (foto blanco y negro, color, dibujo, palabra), /temática /sector de la pared en la que se encuentran y observaciones, soñaba en silencio en que venga algún día un productor y quiera reproducir exactamente igual la pieza en la que vivía y entonces yo podría decirle, debemos conseguir la revista Stern (alemana) de 1983, la libre del 85, los primeros 10 números de Perfil, el Porteño, el diario Sur, C&P, las dominicales del Clarín, alguna que otra Playboy, etc, etc. Entonces me pasaba horas realizando las listas de esas fotos, habré llegado a clasificar 300 fotografías y no tenía ni el 10 por ciento del total de la pieza. Abandoné la tarea cuando descubrí una nueva lista más útil.
Coleccionaba
monedas y mi colección se agrandaba mes a mes. Pensé que la numismática podía
ser hasta incluso rentable, por lo que me decidí a clasificar las monedas, tenía
unas 2000 en aquella época. País/ valor/ cara/ seca/ diámetro/ año/
observaciones. Medía con un calibre cada moneda y esta fue una de las pocas
clasificaciones que logré terminar, incluso hoy en día cuento con un archivo
de computadora en donde de vez en cuando retomo la labor.
La más extraña de las listas que realicé fue la lista de conocidos, es decir, yo conocía gente, tenía conocidos de la escuela primaria, de la secundaria, del barrio, de los boy Scout, parientes, del club o amigos de mis amigos. Entonces clasificaba a mis conocidos en el ámbito que correspondían, iba a una fiesta y conocía a 3 personas nuevas, al día siguiente les hacía una respectiva ficha y los colocaba en el lugar correspondiente.
Todo me parecía tan enfermo que no podía hacer otra cosa que ocultarlo, y cuando reconocía que hasta resultaba inútil hasta para mí, tiraba lo ya hecho a la basura con el fin de eliminar todas las pruebas de mi estupidez.
Pero había algo, en el fondo de mí, que me obligaba a hacerlo, con una nueva cosa, una nueva lista, sólo el hecho de enlistar me producía placer.
Creí haber encontrado mi salvación, cuando a los 16 años me puse a trabajar en una empresa, el empresario era el padre de un amigo, y para que me haga de abajo, me colocó en el archivo. El tipo no me puso de cadete porque consideraba que estaba para más y me puso en el archivo, la tarea más insoportable para cualquiera, pero yo estaba a gusto. Logré organizar el archivo de tal manera, que en el transcurso de un año había renovado todo el sistema y se podía encontrar cualquier factura, remito, orden de compra, asiento, te podía decir cuanto se había gastado de lavandina en los últimos 5 años. Había clasificado todos los gastos divididos por sus respectivos proveedores, y por si fuera poco, les había realizado una copia por rubros. El jefe vio un tan buen trabajo, con tanta dedicación, que decidió ascenderme a compras. Con apenas 17 años era el encargado de compras de una empresa que tenía 150 empleados. Primero empecé encargándome de las compras de material administrativo, resmas, insumos, trapos de piso, biromes, y todas las pavadas que una empresa necesita para funcionar a parte de los insumos básicos que la hacen ser empresa de un sector. Cumplí con la compra de “insumos estúpidos” y a los 3 meses ya era encargado de compras de las materias primas. Pero no pude hacer eso, venían personas de traje a venderme productos químicos de los que nada sabía y me ofrecían viajes para que les compre. Señores de 40 años me decían a mí, que si les compraba a ellos me podían mandar al congreso de Brasilia para conocer los nuevos productos. Yo no entendía nada de ese sistema y me parecía oscuro y sucio. No necesitaba tanto dinero. Me ofrecían “comisiones” que superaban mi sueldo en 10 veces, y me parecía tanto, que en ese momento no hubiese sabido que hacer con todo eso, entonces, ante el susto lo rechazaba y preguntaba a mi jefe-padredemiaamigo.
Mi Jefe-padredemiamigo estaba recontento conmigo, ya que era la primera vez en la vida que un encargado de compras no aceptaba las coimas que ofrecían los vendedores. Simplemente compraba a quien más convenía. Nunca en la historia de la empresa había ocurrido eso y parece que eso daba grandes ganancias, ya que me aumentaron el sueldo en proporciones considerables, pero no era así como debían hacer si querían retenerme. Mi mundo era otro y renuncié. Era horrible esa gente que venía a verme. No quería pasarme el día rodeado de ellos.
Tan
bien que estaba en mi archivo encarpetando y ordenando alfabéticamente,
teniendo a mi disposición todos los elementos que necesitaba, desde etiquetas,
biblioratos, carpetas, cierres Nepaco, cajas, resaltadores, planillas,
fotocopiadora, todo, absolutamente todo lo necesario para realizar una buena
clasificación y tuvieron que ascenderme y aumentarme el sueldo. Por eso me lo
aumentaron, porque el trabajo era peor, si hubiese sido mejor me lo hubiesen
bajado. Lo mejor que hay en el mundo es no hacer nada y nadie paga por eso.
MÚSICA
La música siempre había sido mi sueño. En realidad no sé si la música, pero me atraía todo lo que había alrededor de la música, el hecho de poder decir cosas en las canciones y que la gente las escuche, ese olorcito a fama que se respira al subir a un escenario, por pequeño que sea, las chicas que se acercan... La música transmitía sensaciones, pensamientos, ideas. La música era la única forma de comunicarme con el mundo. Lo único que yo escuchaba era a la música, nada creía de lo que decían mis padres, menos en las enseñanzas de la escuela y la televisión y los noticieros simplemente no existían en mi vida. Lo único que me conectaba con el espacio exterior era la calle y la música. En la calle me enteraba del mundo que me rodeaba y con la música sabía lo que ocurría en otro lado. Encontraba a la gente que era parecida a mí en esta jungla con millones de personas que parecíamos estar juntos pero nada tenía que ver mi vida con la de mi vecino, excepto que vivíamos en el mismo barrio. Con la música podía encontrarme con una chica que vivía en la otra punta de la ciudad, y en esa época todo se reducía a las chicas.
Tenía 14 años y quería disponer de mi propio dinero, mi madre laburaba de maestra, y si bien me daba todo lo necesario para vivir, ella consideraba que los gustos debían ser pagadas por quien los disfruta, mi amigo Mario había viajado a EEUU y había visto a los skaters y junto con Chiche elegimos pertenecer a esa subespecie. El barrio donde vivían ellos era una isla dentro de Villa Martelli. Martelli es un barrio en donde fueron a vivir muchos inmigrantes italianos que hicieron sus casas con el “fruto de su laboro” y la mayoría de las viviendas son pehaches (3 o 4 casas en un mismo terreno). En los años 70 se loteó un pedazo que antes pertenecía al ejército y se armó un pequeño barrio en forma de triángulo en el que construyeron hermosos chalets. Ahí vivían mis amigos y todos sus vecinos, por lo que no nos fue difícil conseguir que nos paguen para cortar el pasto, y así logramos ganar dinero. Logramos comprarnos nuestros skates y nos sobró plata y decidimos invertirla en instrumentos musicales y formamos una banda de música: Diarrea Estival. Personalmente me pareció una buena forma para decir las cosas que pensaba y empecé a escribir letras. La primera que hice se llamaba “Cerdo Capitalista” luego hice otra que se llamaba “el punk murió” y otra que se llamaba “Nuca pelada” que hablaba en contra de los milicos. No es que yo tenía ideales para escribir sobre esos temas, pero es que escuchaba las bandas que correspondían con mi modo de vida y las letras eran del estilo. Escribía eso porque estaba de acuerdo con la moda que había. Mis amigos eran más bien conchetos y me decían que mis letras eran malas, que les faltaba poesía. Escribiendo letras de canciones empecé a escribir.
Empezar a escribir. Guau. ¡Qué momento!
Creo que nadie que escribe puede llegar a ser conciente del momento en que dice SER escritor y creo que cuando uno escribe por primera vez NUNCA puede llegar a pensar que será escritor. Ser Escritor.
Suena lindo. Es una profesión bastante valorada porque parece difícil. No cualquiera puede escribir, aunque para mí es algo que sale, empecé a hacerlo y nunca paré, las palabras me brotan, tengo la NECESIDAD de expresarme y no tengo otra posibilidad. Quiero decirle al mundo, porque lo sé, que el sistema en el que vivimos es una reverenda mierda y que podemos cambiarlo para estar mejor, y sé como es ese mundo en el que todos podemos vivir bien laburando apenas un rato al día y aunque mi escribir parezca panfletario no me queda otra, porque si bien poéticamente se pueden decir cosas muy piolas creo que los cambios deben hacerse ya!!! Y creo que es necesario despertarnos de este letargo waltdisneyano y tomar de una vez la posta de la puta conducción de nuestras vidas. No quiero que venga un hijo de puta y me diga que está prohibido que crezca una planta en mi casa diciéndome que hace mal, y que para eso mande a un policía con un arma que hace bien y me meta en una cárcel para que le haga bien a nuestra sociedad.
La ley es una mierda. La policía es una mierda. Y no me vengan con el cuento de que nos protege de los ladrones, les digo para que sepan: Los asesinos y ladrones son un instrumento del gobierno para justificar la presencia policial y podernos reprimir, a nosotros, que pensamos en una sociedad sin muerte.
Escribir.
¿Qué escribir? Las palabras brotan y por momentos se tornan violentas. Uno
escribe y puede decir lo que quiera. Mirá lo que te digo: Matá a tu mamá.
Creo que si vos ahora te levantás, vas hasta donde está tu vieja y la matás
son un reverendo pelotudo o un hijo de puta o lo que sea y que necesitás un
tratamiento, no podés culparme a mí por semejante imbecilidad. Ahora bien: ¿Tan
bien orquestado está todo?.
Es raro pensar. El cerebro parece que tropieza y casi como que cambia de dirección, pero escribiendo es distinto. Escribiendo me doy tiempo al pensamiento, por eso escribo, para aclarar mi cabeza.
ESCRITURA
Existen personas que escriben y no muestran lo que escriben, a esos no los conozco pero tengo la certeza que existen porque yo fui de ellos. Fui durante algunos años acumulando material en un bibliorato. Hojas escritas a máquina o birome. Un día decidí mostrárselo a una amiga, con la sola idea contarle la enferma relación con mi chica del momento y ella me entró a hinchar las bolas para que lo presente en algún concurso. Armé todo eso en una especie de cuento y lo presenté en un concurso de la UBA, (no gané) luego mandé el escrito al concurso de Clarín y tampoco pasó nada. Me enteré de un concurso en la editorial Boa Babs y lo presenté y gané!!! (la posibilidad de editar mi libro pagando 3000 pesos) Cada uno de estos concursos me demandaba tres copias, y como mi obra tenía unas 200 páginas se me hacía muy caro. Tenía la idea de hacer una obra casi conceptual. Un libro de tapas duras y grandes, con papel de alta calidad, fotos color, y hasta un agujero en las páginas en donde cabía una pequeña escultura, que al ir leyendo se descubría.
Decidí
entonces probar con las editoriales. Se me ocurrió realizar un boceto del
libro, en vez de presentar la fotocopia y la explicación, me dediqué a
realizar, como pude, unas 30 ediciones del libro en cuestión. Lo diagramé, lo
fotocopié y luego cocí los cuadernillos y los uní con suprabond. Recuerdo un
viernes a la noche en que terminé mi primer ejemplar, lo vi en mis manos y me
sentí casi feliz, pero le faltaba una tapa. Con el fin de ser del todo feliz,
armé una tapa con la caja de la pizza que acababa de comer, calándole el título
con un cutter y ahí sí, me sentí realizado. Ese mismo día fui a donde
estaban los de cerdos&peces y les di ese ejemplar. En la siguiente revista
acusaron recibo y me dijeron que merecía un mejor análisis. Fue el último número
de la Cerdos.
Tiempo
después, busqué en la Guía Amarilla la dirección de las editoriales y fui
con el libro-boceto a entregárselos para que lo lean y lo publiquen. De las 30
editoriales que había, 25 se dedicaban a otros temas como historia, religión,
textos escolares, etc. De las 5 restantes 3 me dijeron que se manejaban por
concursos, una sola me dijo la fecha del próximo y las otras dos me dijeron que
me fije en el diario los próximos concursos, las dos restantes tenían fecha
para recibir autores nuevos para más de dos años adelante. En todos los
lugares me atendían secretarias que se asustaban cuando sacaba mi libro.
Tenía
29 bocetos-libros construidos y no había conseguido que ninguna editorial lo
vea. No sabía como hacer para acceder al mundo literario. Con las bandas era
distinto, porque uno tocaba, invitaba a sus amigos y la bola se corría, siempre
se tenía una veintena de amigos para ponerla a rodar, pero con la escritura no
había forma. O si la había, no tenía ni idea de cómo era. Uno me dijo que
vaya a la SADE, y fui a la SADE, y no sabía qué carajo era que tenía que
hacer y no sabía ni qué preguntar, los escritores simplemente parecían
grandes personas que ya habían nacido consagrados. Un día estaba en plaza
Francia y un pibe me da un libro y me dice que él lo escribió y lo vende. Yo
no le di bola. A la semana siguiente una amiga me regala un libro, y como sabe
que hice libros, me dice que se acordó de mí y que se lo compró a un pibe en
Plaza Francia, es el mismo que me lo ofreció la semana anterior. Se llama
Gustavo Ballwictz. El libro tiene una edición como corresponde, nada que ver
con los míos. Tapa ilustración full color y encuadernado perfecto. Se me
ocurre hacer algo así. Averiguo en unas 10 imprentas para hacerlo y no
entienden, y me pasan un aproximado de 2 o 3000 pesos. Una sola imprenta sabe
hacer libros y el viejo se sorprende que caiga alguien pidiendo hacer libros. Me
pasa 2000 pesos para hacer 500. Con 100$ de presupuesto no me da ni para
negociar. Decido entonces mostrar mi producto tal cómo está y salgo a venderlo
por plaza Francia y vendo uno, y a la semana siguiente vendo 2, y me cuesta más
caro ir que lo que gano con los libros, sin contar ni media hora trabajada.
Igualmente sigo yendo.
Pienso que lo que me falta es publicidad. Voy a las radios entonces, le dejo un libro a Tuqui, otro a la que comenta literatura en el programa Jaque Mate, otro a mi profesor de historia, a REP y al sí de Clarín. El Clarín y Jaque Mate no me da ni pelota, a Tuqui en cambio, le pido una opinión de mi libro llamándolo a la radio unos meses después y me dice que le gustó mucho, mi profesor de historia me conecta con una conocida que está en el arte literario, ella me presenta a un gran Poeta. Al gran Poeta le cuento que vendo 2 o tres libros por día y el gran poeta se sincera y me dice que me dé por satisfecho. Que él vendió 50 en el último año. Me muestra revistas de poesía en las que publicó y me muestra también sus 2 libros editados. Vive en Belgrano en un piso 27. Me siento sucio en su departamento. A Rep nunca más me lo crucé.
Le hago caso al escritor consagrado y sigo vendiendo mis libros por las plaza, pero como me cuesta mucho vender mi libro a 8$ lo divido en 2 y vendo uno por 5$ y los dos por 8$, incluso al que me compra el pack se los entrego con una bolsa que mandé a imprimir que dice: “bolsa de mierda” me cuesta lo mismo y gano más. Era el 1997 y me cruzo con Guillermo De Pósfay que hace lo mismo que yo, solamente que el trabajaba con un grupo de gente que también distribuía sus libros. Él los vendía a voluntad, le costaba fabricarlos 30 centavos y generalmente le daban 2 mangos (el negocio cerraba) decido entonces tomar su idea y divido el libro aún más, 3 pequeños librillos de 100 pgs. c/u, los cuales me cuestan un mango realizarlos y puedo venderlos a 2 o 3$ y eso es lo que hago y durante un tiempo largo hago eso. Igualmente me parecía interesante conocer el circuito literario, encontrar cómo era que hacían otros escritores para mostrar su arte, ya que la plaza era un ámbito difícil, y era obvio que no era el único.
Se me ocurrió ir a vender mis libros a la puerta de la Feria del Libro y unos 100 metros antes de llegar al predio municipal de Exposiciones me encuentro con un tipo que está con un megáfono y una mesita gritando: ¡Contraferia del libro! Usted paga 5$ por entrar y por 5$ puede comprar un libro. Había unos tipos con sus libros y su mesa y me puse a charlar. Me divertía aquella protesta. Luego me invitaron a participar de un ciclo literario llamado Maldita Ginebra. A través de M.G. pude enterarme que había poesía escrita y poesía leída, que quizás puede sonar como distintos rubros de una misma cosa. Una vez dijo Daniel Melero, cuando el teatro se hace tecnológico (o se graba) se transforma en cine, (aunque ahora sea otra cosa) cuando la música se hace tecnológica (o se graba) sigue siendo música. No hay nombre que diferencie a la música grabada de la música en vivo. Y yo digo, no hay nombre que diferencie a la poesía leída de la poesía escrita y ahí están, poesía leída y poesía escrita.
No
tenía mucha idea de cómo leer un poema y el micrófono me asustaba, pero a
Maldita Ginebra no iba mucha gente y me daban la posibilidad de leer. Tampoco
tenía idea de si existían otros ciclos o lugares donde poder leer, con ese
lugar era suficiente. Iba los martes a la noche y me sentaba a esperar con la
pila de libros a un costado que el tipo gordo o el peladito se den cuenta de mi
presencia y me inviten. Increíblemente eso ocurría y me permitían leer. Esa
era una época bastante tranqui de Maldita, no hubiese podido soportarlo
mientras se hizo en la casa de Zenón. Así mismo, recuerdo una noche especial
en que leí mi poesía y luego me senté a escuchar a los demás, al parecer había
un hombre importante al cual Héctor le estaba haciendo un pequeño reportaje y
el reportaje se abrió y se dio lugar a la conversación colectiva. No recuerdo
que dije, pero dije algo inapropiado y el hombre importante me empezó a
bardear. Me tragué el orgullo y me indigesté y no se manifestó en malestar
estomacal sino en nervios y amargura. Quedé durante el resto de la noche solo y
desconsolado tomando cervezas a pleno con el único fin de apagar esa horrible
sensación. Estaba Crazy también, un tipo que yo veía bailar vestido de payaso
en las noches de Paladium, él se percató de mi estado y vino a consolarme,
agradecí todo su amor, y él lo tomó con deseo y me invitó a la casa. Me
asusté y ya no quise más por esa noche y me fui. No volví a ir a Maldita por
un buen tiempo, pero sin embargo seguí escribiendo y vendiendo los libros por
la plaza. Tenía un trabajo de 10 horas diarias, una esposa, un auto, una perra
y trataba de hacerme un lugarcillo en el mundo literario. Quería trabajar de
escritor pero las cuentas no cerraban ni infladas por el contador de un político.
Pero por ahora la vida se acomodaba seca y tranquila como una tarde veraniega en
el Bolsón.
Decidí apostarle a Internet, mis cuentas daban como para pagarme un servidor y elevé mi página en la net. El mundo Internet estaba mucho más inflado de lo que en realidad era. Buscar las cosas en Internet es mucho o más complicado que encontrarlas por la calle, y no digo buscarlas, sino encontrarlas, porque uno sale a la calle y se va cruzando momento a momento con el mundo que le interesa. Las personas con las que se encuentra están en la misma que uno, puteando por un trabajo que los exprime y perdiendo el verdadero potencial en pavadas. Y viendo como salir de eso.
Una de las últimas listas que hice fue la de Bukowski. Y eso lo tomé como una verdadera investigación. Decodifiqué a Bukowski solamente a través de su literatura. Y situé cada cuento o poesía en el correspondiente período de su vida. Sacaba datos concretos, de sus departamentos o casas, autos, mujeres, amigos etc. Por lo tanto te podía decir quienes eran en verdad las personas con las que estaba en cada uno de sus cuentos y entendía sus mezclas de situaciones, y cuando ocurrían verdaderamente las cosas que describía.
Elevé todo eso en la página, ya que pensé que a través de mi poesía solamente era muy difícil que la gente ingrese.
Igualmente no me preocupaba demasiado, prefería mis tardes en el río, fiestas en casas de amigos, viajes invernales a Valeria del Mar, fumar uno y lavar el auto y dejar que la vida fluya, vivía flotando sobre un sillón inflable no me acuerdo en cual pero sí que era alguno de los 7 lagos.
2001
foto sub coopertaiva
...y estaba buenísimo, pero las putas vueltas y todas esas cosas. El 2001 fue un año raro en el que ocurrieron bastantes cambios. No fueron cambios progresivos ni lineales, ni tampoco fueron cambios que venían en consecuencia de otro o eran la base de uno próximo. Aparentemente azarosos y sin relación entre sí, afectaron directamente mi vida. Quizás pueda establecer cierto orden poniendo en primera instancia 3 cambios. Uno a nivel personal, otro a nivel mundial, y otro a nivel nacional, en ese orden.
En lo personal
El cambio a nivel personal fue la apertura. El darme cuenta que las cosas pueden cambiar. Como ya dije, estaba flotando en un sillón inflable, no me acuerdo en cual, pero si que era una tarde veraniega en alguno de los 7 lagos. Y de repente, Xblot, sin mucho ruido, se pinchó el sillón, perder el trago, perder el cigarrillo, caer al agua fría y tener que nadar unos 150 metros hacia la orilla. No. Esto no estaba en lo planes, pero nada, no es tan grave, es un simple cambio. Y llegás a la orilla y te afanaron la ropa, tus amigos no estaban ese día, y cae la tarde y el frío patagónico entra a doler en los huesos, y hacés dedo y nadie te para y en eso llega un tipo y te ofrece su casa. Y las cosas cambian. Y puede que mañana estés tomándote un avión a tu casa, pero puede también que se te haya ido el pasaje con la ropa, y la tarjeta de crédito, y el número de la vieja...
Necesitás que pasen esas cosas, de vez en cuando necesitás que algo te agarre de las pelotas y te haga caer a Tierra, o subir, no sé.
Concretamente estaba solucionando papeles del auto, haciendo una fila y leyendo un libro, delante de mí había una minita rubia, bastante sencilla, onda rea, con una sonrisa...,
...y la muy guarra creo que se percataba de eso y no me dio oportunidades, nos pusimos a hablar, obvio, y aunque no fue instantáneo, algo quedó en nuestras mentes porque nos cruzamos unos meses después y terminamos besándonos como adolescentes por el parque de la cervecería en Quilmes. Volver a casa con mi mujer fue un infierno, pero volví y una mierda. Fue un infierno. Armó los bolsos y se fue, de una. Llorando como una... qué sé yo. Ni comparación metafórica hay. Horrible. Todo a partir de ahí horrible. La casa se me empezó a caer de a poco, cada vez más sucia, cada vez más ropa tirada por el piso, impuestos que se acumulaban como platos sucios, productos de limpieza que escaseaban como días sin resaca. Cervezas que se consumían como pulsos telefónicos mirando porno en Internet. Y ya no hay trabajo que pueda bancar semejante alquiler, estoy perdido. El mundo se acaba. Pero la bola número 5 pega a la número 2, parece que no va a entrar, golpea de refilón a la lisa, hace banda, le da a la 5 que agonizaba el viaje y cae adentro en la buchaca del medio.
Otro tiro. Otra oportunidad.
¡Arranca Giribone!!!!
Mierda. Qué historia. Qué decir estando tan involucrado. Podría ser un capítulo enorme Giribone. Sólo un pedacito de Giribone podría ser un libro. Podría ser tantas cosas... En este momento es lo que es: un pedo en un placard (no en una canasta como dice el dicho popular) un poquito más. En este momento es estar un sábado a eso de las 2 de la mañana en el cuartito de adelante escuchando desde el reloj en la radio AM un programa de encuentros. Un cuarto de un hombre solo que está triste porque perdió lo que tenía y tiene frío y no tiene estufa, acaba de apagar el brasero porque sabe que hace mal y puede morir. Todavía Giribone no es bar, no, no es nada, apenas un proyecto, y la gente ya se fue porque hoy es sábado y hay joda y el hombre solo no tiene ganas de joda y se desviste solo y se sienta en calzoncillos en la oscura habitación y siente el frío de la humedad del cubre camas y cuelga su pantalón abriendo apenas la puerta del placard, porque choca con la cama.
Y luego las sábanas frías y el pensamiento. Hace apenas unos meses pensando en comprar una casa con la esposa y ahora acá. Solo y escuchando en la radio los teléfonos de la gente sola que pide que por favor la llame alguien en esta triste y fría noche. Y entre las sábanas y mantas húmedas el sueño vence y arranca otro día, y otro más y se abre Giribone y ya no hay hombre solo ahora, en su habitación se instala el DJ. Literalmente. Alguien decide que a pesar que el hombre solo paga alquiler, dispone de demasiado espacio y Giribone está funcionando mejor y necesita de más espacio, por lo que se corre el placard del hombre solo, y se arma una pequeña salita para pasar discos. El hombre solo toma esto como una buena cosa, pues siente que de esta manera va a tener menos tiempo de soledad para atravesar su amargo pasar. Incorpora ahora la cabina del DJ a su habitación, su colección de discos se amplía increíblemente y ya no es su colección, sino la colección del lugar. Ordena todo igualmente como para poder encontrar los discos, separándolos por género, volviendo a realizara esas interminables clasificaciones que siempre lo sedujeron. Coloca carteles indicando en dónde se debe guardar cada CD. Analizándolo a la distancia empiezo a encontrarle una sicología a estos hechos que fueron anunciando el fin, pero no viene al caso en este momento.
Giribone tenía un patio, un salón principal, una piecita adelante, una cocina y un lugar arriba. Cada lugar tenía su propio sentido y fue mutando durante sus 3 años. Fue cambiando gente y espacios. Lo que en un principio fue la pieza de un hombre solo, luego se transformó en cabina de operaciones, en camarín, en sala fumeta, en salón de flamenco y en depósito de cachivaches. El Hombre Solo observa todo en su soledad y no sabe si tomarlo con melancolía o, ¿o qué? No hay otra posibilidad. Es un recuerdo. Es un recuerdo que se va cayendo en vida. La sala se disipa y se cae. El hombre solo huye hacia arriba, pasa el tren, ya no hay precipicios, tampoco arena movediza...
En el mundo:
Estaba yéndome a laburar, me subo al auto y enciendo la radio con el fin de escuchar a Fernando Peña, pero eran las 10 y 10 y no estaba ni él ni ninguno de ellos. El que hablaba consternado, hasta se podría decir que compungido y abatido era el denso de Paluch. Pues ocurría un horror en el mundo, unos aviones se estaban clavando en el corazón de Nueva York matando miles de laburantes inocentes. Pasé por la casa de mi vieja que tenía cable y vi, efectivamente, como se clavaban los aviones en las Torres Gemelas. Era verdad. Lo estaba mostrando la televisión.
Mi primera reacción fue: Guau... qué grosso... sin gestos de exclamación sino más bien preocupado.
Al parecer les habían metido un dedo en el culo a los yanquis y estos que se creen machos, van a querer defender lo que creen que es el honor, envalentonarse aunque sea, y hacerse los gallitos un rato y demostrarle a sus gallinas mal cogidas quien es el que manda. Pero sus gallinas mal cogidas se lo vienen aguantando hace rato a ese gallo imbécil, y ya saben como mal coge.
Gordo Cerdo. Con plata vas de putas y si a las putas les jugás sucio te cagan. Si no sabés eso volvé a tomar la teta tonto.
Al mes siguiente instalaron policías en todos los accesos a Capital Federal.
En el país
A partir de la caída de la Torres Gemelas, el mundo se transformó en otra cosa. Sadam Hussein pensaba pasar todas sus reservar a Euros, lo que implicaba un problema para la economía de EEUU y decidieron, ya sin tapujos, blanquear su situación e ir por todo sin importarles para nada la opinión pública mundial e impusieron su sistema de control total al mejor estilo 1984[1]. Su estrategia no es muy sofisticada. Ellos ponen un ejemplo y luego difunden ese sólo ejemplo incentivando a los demás a que lo sigan, haciendo creer que todos pueden llegar a SER ese ejemplo, cuando eso es técnicamente imposible. Todos no pueden ser los mejores, por la sencilla razón que si hay un mejor, es porque hay un peor, y en la agonía (o triunfo) de su sistema, ocurre que cuando demasiada gente está bien, inevitablemente tienen que hacerlos caer para que los pocos que todavía pueden crecer un poco más puedan hacerlo. Ellos siempre necesitan un ejemplo de progreso para poder remarcárselo en la cara a los cientos que quedan afuera y decir: Si él puede tu puedes. Y así es que en la década del noventa utilizaron a la Argentina como ejemplo hacia los demás países latinoamericanos. Pagaban, a modo de publicidad, miles de millones a nosotros para que pregonemos verdaderamente lo bien que estábamos por el mundo, pero la plata que pagaban la sacaban de nuestros propios bolsillos. Toda la Argentina le pagaba a un puñado de porteños (entre los que estaba incluido) la idea de que éramos una isla por lo bien que manejábamos nuestras finanzas. Mientras que los campos se vendían, los trenes se regalaban y toda la economía se concentraba nosotros despilfarrábamos el dinero comprando viajes y objetos de consumo. Cuando después del 11S decidieron blanquear su situación, pues hicieron números y vieron que sostener la imagen de la Argentina no era redituable en relación costo beneficio, simplemente se llevaron nuestro dinero. La gente se calentó y salió a la calle y echó al presidente. Ese fue un hecho importante no sólo a nivel nacional sino a nivel mundial. Argentina, si bien es tercermundista, estaba visto como un extraño país que podía progresar pese a su lejanía con el primer mundo, casi como que decidieron que los tres países más lejanos: Australia, Sudáfrica y Argentina, fuéramos los niños mimados del mundo diciéndoles a los otros ¡Miren, se puede progresar!, pero resulta que nosotros teníamos demasiado, y no daba tampoco andar gastando tanto dinero en unos pocos millones de personas, entonces agarraron toda la plata y se la llevaron a principio de diciembre, luego, el “corralito” y luego... el estallido.
El 2001, un año que me encontró dándome cuenta de un montón de cosas.
Separarme de mi mujer fue separarme de mi vida, que revienten las Torres fue darme cuenta que el sistema es vulnerable y si bien soy de los que no descarta la hipótesis del auto-atentado, si fue en verdad así, soy de la idea que les salió mal. Participar del argentinazo me hizo darme cuenta que si nos juntamos, podemos cambiar las cosas. En consecuencia el 2001, trabajó en mí tres aspectos muy importantes. En el plano corporal o individual, en el plano social o colectivo y en el plano global o humano. Quizás casi traído de los pelos, empecé a establecer comparaciones con lo que significan los aspectos del hombre en el plano individual: cuerpo, mente y espíritu; y los aspectos del hombre en el plano general: hombre, sociedad y humanidad.
Un pequeño hombre, de una mediana sociedad, de un gran mundo había tomado conciencia, un pequeño cuerpo, de una mediana mente de un gran espíritu había tomado conciencia. De golpe encontraba en mí una conciencia espiritual, conciencia que venía desacreditada por mi mente desde hace años y años de insertarme basura católica apostólica romana, algo había despertado en mí una especie de religión en la que creer, creer que somos parte de un Todo llamado naturaleza del cual no podemos escapar.
Había sostenido discusiones en mis tiempos de punk-Boy Scout en la que no quería concurrir a misa con argumentos del estilo “La religión es el opio de las masas” y mis compañeros me habían dicho que era imposible no creer en Dios, pero como de hecho yo no creía, no entendía en que basaban sus afirmaciones y recién, muchos años después todo se me deslumbraba tan claro que los comprendía, ¡Claro!, ellos llamaban Dios a otra cosa, no a Dios.
Frai Bartolomé de las Casas se juntó con Atahualpa en lo que hoy es Perú y le dijo: esto es Dios, y señaló su Biblia, Atahualpa miró el libro y dijo: ¿Eso es Dios? Dios es eso, y señaló al Sol.
En el 2001 también llegaron los Mayas a mi vida.
MAYAS

Los Mayas no llegaron, se fueron. Las tres “grandes” civilizaciones que había en América antes de que vengan los europeos eran los Aztecas, los Mayas y los Incas. Los Aztecas y los Incas eran pueblos guerreros y el grado de crueldad y estrategia guerrera que tenían los españoles superaron ampliamente las mentes de los habitantes de esta tierra por lo que fueron absurdamente sometidos. Los Mayas son un caso aparte, ellos desaparecieron como pueblo un par de siglos antes que lleguen los conquistadores. Estos tipos habitaban en lo que hoy es México, Guatemala y Honduras y al parecer pudieron vislumbrar el tiempo que se avecinaba.
Descubrieron, como descubrió Einstein, que el tiempo y el espacio son la misma cosa, podían predecir el futuro, es decir, podían saber que luego del día vendrá la noche y luego del invierno vendrá el verano. Pero fueron un poco más allá y descubrieron un ciclo más grande aun, un ciclo de 26.000 años. Dedujeron una matriz numérica que traduce todo el universo que se basa en los números 13 y 20. Una matriz de 13 por 20, 260 puntos que decodifican todas las eras y todas las relaciones individuo-medio-fin. Todo relacionado en el mismo lugar. Futuro, presente, pasado, ¿quién soy? ¿Para qué estoy? ¿Cuál es mi fin? Etcétera.
Los Mayas descubrieron que la Tierra gira alrededor de su eje cada 24 horas, que gira alrededor del sol cada 365 días y un poquito, y que en conjunto gira con las estrellas Pleyades (los 7 cabritos) cada 26.000 años. Es interesante entender la concepción del tiempo en forma circular y no lineal. Nuestra cultura establece un cronograma de tiempo en forma lineal, no soy un estudioso en la materia, pero sé que dicen que hace miles de años estaba el hombre prehistórico, también dicen que las pinturas rupestres fueron realizadas entre 35.000 y 15.000 años atrás, luego, hace 12.000 años, dicen que hubo una gran glaciación y posteriormente, alrededor de 7000 años atrás, empezaron los vestigios de las civilizaciones actuales, todo esto como si fuesen hechos que se van sucediendo uno tras otro, esto no contradice la teoría del tiempo circular, pues nuestra cultura dice que un año, se “repite” después del otro, pero ahí se queda, más allá del año no establece ningún ciclo sino una línea. Los Mayas establecieron un ciclo matemático, observando las estrellas, mucho más grande que dura alrededor de 26000 años solares, una especie de día y noche enorme en donde el punto más alejado del centro de la galaxia se produjo hace 13000 años aproximadamente y fue la época que nuestro planeta sufrió la glaciación.
Sé que es difícil entender en pocas palabras porqué lograron llegar a eso, pero ya conté mi extraña habilidad de enlistar las cosas y durante el año 2001 me encargué de encasillar ciclos mayas en una planilla de Excel decodificando la matriz de 13x20. Para explicarlo necesitaría escribir un libro aparte sólo dedicado eso y no es el punto, pero a grandes rasgos, ellos dicen que estamos viviendo un último período de 20 años, que empezó aproximadamente en el 1992 y que durará hasta el 2012, el nombre que recibe este período de 20 años es “katún” y cada 20 katunes (o sea 20 períodos de 20 años) transcurre un “baktún”. El baktún que está terminando empezó en el año 1618 y es el último de 13 baktunes (13 períodos de 400 años) que comenzaron en el año 3114 antes de Cristo.
Para no enquilombar con números, básicamente dicen que hace 26.000 años hubo un despertar de las civilizaciones en la Tierra y que después de 13.000 años hubo un cataclismo natural (comprobado científicamente con la glaciación) y que se tardó unos 5000 años más hasta lograr reestablecer las civilizaciones actuales, de las que la historia lineal ya tiene documentación.
No me interesa hacer predicciones ni mucho menos, pero me parece interesante el concepto de tiempo circular, los Mayas pensaban que todas las civilizaciones actuales, surgidas después de la glaciación (o como ellos decían, comienzo de la noche galáctica) hace aproximadamente 13.000 años, iban a encontrarse con algo nuevo a partir del 2012.
Imaginemos que una colonia de insectos que apenas viven un par de minutos surge a eso de las 12 de la noche, tienen sus hijos, construyen su hogar, y se constituyen como sociedad durante toda la noche, van pasando las horas y se van desarrollando, tejen su historia, escriben sus libros, desarrollan tecnología, etcétera, durante la noche y para ellos su vida es la noche y en su universo no existe otra cosa que el frío y la oscuridad, así mismo siguen viviendo y edificando su gran imperio hasta que a una generación de ellos, ¡pin! se les hace de día. ¿Qué pensarían estos bichitos con respecto a la luz? ¿Cómo describirían a este nuevo fenómeno?
Pues bien, en ese punto dicen los Mayas que se encuentra la civilización actual, nacida en las tinieblas del conocimiento. Un punto en que todo el conocimiento adquirido y documentado científicamente entra en crisis ante un nuevo fenómeno que todavía (año 2006) no se vislumbró.
Descubrir a los Mayas fue para mí, descubrir todo un nuevo concepto de la sabiduría que no sólo me mostró la historia de la humanidad sino que empecé a entender montones de preguntas que me venía haciendo desde siempre ¿para qué estamos? ¿qué somos? ¿de dónde venimos? ¿hacia dónde vamos? Todas las preguntas que se hacían Heráclito, Parménides, Platón, Descartes, Nieztche y todos esos tipos que estudiaba en la facultad tenían para mí una respuesta lógica. Podía explicar, fácilmente, cual es nuestra función y porqué fuimos creados. Descubrir a los Mayas fue abrirme a un nuevo concepto de la religión en donde Lao Tsé era tan creíble como Jesús y Hermes Trimegisto. No había ninguna diferencia entre las religiones, sólo diferentes formas de interpretar la misma cosa. La noción del tiempo y espacio circular lo eran todo. Escribí una frase en algún poema: “es imposible detenerse en el tiempo, ¿acaso puede hacerlo uno en el espacio?”
Repito, no quiero establecer un tratado filosófico ni mucho menos, pero si un concepto básico de lo que significa la filosofía Maya como para entender )el asunto(, porque )el asunto( surgió cuando estaba más metido con esa historia.
Valga aclaración: Estoy escribiendo en la computadora y a veces uno escribe y escribe mal, es decir, apoya un dedo en dos teclas a la vez y luego debe corregir, recién escribí “estaba metido con esa historia” y cuando releí vi que decía “estaba mentido con esa historia” Fallido que le dicen, puede ser. Todo es posible. Continúo:
Básicamente la concepción del Universo Maya, quizás cruzada con otros conocimientos que adquirí por la época como la filosofía Hermética, y que responde a todas las preguntas es:
El ser humano es parte de un Todo y Todo es parte del Ser Humano. El Ser Humano es cuerpo y mente, hasta ahí estamos de acuerdo todos, pero también es espíritu. El tiempo es día-noche, verano-invierno, hasta ahí estamos de acuerdo todos, pero también es día galáctico y noche galáctica. La vida depende del planeta Tierra y del Sol, hasta ahí estamos de acuerdo todos, pero también depende del centro de la Galaxia.
Esto me lleva a pensar que hay dos aspectos absolutamente comprobables en todos los ámbitos, y que luego, podemos ir un poco más allá y, a través de esos dos aspectos, tomar conciencia de un tercero más lejano e incomprensible, es decir, si existe un cuerpo y una mente (dos cosas completamente distintas) ¿por qué no puede existir un alma?; Si existe un día-noche y un verano-invierno (dos cosas completamente distintas) ¿por qué no puede existir algo más grande?.
Si nuestra vida depende de la Tierra que gira alrededor del Sol ¿porqué no puede ser influyente para nuestra vida el centro de la galaxia en cuyo derredor gira el Sol?
Ahí quizás el ejemplo se hace más comprensible. Está comprobado que la Galaxia tiene un centro. Millones de estrellas giran en torno a él ¿qué es ese centro que hace que tantas cosas giren a su alrededor? Al parecer, físicamente, ejerce una atracción porque un agujero negro, o como se llame, tiene tanta masa que hace que todos los cuerpos vayan girando en torno a él, y ahí está nuestro Sol, girando en torno a ese centro de la Galaxia, y ahí estamos nosotros, paraditos sobre la Tierra girando alrededor del Sol. Y ahí estará nuestra Galaxia, girando alrededor de un Sol central de todas las Galaxias que vaya a saber uno porqué gira. Y esa es una de las claves. Llega un punto, en que nuestra mente humana no puede comprender tantas distancias y tiempos, pero no nos queda otra que evolucionar y seguir. Seguir hacia delante porque sí. Y eso es Dios, Mahoma, el Diablo, Jehová, la Naturaleza, esa cosa que nos hace seguir, seguir, aguantar, otra vez más, a pesar de todo, tener hijos, pensar, luchar, resistir, tirarle piedras a la policía, ver como podemos evolucionar como humanos, como sociedad, como especie.
El centro de la Galaxia queda a 26.000 años luz del sol, esto quiere decir, que un rayo de luz (que viaja a 300.000 km. por segundo, tarda 26.000 años en llegara allí, y viceversa. El Sol no es más que un receptor de esa luz, que luego nos transmite a nosotros, que emana del centro de la Galaxia. Quizás pueda parecer pretencioso, pero la idea madre de )el asunto( está basada en eso.
)el asunto( es el centro de la galaxia, no es físico, no hay nada ahí, es un simple puente comunicador hacia el más allá.
Los individuos somos uvas pertenecientes a un racimo, estamos conectados con las otras uvas por tallos que nos alimentan, que a su vez están conectadas a troncos para recibir alimento de la Tierra, que a su vez recibe alimento de la luz del sol, que a su vez recibe alimento del centro de la galaxia y así hasta el infinito, un infinito circular.
Ese centro de la galaxia, el cual une todo pero no es nada, por lo menos no es cuerpo, es la base de )el asunto(.
AEI
Agrupación de escritores independientes
En realidad yo era un loco que andaba por la vida creyendo que los humanos iban a cambiar en el año 2012 y que los Mayas habían despertado en mí, y en un montón de gente, las nuevas pautas para un mundo mejor y más justo. Tampoco es que era un fanático Maya, sino que tomaba sus ideas y las intentaba aplicar en la vida diaria.
Para mediados del 2001 confluimos vendiendo nuestros libros en la Placita Cortázar Juan Pablo Souto, Guillermo de Pósfay, Gabriela Souza y yo, y nos juntamos a charlar un rato con el fin de poder agruparnos de alguna manera y armar algo.
Gabriela no vino más, pero se sumó Diego Arbit. Logramos hacer unas reuniones en la Casa de la calle Niceto y decidimos llamarnos AEI o Agrupación de escritores independientes. La primera actividad que hicimos fue la confección de una bandera. Juan Pablo era (supongo que lo seguirá siendo) un tipo re-pilas. En esa época era chef de restoranes caretas y conocía una cantidad enorme de gente. Con la idea de financiar a la AEI, conformamos una idea más abarcativa para la realización de fiestas y elegimos como nombre )el asunto(. No tuvo en ese momento ninguna mística especial el nombre, simplemente surgió entre una lista de nombres y quedó. Luego se le fueron sumando las connotaciones. Al realizar la primera fiesta surgieron las primeras diferencias, Juan Pablo quería invitar a “cierto tipo de gente” y Guillo (De Pósfay) era de la idea de realizar una convocatoria abierta con pegatinas y miles de volantes repartidos, prevaleció la idea de Juan Pablo y Guillo, que no participó de esa primera fiesta, se abrió del asunto.
A pesar que nos cortaron la luz un día antes de hacerla, logramos reconectarnos y asistieron cientos de personas y salió bien. La semana siguiente de la fiesta el enorme dibujo del Che tomando mate estaba oculto detrás de una capa de pintura blanca. La cerradura era otra y perdimos el lugar para reunirnos. A pesar de eso empezamos a juntarnos en el bar Onduras, y si bien se acaretó la cuestión, en las siguientes reuniones fuimos sumando escritores y al parecer )el asunto( se estaba conformando como el espacio que faltaba para nosotros, los escritores excluidos de las editoriales, los marginados que escribíamos sin saber escribir, que editábamos sin saber distribuir, que vendíamos en la calle, que nos queríamos comer al mundo crudo y que pensábamos que al conformar un grupo íbamos a lograr impulsar una nueva forma de darnos a conocer.
Hicimos un segundo round de )el asunto(, esta vez en ese bar Onduras y luego un tercero en Giribone, este último más ligado a la parte específicamente literaria.
Logramos sacar un primer número de una revista (fanzine para ser más preciso) que fue la única revista que vi salir de similares características.
12 escritores realizábamos un hoja cada uno en donde poníamos lo que se nos cantaba, sólo una pequeña editorial de lo que era la AEI y el resto libre. No había jerarquías al respecto ni nadie conocía ni juzgaba lo que escribían los otros sino recién cuando veía la revista ya hecha.
Vino el 20 de diciembre en el medio y la AEI se destruyó. Se fue a la mierda. Yo me mandé un moco también, acrecentando la caída.
EL TIEMPO DE LA VIDA

Estaba vendiendo libros por la plaza Cortázar, y ya aburrido, me puse a charlar con un artesano que vendía piedras. El tipo se metía en unas cuevas en Uruguay y se agarraba unos cristales que variaban desde 2 a 10 centímetros de alto y con el correr del tiempo iban tornando la punta del blanco al violáceo.
Me explicaba que la pared de la cueva estaba repleta de cristales, los más antiguos eran los más grandes, los más violáceos y los más bellos. Un cristal de 2000 años era completamente blanco y de unos 2 centímetros de alto, luego iba creciendo y se iba transparentando y su punta tornaba al violáceo. Un cristal de 25.000 años ocupaba toda la mano. Me pareció impresionante aquello, pues eran piedras, piedras que nacen, crecen, se reproducen y mueren. ¿No era esa la condición sine qua non de un ser vivo? Esto me llevó a pensar que esas “piedras” tienen también una vida, que al ser tan larga, es imposible que un ser humano pueda estudiar su evolución y su comportamiento, ni siquiera la raza humana podría llevar una documentación de tal forma de vida, pues un proyecto a tan largo plazo carecería de sentido en la escala ántropotemporal.
Me quedó rondando la idea en la cabeza, y si bien no le di mucha importancia, pues tampoco tenía sentido para mí estudiar la vida de las piedras, pude tomar conciencia que puede haber otras formas de vida que la ciencia actual no contempla. Leyendo filosofía Hermética e Hindú, me introduje un poco con la teoría de la reencarnación. Sé que es un tema difícil, ya que no hay comprobación científica de eso, pero así mismo no puedo dejar de pensarlo. Básicamente dice que un ser humano va evolucionando en su vida y que las experiencias se le van marcando en el alma. Cuando muere, es el cuerpo y la mente lo que muere, no el alma, y ese alma es la misma que tomará otra forma de vida, no necesariamente humana, en el futuro. Dicen que las vidas más duras y sacrificadas corresponden a las primeras evoluciones, por lo tanto un perro sarnoso que viva en una fabela de Sao Pablo será un ser menos evolucionado que una gata siamesa de una estrella de cine. No sé si vale el burdo ejemplo ni sé los grados de evolución del alma, tampoco es que crea fehacientemente en esto, sino que se me presenta como una de las tantas posibilidades como para llegar a comprender qué carajo estamos haciendo acá y que podemos hacer para que esto funcione mejor.
No existe una teoría del karma y es imposible para cualquier ser humano leer toda la bibliografía al respecto, a parte que como yo, cualquiera puede escribir y decir lo que se le cante por lo que la verdad es tan relativa como la realidad ¿Qué realidad? ¿La tuya o la mía?, decía Borges o Aristóteles.
Si uno se comporta bien en su propia vida, en la próxima evolucionará en un ser superior y le tocará vivir nuevos desafíos más complejos que lo pondrán a prueba hacia las próximas evoluciones, cuando uno fue superando vida tras vida esos desafíos llega a un punto en que ya perfeccionó todo lo que un ser humano pueda mejorar, por lo tanto su alma evolucionará en otra cosa. Esa otra cosa no necesariamente es una forma de vida tal cual la conocemos. La forma de mi cuerpo me dice que yo soy humano, y comparto con millones de humanos esa forma. Millones de hormigas, millones de plantas, de peces, de piedras, de planetas, de estrellas y todo lo que en la naturaleza se encuentra, comparten con sus congéneres esa particularidad. Yo en este momento SOY humano. Yo en este momento ESTOY humano.
Eso no quita que en otro momento sea otra cosa, la evolución puede llevarme a que mi alma se transforme en alma humana, es decir, un ser cuyo cuerpo sean millones de seres humanos y cuya mente sean las millones de mentes de los seres humanos, mi vida entonces duraría miles de años y en algún momento evolucionaría como evolucionó la vida del alma dinosauria, ese alma se transformó en otra cosa, murieron TODOS los dinosaurios por lo que el alma dinosauria dejó de tener sentido. Una vez que logré ser alma humana, si es que logro ser una buen alma humana, evolucionaré en alma planetaria, esto es, yo seré La Tierra, trataré que a través mío millones de especies puedan convivir en paz, con el único objetivo de poder sostener mi propio cuerpo (la Tierra) para poder seguir evolucionando y llegar a ser Sol. Ser Sol es más difícil que ser Tierra, que ser Humanidad y Humano, tendré que aprender a vivir en el espacio, tendré que lograr un consenso planetario y tendré que lidiar con otros soles y estrellas con los cuales tendré que aprender a comunicarme y convivir en ese lugar hostil que es el espacio. Soy Sol. Tengo poder y mucha responsabilidad. Si me vencen no sólo muero yo sino que mueren muchos planetas, entre los que se encuentra la Tierra, y con ella mueren millones de millones de vidas. Pero estoy preparado para ejercer tamaña responsabilidad. Fui evolucionando adecuadamente, la galaxia confió en mí. Si logro ser un buen Sol viviré millones de años. ¿Será un buen alma galáctica nuestra Vía Láctea? Ella también evoluciona. Ella es un cuerpo una mente y un alma. Su cuerpo soy yo, Pablo Strucchi, sos vos, somos todos, es La Tierra, Júpiter y Mercurio, son todas las constelaciones, todas las estrellas que giran en torno a ella, y tiene que comunicarse con otras galaxias que están más lejos aún, y hablan otros idiomas. Si te cuesta ponerte de acuerdo con tus viejos para saber donde van a pasar el año nuevo ni te cuento lo que cuesta ponerse de acuerdo con otras galaxias para saber donde deben moverse para no chocar y convivir en paz. El espacio es hostil. Comunicarse es difícil. EEUU declara la guerra y el mundo se destruye, y a la señora Galaxia le chupa tres huevos, se sacó un problema de encima, es más, no se enteró, el Sol pudo solucionarlo por su cuenta y siguió con un planeta menos. La luna se reacomodó y un pedazo de Tierra se transformó en su satélite. Nada cambió. Le dolió un poco el golpe, sí, ahora el Sol tiene un dedo menos, pero la vida sigue. Nadie es imprescindible pero todos lo somos, si dejamos de vivir viven otros, es muy simple, pero si dejamos de vivir todos no vive ninguno. Me importa un huevo que maten un irakí, me importa el otro que maten un yanqui, me chupa los dos y la pija que desaparezca Japón, y me chupa el cuerpo entero que se destruya La Tierra, todo sucede y por algo debe suceder, pero por eso mismo, y porque quiero seguir viviendo, quiero hacer lo posible para aguantar, pequeños acontecimientos, mínimos, guerrilla urbana sin armas, quiero ser la negra que no le dio el asiento en el colectivo al blanco y que terminó con el racismo en EEUU, quiero ser un mártir de Chicago, Arbolito, el borracho que te dijo una frase que te rompió la cabeza, el tipo que tiró una piedra en el Mayo Francés, el Argelino que quemó un auto en el noviembre, uno de los tantos que salió a la calle el 15 de febrero del 2002 en contra de la invasión a Irak, el escritor de un panfleto entregado en una marcha, el que se prende un porro en un bar, el que manda una cadena de mails, el anónimo, el nadie, la nada, el todo, es lo mismo. Total ya nadie le cree a nadie, ¿Cuenta la Realidad el noticiero?
LA REALIDAD

A través de Indymedia vinieron a documentar el fenómeno de las asambleas. Argentina había explotado. Un montón de gente había salido a la calle y había echado al presidente, era algo raro en el mundo a pesar que ya había pasado en otros países de Latinoamérica, todos los fenómenos eran distintos, pero este era distinto entre los distintos, o por lo menos nosotros, argentinos orgullosos, creíamos que nuestra revuelta era distinta.
Carl cayó a nuestra Asamblea en el barrio de Chacarita, venía con un grupo de yanquis desde Providence a ver que pasaba en esta Argentina convulsionada y sacó fotos e hizo una crónica para mostrarle a cierta gente de su país qué era lo que proponían este grupo de argentinos que pensaban en otra cosa. Luego de documentar con fotos y grabaciones la asamblea se vinieron todos los gringos para Giribone y seguimos hablando a medias lenguas, evacuando sus dudas, ahora más distendidos entre birras y macoña. A la semana siguiente se volvieron hacia Providence y como para alimentar el ego no más, pude ver las fotos de nuestra asamblea en la página de indymedia Providence. Pasó enero del 2002, pasó febrero, la asamblea seguía, la página de )el asunto( estaba elevada, la agrupación de escritores independiente se estaba destruyendo por diferencias pelotudas, no lográbamos un objetivo claro, en una de las fiestas se habían afanado todos los libros, y el desgaste, y los pocos logros personales de los participantes y la falta de experiencia en trabajos colectivos fueron destruyendo de a poco aquellas reuniones en las que asistíamos 20 escritores tratando de conformar algo que no sabíamos que era.
Juan Pablo, aquel escritor que junto con Guillermo y Gabriela conformamos la AEI en esa noche en la Placita Cortázar, aquel tipo con el que en las tardecitas en el patio de la Casa de la Calle Niceto, que entre porros y mate dimos el puntapié inicial a )el asunto(, y que a la semana siguiente se trajo 10 remeras impresas y que ponía tanta garra y energía en la construcción de este proyecto, fue desapareciendo de a poco hasta el punto en que en el tercer round de )el asunto( no participó. Alejandro Vilas tomó la posta, él también había flasheado con la revuelta del 19 y 20 y por las tardes del otoño del 2002 se venía para Giribone y entre cervecitas filosofábamos sobre la esencia de )el asunto(. Estábamos en una etapa de construcción, pues )el asunto( era sólo una idea y una página en Internet. Te metías en la página y no había nada. Por un lado pretendía ser el nuevo ministerio de cultura de esta nueva Argentina que se estaba gestando desde las asambleas, y por otro lado no nos podíamos coordinar ni a nosotros mismos. )el asunto( era una cáscara vacía que decía unir a toda la cultura independiente, no sólo de la Argentina, sino del mundo y a la página no entraban ni 10 personas al día, por otro lado carecía de todo tipo de contenido. Las Asambleas, la cultura independiente, los escritores, los músicos, todos unidos en una red. Por lo tanto, intentando diagramar nada más que la página empecé a agrupar diferentes ámbitos de la cultura con la idea de que todos los espacios se vayan sumando y logremos una gran página colectiva de TODOS los aspectos de la cultura global. Interminables charlas filosóficas con Alejandro nos sumían en laberintos mundiales que recorridos por Internet nos conectaban con todos los que hacíamos cosas similares en el planeta. )el asunto( sería como una especie de herramienta imprescindible para conectarse, abarcaría todo, desde la edición de libros hasta la forma de trabajar con comunidades Mayas en Chiapas. )el asunto( sería un producto de márquetin, haríamos encendedores, biromes, ropa y todo el merchandaising necesario para que una empresa funcione, nos financiaríamos con la propia venta y cambiaríamos el mundo.
Era muy fácil y divertido imaginar el mundo ideal, pero pasaba algo, había que hacerlo y a la hora de decidirse por la acción empezaban las complicaciones, hacer un simple encendedor que tenga impresa la publicidad de )el asunto(, implicaba una serie de pasos que ni Alejandro ni yo íbamos a dar. Nosotros éramos los creativos, los ideólogos de todo eso, solamente tirábamos las pautas. Los fabricantes de merchandaisin iban a entender que esto podía darles dinero y lo iban a hacer, los Mayas de Chiapas comprenderían la importancia de )el asunto( y ellos mismos participarían de la red, nosotros no seríamos más que coordinadores del emprendimiento. A pesar que me gustaba la idea tenía algún grado de realidad y tratando de sacar algo en concreto de aquellas charlas, intenté realizar un pequeño proyecto. Giribone era una casa Cultural. La Casa de Niceto también, conocía Godoy, Cabrera, Pedraza, Ortúzar, el Antidomingo, en fin, había diversas casas por Buenos Aires que tenían características similares: Un grupo de gente que la coordina, movidas culturales, puerta cerrada, timbre, falta de habilitación, sin publicidad, casi como submundos en donde las leyes son internas. Cada casa planteada con diferentes objetivos y para distinto tipo de gente pero con una misma característica. Casas al margen de la ley que dan lugar a la cultura que los gobiernos no ven.
La gente que concurría por primera vez a un sitio de estos flasheaba, en el medio de un barrio, sin nada que invitara a entrar más que un dato de un amigo, llegabas a estos lugares donde adentro había magia. Paredes de colores, cuadros colgados, música del carajo ahí en vivo, buena comida a precios accesibles, estas casas parecían construidas con buena onda colectiva. No había otra posibilidad. Pensé entonces en tratar de empezar a darle contenido a )el asunto( con eso. Una página en donde la gente pueda meterse y saber dónde están estos reductos tan difíciles de encontrar. ¿Cómo hacerlo? Esa era la cuestión.
Me encontré con dos trabajos. Por un lado tenía que coordinar reuniones, para explicarles la idea, a todas las casas que ya conocía, y paralelamente, suponía que si yo conocía a 5 o 6 casas, debería haber más de 50 en la capital, por lo tanto tenía que hacer una convocatoria abierta para invitarlos al proyecto. Me propuse realizar todo a la vez. Era martes aquel día, por lo que debía esperar hasta el jueves para ir a visitar a la primera casa. Aproveché entonces para realizar la convocatoria abierta y mandé un mensaje en Indymedia: Título: busco casas culturales. Contenido: “Estoy buscando casas culturales para armar una red y conocernos entre los que trabajamos en este tipo de lugares con el fin de difundir nuestro trabajo y abarcar problemáticas conjuntas, no importa el rubro o las actividades que realicen, pero sí que tengan que ver con la cultura “no oficial” o independiente, y que no están subvencionadas por organismos estatales”.
Pensé que en un par de días me iban a llover los mensajes, pero cuando el miércoles abrí mi casilla, no había ni uno. El jueves fui para Pedraza, con la idea de empezar la verdadera unión, pero Juan Manuel estaba en otra, y cuando yo le comentaba esto el tipo se hacía el desentendido y ocupado. Mi primer visita y mi primer fracaso, fui a Godoy entonces, una manga de conchetos que en cuanto le hablabas de unión en la única unión que pensaban que podía llegar a traerles yo era la obrera metalúrgica, mi segunda visita y mi segundo fracaso. Con los mensajes en internet no había pasado nada. Ni uno respondía. El viernes intenté con otras casas, fue lo mismo. Nada.
4 días después, el sábado, recibí una sorpresa. Un tipo, de algún lugar del mundo se había metido en la página de indymedia y había captado el mensaje. Escribía mal y me pidió disculpas por el castellano y me contó que él había visitado a la Argentina y que conocía una casa de esas características. Cuando estaba a punto de abandonar todo alguien se había hecho eco del pedido, un extranjero que vaya a saber porqué se metió en Indymedia y 4 días después contestó el mensaje. Me comentó que la casa que conocía era de unos malabaristas y que estaba por el barrio de Chacarita... ¿Por Chacarita? Ahí estaba Giribone, la casa en donde vivía, y no sabía de la existencia de otra por el barrio, ¿entonces? ¿Qué es esto? ¿Quién es este tipo que me escribe en spanglish?. Le respondo el mail tratando de saber algo más... me habla de una asamblea, me describe un cuadro de Cortázar, un patio, unas cervezas y porros, ¡me habla de mí! y sí.
Carl. El mismo tipo que vino a filmar las asambleas hace 8 meses es el único que me responde desde Providence, 300km. al sur de Washington, yo no entiendo nada, pero así es. Me dice que él va a volver a la Argentina y que está buscando un lugar para presentar una exposición de lo que es la cultura independiente en Providence. Y yo tengo ese lugar y no me acuerdo porqué mierda conozco a Ernesto. Ernesto es un tipo que vive en Rosario y trabaja con la agrupación de historietistas independientes de Rosario, le comento por mail que conozco a Carl que quiere realizar un intercambio con Providence y para eso me dejó unas 50 revistas. Ernesto me manda unas 50 revistas de Rosario a través de un amigo que yo debo darle a un amigo de Carl que viene a buscarlas a Giribone, pero yo no las tengo encima y arreglo con el amigo yanqui de Carl que pase a buscarlas el jueves. Me pongo las revistas en la mochila y voy el jueves a Giribone y el tipo no aparece. Mierda ¿Porqué no viene? ¿No le interesa? En fin, será un primer fracaso. Tocaban unos amigos en San Telmo aquella noche y me mando para allá, y a eso de las 3 de la mañana estoy comprando cigarrillos en un kiosco de la calle Bolivar y a quien veo justo al lado mío? ¡Al yanqui que debería haber ido a buscar las revistas! Se las doy, entonces, y el tipo no entendía absolutamente nada.
Así se realiza un primer intercambio de historietas entre Providence y Rosario a través de Buenos Aires. El primer contacto que se logra y el primer intercambio que se realiza en apenas 15 días de haber tirado la idea, esto va de las mil maravillas. En un par de años la red mundial estará construida.
El último contacto internacional que se logra y el último intercambio, hoy, 4 años después.
El mundo me sorprendía día a día. En Providence estaban del orto -Providence es uno de los 13 estados que conformó los EEUU, parte de la New England- los fanzines o publicaciones que trajo Carl eran loquísimos, no había ningún mensaje explícito en ninguno de ellos, un tabloide en el que cada una de sus 24 páginas estaba realizada por un artista distinto mostraba líneas, una página completa en blanco, ninguna firma o firmas ininteligibles, fotos extrañas en las que ninguna imagen reconocida se vislumbraba, el arte de Providence parecía carecer de ideología alguna, no estaban en contra ni a favor de nada, no expresaba propuestas, era un simple hartazgo, pero no un hartazgo nirvanesco en donde mandan todo a la mierda anunciando el fin de las utopías, era un hartazgo vacío, hasta de sus propios pensamientos. Un arte que no piensa, un arte que muestra la decadencia absoluta del arte como fin y que pasa a ser un medio de la nada, de la nada a la que vamos.
Providence es real. Existe. Sus habitantes son ricos. Son el éxito del país exitoso. Sus casas son mansiones y los hijos de los que trabajan tienen autos y van a la universidad. Los artistas de esa sociedad expresan sus cosas y sus cosas son vacías. Están llenas de vacío. El agujero negro de un contradictorio sistema en donde los frutos son el opuesto del tronco. En su sociedad, donde lo único que importa es pertenecer ellos no pertenecen, juegan a la anonimia y se divierten, veo unos videos en donde se ven sus fiestas, fiestas donde concurren cientos de personas, miles, una banda toca música. Pero ellos no quieren escenarios, son apenas 3. Una batería una guitarra y un bajo. No tienen nombre. Tocan. Y cada vez que tocan van a verlos miles de personas. Ponen la batería en el medio y en el piso, el guitarrista y el bajista al lado, y cada uno toca lo más desenfrenado que puede, quizás hay un DJ oculto, no se ve, no importa, la imagen es simple, esa “banda” entre cientos de personas toca todas las notas que puede tocar alguien en el menor tiempo posible. No es Hardcore, no. El Hardcore es bien rápido pero tiene una organización, esto es distinto. La batería a mil, la guitarra a 1251, y el bajo en 1312. La gente moviendo sus cabezas y sus cuerpos en ese frenesí. No hay ritmo y dura horas, seguidas, todo el tiempo, más, más anárquico, eso es la música que ejecutan, esa es la forma en que se divierten, sus revistas no tienen palabras y no expresan símbolo alguno, no hay ideología preexistente, ahí, en el corazón de La Bestia no hay NADA. Sólo eso, vanguardia pura que se pudre antes de madurar y no importa porque La Bestia es eso. Basura de la basura, una foto de un sorete realmente bella que deja de serlo porque es tan buena que transmite la realidad de la mierda. En Argentina parecemos unos ingenuos pelotudos que no entendemos eso y de verdad que no lo entendemos pero se nos presenta como lo que va a venir, porque siempre miramos vanguardia gringa y aunque los gringos estén buscando otras cosas recién cuando ellos nos descubran es cuando vamos a triunfar, porque el triunfo es parte de una cultura que no entendemos. Sus productos son exitosos para nuestros ojos porque están bien producidos, con apenas 200 dólares imprimen mil fanzines y los regalan, apenas gastan 2 de mis sueldos para regalar su arte, mis 50 fanzines a 0,05 u$ no tienen nada que hacer ante aquellas producciones, parecen truchos. Son truchos. Las fotocopias que yo logro son malas porque las fotocopiadoras acá son malas. Los fotocopiadores reciclan el tóner para ahorrar, y el norteamericano mira los fanzines y cree que le estás dando una mierda y que no pusiste nada para hacerlo porque poner significa gastar dinero, no tiempo. Nada importa que hayas gastado la mitad de tu sueldo en hacer esa poronga y que si hicieras lo que hizo él gastarías no uno, ni dos, sino tres sueldos. Pero es así. Y nada podés hacer para cambiarlo, excepto hacer.
GENERACIÓN ESPONTÁNEA

Si uno toca música: arregla una fecha en un bar, llama a sus amigos y ellos van a verlo tocar, es una salida bastante común entre la juventud. A los amigos no le importa el estilo de música que hagas, ellos van a verte porque son amigos tuyos y te hacen el aguante. Van a verte una vez, dos veces, tres veces y si lo que tocás está bueno los amigos de los amigos empiezan a concurrir a tus recitales y la rueda comienza e expandirse.
Ahora bien... ¿Dónde está el principio del espiral literario? ¿Cuál es el underground de la novela? ¿Cómo se puede hacer para ingresar al sistema?
Yo vendía mis libros por las plazas y bares, eso estaba bien. Concurría a Maldita Ginebra, eso también estaba bien. Había ido a la calle Corrientes y había logrado que 3 librerías coloquen mis libros entre sus estantes. A los libreros les parecía extrañísimo eso, pues NADIE lo hacía. Yo no podía creerlo ¿Cómo era posible que una ciudad como Buenos Aires, considerada por muchos como la capital cultural latinoamericana no tenga algo armado para la incorporación de nuevos escritores? ¿Cómo harían los miles de nuevos escritores (buenos y malos) para que sus obras se lean? Ninguno de mis amigos o conocidos sabía nada de esto y yo no era la excepción. Lo mío era más bien la juerga. Mis salidas eran a bares y boliches. La noche me seducía y mi mundo estaba ahí, no me gustaban las oficinas ni las cartas de presentación ni la confección de curriculums ni las participaciones en concursos ni nada que tenga que ver con el formal y acartonado mundo literario. Mi escritura era desastrosa en esos aspectos y si a un crítico por casualidad le caía un libro mío, por el sólo hecho de ver como estaba confeccionado, lo denostaría de una. Ni hablar si se ponía a leer algunos párrafos: puteadas, bajadas de línea, errores ortográficos y gramaticales, expresiones localistas y efectistas, todos los defectos estaban en eso que yo llamaba libro. Pero bueno, eso era lo que yo hacía y con eso iba al campo de batalla a pelearme con La Bestia, que no sólo disponía de todas las armas, sino que también atacaba con medios de comunicación, empresas editoriales, librerías, publicidad y mucho dinero. Yo quería hacer las cosas bien y cruzarme con “la cremme” para insertarme y triunfar.
Es evidente que todo está relacionado y las cosas ocurren porque tienen que ocurrir. Porque la Naturaleza no es estúpida y nosotros, que somos un pedazo de naturaleza tampoco lo somos. Buen, somos una manga de tarados en el aspecto individual, pero en conjunto y en forma inconsciente sabemos donde ir para que este podrido mundo se de vuelta como una media y el lastre caiga hacia el interior de la tierra para fundirse a 50000 grados y explotar hacia el cielo en un volcán y que los mierdas en su afán de destrucción jueguen su última carta incendiando todo con su asqueroso cuerpo de lava y que luego, por fin, se solidifiquen y se hagan piedra para no jodernos más por miles de años, hasta que aprendan, y reflexionen sobre todos los males que han causado.
Daniela era camarera en el viejo Imaginario. Daniela tenía días y tenía onda, es decir, no era linda siempre pero siempre tenía onda. Por ese entonces yo estaba haciendo una obra de teatro experimental. Una locura. No tenía idea de cómo actuar ni de cómo dirigir, no sabía nada de producción ni concurría al teatro, pero sin embargo la obra la hacía, como hacía todo lo demás, sin pensar mucho, atando con alambre y dándole pa frenchi. Sabía que ella estudiaba teatro y encontré una buena excusa para poder llamarla e intentar algún aprouch. Como era obvio no pasó nada, es más, la paso a buscar por su casa para ir a ensayar a lo de Maru, en el viaje le voy comentando la obra y de paso tirando cartitas seductoras. La escena que debía realizar Daniela ocurría debajo de una sábana. Ella y Mario tenían que hacer unos movimientos como para que la tela parezca tener vida, todos los demás estábamos mirando como la sábana se movía y aconsejando los mejores aspectos en busca de la armonía visual, hasta que en un momento la sábana dejó de moverse y Mario y Daniela terminaron enroscados como dos serpientes en pleno acto sexual. Fue una puñalada al corazón aquello. No lo podía creer. ¿Tan malos eran mis presentimientos? No estaba profundamente enamorado ni mucho menos, pero intuía una posibilidad, no me dieron ni tiempo a nada. Solamente un nuevo cachetazo con lo relacionado al amor. Otro más. Callos me estaban saliendo. Nunca en mi vida iba a poder encontrar una mina con la que compartir mis momentos y amor. Había nacido para la desdicha. No sabía como encarar a las chicas. No sabía que decirles. Mi vida era un aburrimiento. Miraba mi colección de monedas y mis enfermos cuadernos con mis escritos. Siempre solo. Sintiéndome sapo de otro pozo. Todos mis amigos ajenos. Y yo siempre siendo el simpático, el dulce, y de golpe retrotrayéndome hacia adentro. Sufriendo en pleno la post-adolescencia.
Y esa noche soñar. Y tardar en dormir. La cabeza girando y en el cerebro una lucha interna y radical. Pero es así. La que yo creía mi novia se estaba prostituyendo. Y estaba saliendo de eso y nada entendía. ¿Porqué no podía tener una relación sana y normal? Nada podía hacer al respecto, excepto seguir. Levantarme al otro día y hacer lo que me dicte la conciencia. ¿Ir a la facultad? ¿Salir a trabajar? ¿Ponerme a escribir? No lo sé. Sonará el despertador mañana. Me subiré al auto e iré a Wilde. Eso es lo que tengo que hacer. No conozco Wilde. Una perfecta tarde para pasear. Y así es no más. Wilde se presenta como un hermoso puesto al costado de las vías, entre árboles, verde y tranquilidad donde el aire fresco del mediodía entra por debajo del quincho, Raúl está detrás de la barra de madera cocinando unas carnes y tomando una birrita. Un buen programa. Y Raúl es una masa y me quedo comiendo carne, tomando birras y charlando con los comensales y Raúl. La tardecita se engulle al día y mejor espero un rato más así me evito el horroroso tránsito del centro. Y los días pasan. Y Daniela pasa y los acontecimientos se van generando y masticando e incorporando al cuerpo como para alimentar al alma.
No era Daniela en sí lo que me afectaba. Daniela era una representación de lo que debía aprender en ese momento para conocerla desde otra manera. La forma que tenía que conocer a Daniela era otra. Y de hecho nos fuimos y seguimos cruzando en los momentos adecuados, siempre diciendo que vamos a hacer un montón de cosas y nunca hacemos nada, pero ya vendrá. Ya surgirá el momento. Daniela por ahora, cinco años después de haberla convocado a actuar, me invitaba a una movida que estaban haciendo los Domingos en la sala Pinto. ¿Cómo había caído Daniela en Pinto? No lo sé, pero me resultaba más que interesante. Las cosas en Giribone iban pudriéndose de a poco. Había algunos de mis compañeros que apenas me dirigían la palabra. El domingo me habían decretado el día libre. En Giribone hacían Jam sessions y yo me iba con Jaky a hacer el programa de radio y luego pasaba rigurosamente por el AntiDomingo. Una rutina perfecta. Alejo me dejaba poner la mesa con los libros y hasta a veces me daba permiso para leer algún que otro poema al público. Le preguntaba a Alejo si por favor me dejaba leer y su respuesta era: ¿Leer? ¿Qué vas a leer? Un poema. ¿Un poema? ¿y para qué querés leer un poema? No sé Alejo, no quiero que me preguntes esto, hacémelo un poco más fácil ¿Puedo o no puedo? Bueno dale está bien, me decía con cara larga y de compromiso. Y así era siempre. Pero no importaba eso. Bien lo dijo Guillo. Mi arma es la poesía y la policía no sabe encontrarla. La lucha es grande pero no tengo miedo. La bomba soy yo. No necesito de nada.
Había conocido a Karina un año atrás en el encuentro multiplicidad, junto con Romina coordinaban un grupo literario llamado Zapatos Rojos. No sabía mucho a que se dedicaban, pero si que tenían que ver con nuevos escritores. En mi afán de gestar las redes independientes me parecía que eran una buena punta para agarrar e introducirlas de prepo en )el asunto(. Como pensaba que mis ideas eran geniales y que toda la gente era copada no entendía porqué era que fracasaba en la verdadera concreción de laburo conjunto. De golpe me encontraba en el barrio de Saavedra, en Pinto, la antigua sala de ensayo donde 10 años atrás nos juntábamos a tocar con La Justica del Pato, con Diarrea Estival, con La Busseca, pero ahora estaba concurriendo al AntiDomingo invitado por Daniela y ahí estaban las chicas de Zapatos Rojos haciendo sus movidas.
¿Porqué se juntaba esta gente aparentemente aleatoria ante mi vida? Era una pregunta que no tenía respuesta pero que me hacía creer que el mundo (por lo menos el mío) era pequeño, y que si trabajábamos en conjunto íbamos a poder construir uno grande en donde las cosas ocurrirían como en verdad queríamos.
La misma gente que me cruzaba por la vida y la noche se conocía entre sí y armaban movidas conjuntas, yo no tenía más que ser una especie de motor de unión, una tarea que nadie estaba realizando, creía que eso era lo que buscaba toda esta gente, pero cuando intentabas hablar de la Unión Verdadera se vislumbraba la verdad. Había una crisis económica de la puta madre y el principal objetivo era salvar el propio pellejo y poder crecer con el propio proyecto desconfiando de un tipo como yo, que con fama de bardero y berreta, iba imponiendo desde la nada las nuevas pautas para relacionarnos y darle por culo a La Bestia. Y la realidad es que nadie hablaba ni se interesaba en La Bestia.
No hacía ni un año que había salido a la cancha con los tapones de punta, ya había entendido que la salvación personal era imposible, o por lo menos el camino para lograrla era bastante más arduo del que me suponía y entonces, al intentar la salvación colectiva me encontraba con un amplio aspecto de nuevas dificultades, pues al igual que yo, toda esta gente estaba llena de dudas, errores y problemas personales y mi escasa trayectoria sumada a la forma de transmitir las ideas, daba la sensación de encontrarse ante un típico argentino, chanta e inexperto, que dice conocer el mundo por haber viajado a Miami en la época de Menem. Y tenían razón. Los que venían laburando estaban podridos de gente que sale a la cancha, juega un par de meses, promete el oro y el moro y como las cosas no resultan se va. Unión, intersección y división de conjuntos. Inclusión también. Somos gotas de agua y a veces somos lluvia y a veces lágrimas, pis también, sudor, agua en la rodilla, agua estancada, mineral, potabilizada, somos nieve y manantial, mate, vapor, nebulización, agua destilada en el radiador, agua pesada, somos todas las formas del agua. Hielo en rolito, hielo Glaciar, hielo en una nube granizada, paredes de hielo en las alturas que detienen aviones. Somos Mar. Nos unimos y desunimos y seguimos siendo. Seamos mar entonces antes que agua de radiador.
Lo cierto era que intentaba hacer “algo” con la gente de Zapatos Rojos y no sabía explicarles que era lo que quería hacer y caía con una revistilla al Cabaret Voltaire y les decía, es una revista colectiva, todos tenemos que pagarla y les mostraba la página dedicada a Zapatos Rojos y no entendían nada, como quien está leyendo estas líneas. Pero así es que vivía. No entendía nada. La literatura se estaba transformando en un negocio fraudulento. ¡La Literatura! ¿Qué nos pasaba a los poetas? ¡A Nosotros! ¡Los locos poetas rompe sistemas y anárkicos! No teníamos un puto andamio en donde treparnos, no teníamos radio, fuera de los efímeros fanzines, libros pedorros, lecturas en ciclos a los que iban 10 personas o internet, no teníamos medios donde expresarnos, y sin embargo éramos, luchábamos espacios, a fuerza de golpes y derrotas empezábamos a trabajar verdaderamente, eran los primeros indicios. La red empezaba a tejerse y ya sufría sus primeros embates. Me incluí en el mailing de Zapatos Rojos y recibí una información que en la semana siguiente iban a participar de una maratón de Poesía en Mar del Plata, hablaba de inscripciones, de módulos poéticos, mesas de lecturas, ponencias, presentaciones de libros, presentaciones de ciclos, parecía ser una cosa importante la fundación: el mail estaba bien diseñado. Y ahí estaban invitadas las chicas de Zapatos Rojos, y ahí estaba Pantuso, y Maldita Ginebra, y tantos otro y yo no. YO. ¿Cómo era posible aquello? ¿Cómo era posible que no me invitaran a MI, el nuevo gestor de la red cultural más grande del mundo? Tenía un mail esa fundación, y tenía un secretario, un presidente, un tesorero y vocales. Me había llegado muy sobre la hora el mail, y no pude concurrir al evento de marzo. Igualmente me suscribí al boletín, por lo que seguí recibiendo noticias de La Fundación de Poetas. Al parecer organizarían otro encuentro en Julio y estaban pidiendo que los poetas confirmen su asistencia. Probé suerte e increíblemente me contestaron. En el próximo mail de difusión estaba anunciado mi nombre en una mesa de lectura. Debía viajar a Mar del Plata y así lo hice. Me llevé una mochila con un montón de libros y anuncié, por mail colectivo, el propósito del viaje.
Después de un año y medio de no saber nada de él me responde Juan Pablo Souto, aquel chabón con el que gestamos )el asunto(, diciéndome que un amigo suyo estaba en Mar del Plata y que iba a ir a verme. Él estaba viviendo en Córdoba.
Con 100 pesos en el bolsillo me tomé el tren hacia La Feliz. Si alguien vio la película “el largo viaje de Nahuel Pan” esa fue la escena. Pasé todo el viaje en el vagón comedor emborrachándome con dos tipos que iban a comprar pulóveres berretas que luego revenderían por las calles porteñas. La gente del tren era una masa. Todos parecíamos ser amigos, pero no. No tenía idea de la lacra que también viajaba. De golpe me encuentro al costado del baño convidándole vino a un tipo que estaba todo tatuado fumando un porro, fumo un poco y digo las palabras inapropiadas. El tipo me traba con el antebrazo el cuello contra la pared y me dice:
¿No sabés con quién estás hablando? Acabo de salir de Devoto después de más de cuatro años.
La borrachera se me esfuma en un segundo y el corazón me late con fuerza. Quedo mudo. Sólo intentando pedir piedad con la mirada. Su amigo es el que me rescata, pero no de buena manera.
¡Dejalo a este pobre imbécil! No te vas a estar ensuciando por este mierda. Se llevaron lo que me quedaba de vino pero por suerte me dejaron la plata y la mochila. Bajé del tren a las dos de la mañana y había una cafetería abierta. Me metí ahí dentro sólo como para esperar que se disipe la gente, calmarme un rato y pensar que hacer. A la hora el bar cerró, no tenía como para garpar un hotel por lo que se me ocurrió dirigirme al centro cultural y esperar. El lugar obviamente estaba cerrado y en la calle hacía frío. Apoyé la mochila contra la reja, metí mi cabeza entre las rodillas me hice como una bolita y me dormí. Me desperté un par de horas después verdaderamente congelado. El frío de Mar del Plata en julio es terrible. Frío húmedo que traspasa la ropa como si no existiera y empieza a enfriar directamente desde adentro. Una especie de microondas al revés. No me importó el parecer un ciruja y saqué la bolsa de dormir preparada para 4 grados bajos cero. Mierda. Hacía más frío aún, pues a las 6 de la mañana me volví a despertar entumecido. Me levanté entonces y vi un bar enfrente que estaba abierto y despacito fui entrando en calor.
Si bien la Maratón empezaba a las 10 de la mañana a las 12 todavía no había nadie. A eso de las 3 de la tarde el centro cultural se fue llenando y a las 4 cayó Fernando, el amigo de Juan Pablo. La verdad es que no me acordaba de él ni su nombre. Se quedó un rato a escuchar la poesía pero era obvio que no le interesaba en lo más mínimo. Ese día la maratónica eran un montón de viejas que tenían tiempo libre y concurrían a talleres literarios y decían en forma de versos lo lindo que eran sus retoños y recordaban a sus maridos muertos en su regazo en la aurora o el crepúsculo. Había algunas cosas interesantes, pero la mayoría se cagaban en todo y sólo querían leer su mierda y terminaban de cagar y se iban y dejaban su inmundo olor que intentaban tapar con colonias baratas. Fernando me dijo que iba a pasar más tarde y se fue, como era obvio.
Con el correr de las horas y de las birras la marathónica se empezó a poner más interesante, José María Sorgón dio un insoportable discurso del lenguaje en la poesía y del porqué no debían utilizarse términos soases o “malas palabras” ya que estas defenestraban (no usó esa palabra) al buen uso de la lengua y bla bla bla bla justo después me tocaba leer a mí. Había elegido dos poemas: “el mejor culo de Latinoamérica” y “de putas”. Juro que disfruté verlo retirarse indignado delante de mí haciendo bufidos con su boca y faltándome alevosamente el respeto que le sobré en su discurso. Si bien no soy capaz de juzgar mi propia poesía, consideraba que estaba bien mi presencia en ese ámbito, pues renovaba un poco el aire viciado de respeto y solemnidad que muchos de los concurrentes querían darle a su propia obra. Incluso René, el gran impulsor de la maratónica, creía interesante mi presencia, ya que si bien él le daba un marco formal y correcto al encuentro y su poesía era hasta casi gótica, necesitaba de algún descontrolado que barra un poco todo eso y le dé por culo a la formalidad que él mismo pregonaba y no podía sostener. René tenía una forma de barrer con lo preestablecido que lo transportaba hacia el carajo, aguantaba, aguantaba y aguantaba hasta que en un momento mandaba todo verdaderamente a la mierda hasta casi verlo sin posibilidad de retorno, o por lo menos de retornar en el momento. Después de mi lectura tenía a las aguas divididas, no sé si las viejas gustaban de mis lecturas, pero de hecho que por lo menos a muchas les caía simpático. Pienso que la sonrisa tenía mucho que ver y me tapaba posibles mocos que me podía llegar a mandar, era un ser “perdonable” y si bien no utilizaba eso como estrategia para mandarme cagadas, si lo hacía para solucionarlas, no en forma premeditada sino naturalmente.
Con el correr de las horas fui conociendo diferentes personas entre las que se encontraba el Vasco, que venía desde Misiones con una docena de libros artesanales. Comentó que en su ciudad se iba a realizar un encuentro nacional en el mes de septiembre y me propuse internamente poder concurrir. Estaba bueno eso de “maratón” de poesía, pues sólo resistían las personas que tenían verdadera gana de quedarse y por supuesto cierta resistencia física para aguantar 12 horas por día durante 4 días de ininterrumpidas lecturas, charlas, alcohol y mente fresca y para colmo después de eso: joda.
Fernando pasó a buscarme en su motito a eso de la una de la mañana y fuimos a su casa. Vivía en un piso 15 de un edificio alejado, por lo que desde su ventana se veía absolutamente toda la ciudad y el mar. Era un departamento diminuto de tres ambientes. En uno dormía él, con su mujer y su hijito de un año, en el otro estaban parando (temporariamente hacía 2 meses) sus suegros, y a mí me hizo un lugar en el living. No entendía como esta persona que había visto una o dos veces en mi vida reacomodaba toda su rutina para hacerme un lugar en su casa, pero así era.
Recién durante la salida nocturna entendí un poco como era la mano. Fernando estaba podrido de su casa y necesitaba por todos los medios una excusa como para escaparse, fuimos a la casa de uno de sus amigos, un tal Esteban que estaba de novio con la gorda Elba. Elba había sido “la putita” del grupo y todos los pibes que había en la casa se la habían garchado y cuando querían un pete no tenían más que llamarla y ella lo hacía con gusto, al parecer ahora estaba más tranquila y ya no era gorda, eso me lo contaba Fernando mientras viajábamos hasta la otra punta de Mar del Plata, más al sur del faro aun, hacia el barrio Alfar cagándonos de frío, soportando el traqueteo del ciclomotor y la enorme incomodidad de no saber como mierda sostenerme sin tener que abrazarme como un puto o agarrarme de los pequeños huecos que tenía el asiento. Todos los amigos de Fernando se sorprendieron al verlo, y en un toque empezó a correrse la bola que estaba él y fueron cayendo más y más gente. Al parecer hacía meses que no disfrutaba de una noche con sus amigos y uno de los que vino, para “recordar los viejos tiempos” trajo una bolsa, pero una BOLSA de merca casi del tamaño de un puño.
La gorda Elba estaba buenísima y su “novio” estaba ahí al lado. Fernando cayó con su “amigo escritor” de Buenos Aires y apenas nos presentó tuve que bajar la vista. Literalmente me comió con la mirada. Cualquier cosa que yo acotaba en la amena reunión era suficiente para que me prestara una exagerada atención y me mirara fijo saboreándome no sólo con sus ojos, sino con su rostro y su cuerpo entero. El pobre infeliz de Esteban se percataba de esto e intentaba jugar un papel de celoso, algo completamente estúpido, ya que si se hacía el ofendido y se retiraba iba a dejarle el terreno libre a sus deseos. Yo no sabía qué carajo hacer. El platito con el billete de 2 y la tarjeta del videoclub seguía girando y Elba hizo el intento para que Esteban sea el encargado de ir a comprar un poco de alcohol, pero Esteban fue más rápido y se decidió por un delívery. A ella no le importó nada eso y desde la nada me dijo al oído, mientras él hablaba por teléfono, que vaya a su habitación y mire unos cuadros que había pintado. No sabía que hacer, muy bizarro parecía todo. ¿Garcharíamos ahí mismo? No entendía ni tenía ganas de pensar demasiado. Pasé el hall que conducía al baño y en vez de entrar ahí entré en su habitación y me sentí nervioso y tonto. No había ningún cuadro colgado. Sólo una cama matrimonial, un televisor y desnudas paredes de oscura madera. Nunca me había pasado algo así y hasta casi tenía miedo. Habrá pasado un minuto pero hasta que entró Elba pasó una eternidad. Sin mucho más me dijo: me gustás. Y al toque me agarró de la cintura y me metió la lengua hasta la garganta. Se me puso casi tan dura como estaba ella. Parecía un nenito al que le regalan una juguetería y no sabe que juguete agarrar primero, pero ella era una buena guía, me entró a tocar mis partes pudendas y me arrastró directamente al interior del baño. Puso la traba, me abrió la bragueta y empezó a trabajar con la boca. Yo no podía disfrutar, escuchaba risas en la habitación contigua y no tenía idea como podía llegar a reaccionar este tal Esteban, que por cierto se percató de nuestra ausencia y se acercó hasta el baño y golpeó la puerta. La miré a Elba desde arriba intentando encontrar una respuesta, puso cara de fastidio, y en un perfecto fallido dijo: ocupada.
El tipo era realmente un boludo o el realmente boludo era yo. Su respuesta lo satisfizo y se fue, pero a mí no. A pesar que estaba más caliente que una cerveza al sol la corté de una diciéndole: basta, loca, pongámonos las pilas, no da. Y ella nada, su cerveza directamente hervía. Le importaba tres carajos y siguió con lo suyo, frotaba los dos enormes rezagos de su ex gordura con las puntas casi más erguidas que el centro de mi cuerpo y me hacía sentir la suavidad de su dureza de forma casi racional. Lo mío era disfrutar de la situación, pero no de la situación de peligro o algo así, sino pensando: “esto no pasa siempre y es algo que todo hombre desearía, por lo tanto debo disfrutarlo”. A pesar de mis pensamientos y de su indiferencia a la situación eso no pasaba y mi racional mente ponía el freno. ¿Cómo salgo de acá? ¿Con qué cara miro al chabón después de esto? ¿Cómo mierda freno a esta mujer que no le importa nada? Esos eran mis pensamientos. Pacatos. Retrógrados. Moralinos. Estúpidos ante gente que no conozco y que muy difícilmente vuelva a encontrarme por la vida pero que mi ser interior dice que debo respetar. ¿Cómo decirle a una mujer que no querés que te chupe la pija?
Es fácil, muy fácil: Pará, no da para más. Está todo bien, pero no quiero vivir el después. Sólo quiero saber como resolvemos nuestra salida. Ella por fin parece que lo entendió y me sugirió algo simple: salía ella, yo me quedaba un ratito en el baño y luego salía haciéndome el dolobu. Me pareció muy burdo y obvio aquello, pero tampoco iba a ponerme pensar demasiado y así lo hice. Era bastante la gente que había en la casa, todos considerablemente colocados, por lo que mi presencia o ausencia pasaba desapercibida. Elba salió del baño y me encontré solo y al palo, teniendo que esperar unos minutos para que se disipen las sospechas. Los aproveché y me hice una puñeta. El boludo, o el que se hacía el boludo, siguió haciéndose o siendo un boludo una vez que todos nos vimos las caras y la noche continuó. ¿Quién era el boludo? El boludo era yo.
No podía entender la cantidad de merca que tomaba esta gente. Serían ya casi las 5 de la mañana cuando decidimos salir. La moto la dejamos ahí y nos subimos a un auto y fuimos para La Mula, en un viaje que no duraba más de 20 minutos habrán tomado 3 pases cada uno mientras giraban los porros ¿qué noche era esa en donde rechazaba secas, virulazos y chupadas de goma? ¿No era yo el escritor reventado que describía noches porteñas de desenfreno? De hecho que era así, las describía, las relataba en carne propia, las comprendía y hasta me vanagloriaba de ser un personaje de la marginalidad. Pero veía la realidad y me superaba ampliamente, y eso que no conocía, ni de lejos, a los verdaderos, a los que no saben y ni siquiera les interesa mostrar el mundo en el que viven.
Gente a las que le chupa tres huevos mostrarse de cual o tal manera. En su ámbito lo hacen, sí, pero con sus códigos que están tan alejados del mundo literario como yo lo estoy de la necrofilia.
EL DESMONTE

Llegué a Aristóbulo del Valle a la mañana del sábado, al mediodía se largó a llover, y no paró hasta el lunes a las 3 de la tarde.
El encuentro estuvo bien, apareció un poco de frescura, ámbitos distintos, cosas nuevas, ver algo a lo que apostar, en fin, el sólo encuentro y el viaje ya son importantes.
A las 4 de la tarde del domingo salieron unas combis y srlup! ya no quedó nada de literatura, excepto la leyenda del famoso curupí, a la que las damas seguían dándole letra, y letra, y letra, y no paraban!!!!
¿El lunes? fue sólo escaparme para que no me agarre y pasear por Aristóbulo. Solo. Conocer ese pueblo y ver cómo vive la gente por ahí. Caminé desde la plaza principal, si es que pueda llamarse así, pues no tiene la típica estructura de los pueblos coloniales con una plaza con la iglesia, la municipalidad y el mástil con monumento. Hay un par de rotondas y una ancha calle con bulevar que conduce hacia arriba. Allá me pareció conveniente ir. Pasé la Plaza seca del salón cultural y seguí caminando por una calle de mojadas piedras marrones que se curvaba a la vez que ascendía. Muy pocos autos y muchos árboles y plantas. Parecía como la cima del pueblo, no entendía bien como era la estructura, no sabía para donde estaban los comercios, ni los barrios. Pero en cambio me encontré con un gran mirador que observaba hacia el otro lado. Fui hasta él. Desde el mirador se veía una nueva plaza, bastante grande y sin juegos ni caminos. Me pareció un buen lugar para fumarme un porro. No había nadie debido a la fina garúa que seguía cayendo. Una media hora me habré quedado hasta que decidí caminar para salir del pueblo e internarme en la selva. La calle de piedras se terminó y surgieron unos senderos de tierra bastante amplios. El barro me pegoteaba las medias a través de los agujeros del zapato impregnándolas de, según me dijeron, un indeleble color rojo. Me sentía ridículo con zapatos en ese lugar, pero no había llevado otro calzado. Vi un cartel que decía: Salto → y me mandé.
A los 500 metros ya no quedaba ningún vestigio del pueblo. El sendero me llevaba por el costado de una plantación de maíz y del otro lado había sembrado algunas hortalizas. Luego crucé unos 100 metros de pasto de no más de 50 centímetros de alto y más allá la selva. Parecía como si hasta tuviera una entrada, pues aparecía después del descampado demarcando directamente un línea. No era tan impresionante como la de las películas, bastante menos tupida pero selva al fin. Con lianas y todo y muchas orquídeas que crecían naturalmente. El terreno se hizo más escarpado y por momentos tenía que agarrarme, debido al piso mojado, de las piedras y raíces. Temía meter mis manos ahí, en el parque nacional hablaron de serpientes venenosas para cuya mordedura no hay antídoto porque la muerte se produce en minutos, entonces sostenía todo el peso con mis piernas observando minuciosamente donde apoyar mis manos. Llegué al salto, de unos 30 metros de altura bastante verticales. En la mitad había como una piedra que lo dividía en dos partes, decidí ir a observarlo desde abajo. Un sendero mucho menos transitado, casi inexistente era el que había que seguir. Bajé aún con más cuidado y por fin llegué. Disfruté unos cuantos minutos de su paz sentado en la roca, pero no estaba ciento por ciento relajado. Las serpientes seguían en mi cerebro y aunque habían dicho que generalmente escapan al hombre, trataba de no realizar movimientos bruscos y permanecer atento.
El segundo tramo del salto terminaba con un gran tobogán de casi 15 metros de alto. Los niños disfrutarán de él en el verano, pensé, ellos sabrán como manejarse con las serpientes. Emprendí la vuelta por el mismo sendero, ahora en subida, y me pareció mucho más corto, enseguida estaba fuera de la selva caminando entre el maíz y las hortalizas. Cuando encontré la primera casa sentía a pleno los efectos del tabaco, apenas podía respirar, vi unos hombres ahí afuera, uno arreglaba una moto sierra, el otro ataba un alambre a un aparato de madera extraño, dos jóvenes tenían machetes y un niño guardaba semillas. Pedí un vaso de agua entonces. Fue el niño el que corrió a buscarla, volvió al ratito y vi como dos nenas me miraban curiosas desde la ventana.
-¿de donde es usted? me preguntó el hombre que sostenía la motosierra
-de Buenos Aires
-¿y qué está haciendo por acá?
-vine a un encuentro de escritores
-¿De escritores? –preguntó como si estuviese delante de alguien importante
-Sí
-¿y usted es escritor?
-Digamos que sí ¿y ustedes que hacen?
-Vamos a sembrar
-¿y qué es eso? –pregunté señalando el aparato de madera que se asemejaba a una máquina de taladrar el asfalto.
-Es para sembrar –me dijo- Coloca las semillas acá, luego la clava en la tierra y cae una sola.
-Mirá que bueno- dije. Devolví el vaso de agua al niño y le pregunté
-Che, ¿se bañan en el salto?
-sí –me respondió tímidamente
Uno de los jóvenes del machete de 15 o 16 años me contó entusiasmado como era que se tiraban por el natural tobogán de piedra y sentí ganas de haber venido en verano y poder hacerlo. Comenté que estaba paseando por Aristóbulo del Valle y tenía toda la mañana libre, si no les molestaba que los acompañe. No sólo no les molestaba, sino que se sentían contentos de que un escritor de la gran ciudad esté ahí con ellos.
Excepto Daniel (el más grande) ninguno había salido en su vida de Aristóbulo del Valle y notaba en sus rostros un estúpido respeto hacia mi persona. No entendían como un porteño que todo lo tiene está acompañando a unos campesinos de un pueblo de Misiones a realizar algo tan insignificante como una siembra. Así mismo se los notaba orgullosos de poderme mostrar lo que hacían. Caminamos como 500 metros entre aisladas casas y luego, cuando la calle se terminó, bajamos unos 200 metros por una barranca de pasto. Las casas de madera seguían esparcidas respetando las normas urbanísticas y tenían alambres que delimitaban los terrenos. Mujeres que lavaban la ropa a mano o niños que jugaban en las “veredas” nos miraban y nos saludaban. Daniel parecía ser el “jefe” y saludaba a todos los que veía. Yo también hacía lo mismo en cuanto alguno clavaba la vista sobre mí.
Entre ellos hablan una mezcla de Portugués, Guaraní y Castellano, a veces entendía, la mayoría no. Incluso el castellano que escuchaba me resultaba difícil. Sin saberlo, ellos también eran hijos de la cultura global. Cruzamos una pequeña acequia y luego volvimos a subir otros 200 metros y por fin llegamos al terreno. Estaba todo quemado. Nos sentamos en un tronco chamuscado y esperamos que Daniel venga a decir cual era la parcela que correspondía limpiar. Se habían juntado 4 familias en la semana pasada y habían realizado el desmonte. Nadie sabía de quien eran las Tierras, ellos simplemente se juntaron y realizaron la quema de la selva en una superficie de alrededor de 2 hectáreas. Entre las cuatro familias se dividían ese sector.
Daniel había venido de Brasil, usaba un sombrero alguna vez blanco de ala ancha bastante deteriorado, tenía alrededor de 40 años, cara flaca y le faltaban algunos dientes. No era pariente directo de los demás, se había juntado con la madre de el niño y Wenceslao y el Negro eran hermanos entre sí y vecinos de Daniel. Entre todos formaban lo que ellos llamaban familia de trabajo. Me enteré que los maizales y la huerta también la cultivaban ellos, tenían un criadero de Chanchos, gallinas, construían casas y sembraban para terceros. Siempre en equipo. Cuando llegó Daniel, con otro tipo más, después de haber hablado con las otras familias, dijo que el terreno era desde el árbol grande que había quedado en pie, hacia arriba y hacia la derecha. Era el único sector que estaba lleno de ramas, los demás ya habían sido limpiados. Machete en mano, Wenceslao y el Negro se pusieron a cortar las ramas finas. El otro tipo se agarró la “moutoserra” y le daba a las gruesas y el niño juntaba las ramas caídas.
-mirá lo que es esto –me dijo Daniel agarrando un puñado de semillas de maíz. –Son caras, 7 pesos el kilo, pero en 3 meses tenemos unos choclos así de grandes. Nosotros trabajamos en equipo. Sin Patrón –me comentaba mientras derramaba cuidadosamente las semillas en su artefacto sembrador. –Vine de Brasil hace 12 años, estaba muy perseguido, y juré que en mi vida iba a trabajar bajo patrón. Son lo peor que hay, hace ya dos años que estamos trabajando con los muchachos, es un buen equipo.
-¿y ustedes venden y después se reparten la plata?
-¡que vender! lo comemos todo esto, somos tres familias, tenemos que laburar todos los días, estábamos esperando que pare un poco la lluvia, venimos bastante atrasados y pensábamos sembrar el sábado, pero con lo que llovió fue imposible –dijo, y se levantó y empezó a clavar su artefacto que parecía una de las máquinas para taladrar el asfalto. Clavaba el pico en la Tierra, abría una palanca y caía una semilla, y a los 30 cm igual, iba caminando por el terreno que ya estaba limpio, en línea recta hasta el final. Incluso sembraba entre los arbustos que habían quedado en pie que delimitaban el imaginario lote.
Me sentí un inútil ahí parado viendo como todos estos trabajaban, decidí ayudar al niño a juntar las ramas ya cortadas. Agarraba las ramas y las tiraba hacia uno de los lados. Todo era negro, todo estaba quemado y primero las manos y luego la ropa se me entraron a llenar de hollín. Al rato apareció una señora con pollera larga, de edad indefinida con una olla grande y cubiertos e hicimos un impaz para comer una especie de guiso, todos reían y se hacían chistes que pocas veces lograba entender. Seguimos limpiando el terreno y salió el sol y por primera vez en mi vida vi como se formaban las nubes. Era increíble, mirabas la vegetación a lo lejos y veías el vapor que se elevaba e iba agrupándose guiado por las corrientes de aire y ahí, ya era de difuso color blanco y a medida que subía se juntaba con otros pedazos de vapor y era nube. Terminamos de limpiar el terreno y sembrar a eso de las 5 de la tarde. Acompañé a la gente a la casa y me lavé un poco, luego tomamos unos mates fríos, saludé a todos agradeciendo la cordialidad y me tomé el micro a Buenos Aires.
En el ómnibus pensaba: conseguí pasaje, conseguí que llueva y que salga el sol[5], y me estaba volviendo a Buenos Aires sin un puto cucumelo.
NORESTE
Robert tenía una sala de ensayo por Palermo y Jaky muchas veces lo llamaba para conectarse con bandas e invitarlas al programa de radio que ella conducía. Jaky era una laburante del Rock. Hacía diez años que tenía el programa y se la venía bancando a pesar de sus enormes dificultades económicas, pero eso no importaba, Jaky seguía laburando.
A pesar del caos que era Giribone los 8 participantes teníamos tareas bastante definidas, yo era el encargado de pasar la gorra cuando terminaban los shows y aprovechaba el momento y recitaba algún poema. Toda la gente que ahí concurría sabía de mi trabajo para con la poesía y Robert no era la excepción, por eso fue que le pasó mi teléfono a Jaky, ya que estaba medio podrida de darle y darle difusión a los músicos que lo único que les interesaba era triunfar para sí mismos. Estaba intentando abrir un poco el juego y meterle una sección literaria al programa. Ella no conocía mucho de poesía, pero había hablado con una editorial que le presentaba gente que escribía e invitaba a la radio, la sección seguía y los poetas de la editorial se terminaban por lo que recurrió a mí. Yo conocía a bastantes poetas, y estaba dispuesto a ayudarla. Empecé a concurrir como columnista invitando a poetas o en su defecto leyendo poesía de otros y en uno de esos días me cruzo con un tal Gustavo Córdoba, un poeta chaqueño que me cuenta que en el mes de Febrero va a haber una feria de escritores en la localidad de Sáenz Peña, en Chaco. Me dio el mail de uno de los organizadores y le escribí.
Mierda. Yo creía saber lo que era tener calor. Llegué a Sáenz Peña en el mes de febrero a las 2 de la tarde después de 16 horas de viaje y la ciudad estaba literalmente desierta. No tenía la más puta idea de donde ir, solamente atiné a preguntar para dónde estaba el centro y empecé a caminar con la esperanza de encontrarme con algún cartel que me indique algo sobre el evento.
Mi pesada mochila cargada de libros, las gotas de transpiración cayendo no una tras otra sino continuamente, la ropa pegoteada y la incertidumbre hacían que me pregunte: ¿Qué mierda hago acá? y en las calles, nadie. Hasta yo estaba ido por el calor y la falta de alimento. Ni siquiera un kiosco abierto para comprar una fáking gaseosa, pero de repente, desde la nada, apareció ante mí el lugar. El predio de exposiciones municipal donde se hacía el evento. El tipo que estaba limpiando me dijo que la gente estaba en la vieja estación de tren y hacia allá me dirigí. No conocía a nadie, pero eso no era ningún problema, a esta altura de mi vida no tenía inconvenientes en llegar, presentarme y hacerme de amigos. Habría una veintena de jóvenes metidos dentro de la vieja estación reacondicionada como centro cultural, un lugar muy bonito que disponía de uno de los mejores inventos para una zona como Chaco: Un enorme aparato de aire acondicionado prendido las 24 horas. Todos estaban tirados durmiendo la siesta, charlando en grupitos de 3 o 4 y tomando tereré. Tereré de Fernet, Tereré de gaseosa Tubito de 18 colores distintos y un solo gusto. Tereré de Cerveza. Tereré de agua helada. Cualquier cosa le metían a los enormes mates de medio kilo de yerba. Las gaseosas Tubito eran un canje de publicidad y la comida nos la dieron desde el programa de alimentación municipal. A nosotros, los pobres escritores jóvenes sin libros que dormíamos la siesta en el gran teatro con un aire acondicionado de 5000 frigorías mientras tomábamos Fernet Capri con hielo y Tubito color cola y abríamos paquetes de yerba con la inscripción “prohibida su venta”. 10 bolsas de fideos, varias bolsas con verduras, 2 pollos, huevos, aceite, leche, todo lo comprendido en la canasta básica de alimentos ahí dado por el municipio para que los escritores pensemos que el gobierno piensa en la cultura, pero en el predio donde se realizaba la feria, nada. Una pequeña mesa en un rincón en donde nos dejaban exponer los libros, pero no venderlos, porque para eso se requería un trámite que debíamos haber realizado una semana antes. La mayoría de los libros de la tercera feria chaqueño regional hablaban del quebrachal, del monte, tapas con caras de indios o vasijas, “Mi querida Tierra”, “El Chaco y su gente” y todos los pibes del centro cultural escuchando Hip-Hop y fumando porros en su puta vida habían visto un quebracho más que muerto y descuartizado debajo de las vías del tren que ya también muerto y sin sepulcro retorcía sus hierros al sol pudriéndose lentamente ante una tonta carrera que habían ganado los fabricantes de autos junto con las petroleras, la concesionarias de peaje y Carlos. Pero de esto no hablaba la Cultura de Chaco apoyada por el gobierno. Las presentaciones de los libros parecían haberse quedado en la época de los militares. Peor, porque ahora podían decir y nada decían, los escritores se sacaban fotos con el secretario de cultura y esperaban ansiosos el subsidio para publicar su nueva y magnánima obra, dónde en la primera página se veían los agradecimientos y en el diario del día siguiente estaba la nota a la feria con la foto del intendente mientras la inauguraba. Y los concurrentes entraban y compraban los libros de los grandes escritores chaqueños y nosotros, los jóvenes, permanecíamos en el rincón, entre el stand de Tubito y el botellón de agua fresca tratando de vender algún libro en la clandestinidad, sin que nos vean los directivos. Para el último día conseguimos que nos dejen vender “legalmente”. Alejandro laburaba en la librería La Paz y así pudimos llenar las correspondientes solicitudes a pesar que nuestros libros no tenían ISBN. Ahora sí éramos legales. Nuestros libros ya no costaban 5 pesos sino 8 y la plata la recaudaba la organización, en la semana siguiente podríamos ir a Resistencia y cobrar el fruto de nuestro trabajo. Mi pasaje a Buenos Aires era para las 8AM del lunes, por lo que poco podía hacer para cobrar los libros, en fin, espero que los dueños de la librería se hayan comprado una cerveza helada con mi dinero y brindado por mi involuntaria donación, aunque lo dudo, muy probablemente habrán estado amargados porque la relación costo beneficio del evento resultó un 12 por ciento menos del superavit especulado. De hecho nunca más hicieron otra feria.
Nuestra evaluación del Akampe Kultural (así decidimos llamar a el rancho aparte que habíamos armado) fue exageradamente elogiada por nosotros.
Logramos pasarnos todos los mails y prometernos la autogestión de otro Akampe en la Ciudad de Corrientes para el mes de Julio. Duró apenas un par de semanas la comunicación cibernética y el proyecto se fue dilapidando y desgastando hasta quedar en el completo olvido, pero no.
Ya nos conocemos. Ya sabemos que hay gente trabajando por otros lados de la Argentina que está en la misma que nosotros. Ya sabemos que nada podemos esperar de las instituciones y gobernantes excepto alguna tajada de sus mugrosas prebendas. Ya encendimos la mecha del Chasquibún, que hará explotar el triangulito húmedo, que reventará el miguelito encadenado al rompeportones haciendo estallar los 3 tiros detonando por fin la bengala que haga volar por los aires la fábrica de pirotecnia entera y las chispas se propaguen a otras ciudades y países y continentes y que la Unión Verdadera empiece por fin a trabajarse en forma real y concreta.
El año seguía pasando y pasó julio y del akampe en Corrientes nada. Y del akampe en Sáenz Peña sólo algunos recuerdos. Un hermoso recuerdo sobre todo que me rompió la cabeza. Salimos con los chicos a fumar al “andén” y ahí estaba estacionado. Un tren. Un impresionante tren que quién sabe para qué el municipio seguía manteniendo. Era de noche y estábamos del orto y en eso escuchamos el bocinazo y de repente toda la estructura metálica empezó a moverse muy despacio, más despacio aun, las oxidadas ruedas iban girando lentamente y la industrial música iba tomando ritmo. Desde la nada y hacia ningún lugar empezaban a pasar vagones de carga uno a uno mientras nosotros ahí a uno o dos metros dábamos caladas y nos rompíamos la cabeza con la imagen. Las tenues luces le daban una iluminación cinematográfica y todavía hoy puedo percibirlas. El sonido iba creciendo en volumen y velocidad y el flash se iba incrementando. Demasiado largo era el tren. Demasiado trabajo le costaba moverse pero ahí al lado sentíamos su fuerza, su traqueteo, sus ansias por seguir subsistiendo. Ese tren tenía vida y a su vez parecía un tren fantasma. Nadie había en la estación para despedirlo o recibirlo y sin embargo estaba y funcionaba. ¿A dónde iba? ¿quién lo conducía? ¿Para qué? No eran preguntas para las que teníamos respuestas. Estaba simplemente ahí para que los 5 o 10 colgados nos fuéramos. Polizones de la locura. Pasajeros de la reflexión. Viajeros en el ocio hacia el ocio mismo para llegar hacia ningún lado y quedarse ahí. Y entender que el regreso es estúpido porque el viaje es circular, pero no, tampoco es circular, es espiralado y es tan chiquito el principio que no se vislumbra y es tan grande el final que tampoco y es que no hay partida ni llegada, es un eterno retorno hacia donde nunca estuvimos. Es un tren que salió hacia el más acá y nunca llegó y si lo buscamos en las computadoras y las hojas de ruta está pero nadie puede asegurar que estuvo o estará. No hay muchas vueltas ni
muchos testigos y si existen estaban tan drogados que sus opiniones no son tenidas en cuenta. Pero nada de eso importa. Las cosas ocurren o se inventan. He visto a Sandra Bullock chupando pijas en internet. He visto dinosaurios filmados. He leído en el diario que Sadam Hussein es el peor de los mierdas. Creo en la existencia de Bin Laden y no en Dios. Creo en el Espíritu Santo y creo que el Pavo Navideño que llevó Bush a sus soldados era de plástico. Creo en la Virgen María y en la inocencia de Michael Jackson y creo que el tren fantasma que partió de Sáenz Peña fue verdaderamente fantasmagórico y real.
Al año siguiente recibí un mail de Tony que me decía que la secretaría de cultura de la ciudad de la Pendorcha estaba organizando un encuentro de nuevos escritores argentinos y que él me había propuesto como para que me inviten. A Tony lo había conocido en el Akampe y era un joven escritor y profesor de la secundaria que le cabía mi forma de escribir y quería que se conozca mi forma de laburar y todo eso. Pero resulta que le mostró mi libro a las autoridades y mi libro tenía tapa artesanal y le faltaba un buen guillotinado, por lo que las autoridades decidieron invitar solamente a Graciela Zimerman. Graciela era una poeta joven con la cual, increíblemente, había tenido un affaire a mis 21 y sus 17 años, cuando ninguno de los dos sabía siquiera que algún día íbamos a tener un libro nuestro entre las manos. Creo que ella había estudiado letras y hasta le habían hecho notas en diarios nacionales. Tenía un par de libros publicados en editoriales independientes y un cuerpo y una presencia envidiables. En su época no había prosperado nuestro romance pero cuando después de 10 años me la encontré en una fiesta de Venus me quedé atónito. Estaba como un bobo en Cemento observando a una verdadera perra. Una mina que se apareció a la fiesta con una pollera transparente y en corpiño de maya y unas tetas, unas TETAS perfectas. Y mirándola me pongo a ver sus ojos celestes que me transportaron al cielo, y la mina me clava la mirada y se acerca, y se acerca, y sí, viene a mí y me dice: Hola Pablo, y ahí caí. Caí al piso como un huevo frito pasado y volvimos a tener “cierta relación” ahora que estábamos emparentados con la literatura. Cierta relación quiere decir que nos encontrábamos y nos saludábamos, no mucho más, pero en fin.
Ahora la invitaban a ella, que era la gran escritora y a mí no, porque era trucho, porque yo ya había entendido que mi apellido era Strucchi y que desde chiquito en vez de Struqui (como debería pronunciarse) era Estruchi. Si bien me chupaban un huevo las invitaciones formales y el “establishment” quería pertenecer, una especie de contradicción, puede ser, pero cada vez que salía en una revista o me hacían una nota en la radio me sentía orgulloso y quería MAS. En la superficie de mí quería ser famoso y cuando alguien que no conocía me conocía me sentía bien. Me parecía que eso era como el reconocimiento a mi trabajo de hormiga del cual pocos se daban cuenta.
En el 2004 fui a Aristóbulo del Valle, en Misiones y fue un encuentro literario muy bonito. Decidí volver en el 2005 y así lo hice. Intentando aprovechar mi viaje por la zona le escribí a Tony y a Marina (otra escritora de Resistencia con la cual nos veníamos escribiendo) como para organizar algo. Mi idea era simple, ya que iba a ir a Aristóbulo del Valle en Misiones, no me costaba nada pasar por Resistencia y participar en una lectura o algo así. El 9 de septiembre viajaba para Misiones, por lo que hablamos con Tony y Marina para organizar algo para el 16 o 17. Me quedaban 5 días en el medio en que pensé pasar por Posadas o algún lugar de la provincia de Misiones. Había conocido a Solange en el encuentro de Aristóbulo del 2004 y me la había cruzado en un encuentro en Neuquén en el 2005. Solange era de El Dorado y estaba estudiando en Posadas y le propuse que organice alguna lectura o algo por allá para el martes o miércoles. Ya tenía como una especie de gira, Aristóbulo del Valle, Posadas y Resistencia, no sabía mucho como iba a ser pero algo habría. Aristóbulo del Valle es un pueblo chico y más o menos me imaginaba lo que iba a pasar, la provincia de Misiones, en general, está bastante organizada en lo que se refiere a encuentros literarios. Realizan uno por mes en diferentes ciudades, por lo que de esta manera todos pueden concurrir a todos los encuentros, pero como generalmente resulta, es muy difícil abrir el juego como para que no sólo concurran poetas, sino gente de la calle. Más de 100 escritores reunidos en Aristóbulo del Valle no lográbamos convocar a 10 personas ajenas a la literatura para que vengan a escucharnos, a pesar que el encuentro tenía apoyo oficial, y por consecuencia un subsidio, todo terminaba con lecturas para lectores, que no está mal, no, son formas de conocernos entre los que intentamos lucharla con la poesía, en este mundo dónde la gente está pasando hambre nuestro objetivo era alimentar con cultura, pero era tan difícil eso, tan fácil parecía escribir unas líneas y leerlas ante 50 personas que yo creía que la gente se daría cuenta de nuestra estafa ¿Cómo era posible que en un país donde hay hambre el gobierno ponga plata para que un tipo como yo lea lo que se le cante el culo? Cosas que me habían surgido sin el más mínimo esfuerzo. Una birome y un papel eran suficientes para comunicar lo que pensaba, pero no me daba cuenta que ESO era la Poesía. El arte más elemental y más rudimentario. No se necesita plata para producirlo. No hace falta realizar estudios previos. Solamente el cerebro, la birome y un papel, ni siquiera. Uno puede pararse en una esquina y recitar de memoria y nadie puede venir a decirte nada.
Ayer, justamente, estuve hablando con Karen al respecto. Karen es integrante de un grupo de Hip Hop y me decía que muchas veces tienen discusiones en ponerle música a sus recitados, ya que al ponerles ritmos la gente empieza a sentir con el cuerpo y la percepción se divide y la lírica se va disipando. En la poesía es distinto. La poesía es SÓLO palabra. La forma más directa de entrar en razón a través de un arte y aunque eso está desvirtualizado y los poetas piensen más en la forma que en el contenido, no importa. Es abrir las puertas de que quien quiera puede hacerlo, y si la poesía es bien chota mejor, pues quien la escucha sentirá vergüenza ajena y dirá “pero este es un tarado, yo escribo mejor que él” y se largará a decir lo que piensa y se multiplicarán los poetas chotos que irán aprendiendo.
Si le preguntamos a la gente corriente que nos nombre 3 poetas argentinos contemporáneos, muy probablemente no lleguen ni a uno, y sin embargo es un género muy respetado.
Desde mi punto de vista veía como que había que desacartonar a la poesía y llevarla a un campo más ameno y popular. No me gustaban las palabras rebuscadas ni el respeto. Eso me traía bastantes dificultades porque muchas veces mis lecturas no eran consideradas poéticas. Simples actos panfletarios viciados de puteadas más mi imagen baqueteada hacían que en los encuentros se armen reuniones para impedirme leer, que por suerte no prosperaban, pero hacían que me replantee muchos aspectos.
Durante el encuentro formal todo transcurría tranquilo, pero por las noches... La mayoría de los encuentros tenía una grilla bien estipulada durante el día, y a la noche ocurrían las lecturas improvisadas o libres. Esto es: cerveza y vino, sobre todo vino y la lengua que se suelta y toda la formalidad se iba al carajo y ahí era verdaderamente donde me saltaba la ficha y creaba enemigos. Tenía una gran facilidad para crearlos, sobre todo en el INTERIOR. Y ahí está el quid de la cuestión. El interior. Me cagaba en el interior por la sencilla razón que no entendía porqué había que distinguir entre el habitante de Buenos Aires y el resto... y mi forma de plantearlo era la peor de las formas. Exageraba mi actitud porteña mostrándome más pedante que lo que en realidad era. En Buenos Aires no hay respeto, a nadie le importa lo que hagas o digas, no hay ayuda al prójimo, consideraciones ni camaradería. Buenos Aires es un sálvese quien pueda y ponerte en pelotas, abrirte el orto y decir “me gusta que me la metan por atrás” pasa a ser un espectáculo más, ya no es transgresión eso. Pero en Aristóbulo del Valle es distinto. Todos estábamos borrachos. Todos. Las viejas se habían ido para los hoteles caros y en la pensión quedábamos los lacras, los que no teníamos un peso y a las dos de la mañana seguíamos chupando hasta caer. Los poemas y las risas se sucedían uno tras otro, los gritos, los brindis, los baratos chistes de doble sentido para con las mujeres u hombres que ahí estábamos y nos estábamos divirtiendo y conociendo. Los cantos colectivos de canciones populares, la rubia de rulos de Misioletras, Theodosio de El Dorado, Pamela que el año pasado estaba embarazada y ahora tenía una hija y ya se había separado. Pamela que era punk en Aristóbulo, a su manera, obvio. Las camas de las habitaciones compartidas que se iban llenando con los que caían, alguna parejita que se formaba, juerga, descontrol, un porro en la calle. Vecinos que no entienden o no están acostumbrados y de repente ya no más recuerdos. Levantarme a la mañana y ver que la mitad de la gente ya no me dirige la palabra. ¿Qué habré hecho? Y... te desubicaste... ¿Pero qué hice? No te hagás el boludo. No entiendo ¿No entendés o no querés entender? ¿Pero que pasó? Hiciste un strip tease, boludo.
Me acordaba del strip tease pero también me acordaba que no había sido total. Parado sobre la mesa mostrando mis calzoncillos no me parecía una falta tan grave, pero era. Eso sumado a mi exagerada porteñez que aunque nadie lo entendía yo lo veía como frases de un poema infinito en donde la vida misma dibujaba sus versos a medida que transcurría. Mostrar la mierda del triunfo de la Gran Ciudad en carne propia, siendo esa mierda uno mismo y aguantando los embates. Mucha carne le ponía a la poesía, apostaba mi cuerpo a ella y perdía y cuando ya estaba desahuciado pidiendo migajas para volver a casa me regalaban otra ficha. Un tipo que no conocía apareció de la nada y me dio un pasaje para Posadas. Ya había dormido la mona, ya los participantes del encuentro se habían ido y a nadie en Aristóbulo del Valle le importaba la poesía. Era lunes y todos habían vuelto a sus respectivos trabajos. De pedo que me dejaron dormir la noche del domingo y ahora sobrio volví a las rutas. Mi enorme mochila cargada de libros y caminar las 15 cuadras en subida hacia la estación. Ya no hay Trafics que nos transporten, ya los subsidios se terminaron. Sólo un pasaje que dice “secretaría de cultura” que es mi salvoconducto hacia Posadas. Hacia esa ciudad que no conozco donde mi único contacto es Solange. Una chica que tampoco conozco y a juzgar por su aspecto parece bastante recatada. Una misionera con todas las letras. Un cuerpo de la puta madre, morocha, de rulos y ojos hiper claros. Solange parecía ser una chica de familia, su poesía era respetuosa y tímida. Muy callada y de una forma de vestir elegante y formal. Llegué a Posadas y no sabía muy bien que hacer. De vuelta las mismas preguntas ¿Dónde estoy? ¿Quién me recibirá? ¿Dónde dormiré? Pensaba alojarme en una respetable casa de familia que me haga por fin escapar de este mundo de descontrol que las vueltas de la vida iban poniendo ante mí como algo implícito. Me quedé unos minutos meditando en la estación, fumé un cigarro y me decidí por fin llamarla. Me dijo que me tome el 39 y me baje en el monumento que ella me iba a pasar a buscar por ahí. Así lo hice. No podía dejar de mirar a las mujeres. Mierda. Que buenas estaban. Hacía bastante que no veía a Solange y no eran muchas las veces que la había visto por lo que me agarró la eterna duda de no recordar su rostro. ¿Será aquella que se acerca allá? No, era más alta ¿Y si la vuelvo a llamar? mejor espero 15 minutos. Me fumo otro cigarro y otro más por las dudas y ahí la veo aparecer. Me acuerdo de ella y ella se acuerda de mí. Caminamos. Caminamos más. Mi mochila, mi bolso y mi valija pesan. No entiendo porqué me hizo bajar acá pero no pregunto nada y seguimos caminando. Me cuenta que me va a llevar a casa de unos amigos que tienen una habitación que sobra. Solange está buena. Tocamos el timbre y sin esperar subimos. Dos pisos por escalera. El pasillo es una mugre e increíblemente en Posadas hace frío. El invierno se alargó. Desde abajo se escucha el ruido constante del zumbido de un transformador. Pasá, escuchamos desde adentro después de golpear y cuando lo hacemos veo a un chabón con la cabeza afeitada haciéndole un tatuaje en la pierna a otro chabón que pacientemente resignaba el dolor a la estética. Un tatuaje a realizarse por partes. Una especie de payaso burbujeante que abarcaba toda la pantorrilla. En el rincón: la camilla, la luz y todos los elementos y en el resto de la habitación: el desorden. Unos sillones y una alfombra encontrados en la calle, vidrios inexistentes remplazados con nylon, un escobillón con un montículo de basura a su lado dispuesto a ser juntado (faltaba nada más que la pala). Pero a falta de pala había una enorme piedra sobre el tambor de chapa que hacía de mesa ratona. Sonaba raga tekno en los parlantes. ¿Porqué me ocurría esto? Una a la que yo creía recatada chica me conseguía alojamiento en Posadas y la casa a donde iba no difería mucho de las casas que frecuentaba en BA. Ella no me conocía ¿Por qué me llevaba ahí y no a lo de una tía? A la media hora estábamos tomando vino y picando la piedra e iba cayendo gente. Gente que trabajaba en radios, gente que tocaba en bandas, gente que tenía pelos de colores y no plata pero si vino y cerveza. Un chica que cocinó legítimos fideos con carne de cebú y por supuesto más y más porros. El porro era gratis (o casi) En Paraguay se vendía a 50 pesos el kilo y en Posadas valía 100, nada que ver con los 1000 que valía en Buenos Aires o los 2000 de Bariloche, por lo que podíamos fumar hasta que diera la gana. No era Pinito ni Skan pero en la abundancia armábamos y armábamos y el efecto era el mismo.
La noche fue dibujándose y ocurrió lo que me temía. Solange se fue a dormir con el Pelado dueño de casa y todas mis expectativas para con ella se me terminaron. No importa, el objetivo de mi viaje es la poesía ¿Y no era la poesía el medio para levantarme mujeres? ¿No estaré tergiversando los fines? No. No está bien plantearse esas preguntas. Sólo me queda dormir una nueva borrachera y soñar con ella. Soñar despierto hasta que me duerma y después escuchar lo que me diga el inconsciente en los verdaderos sueños y actuar en consecuencia.
Toda la gente que pasó por la casa me abrió sus puertas. Al día siguiente fui a programas de radio, me consiguieron un puesto en la feria, me invitaron a casas, me hicieron una nota en un fanzine y me llevaron a pasear por la ciudad. Me presentaron a músicos, productores, gente de sellos independientes y yo con la cabeza quemada yendo de un lugar a otro intentando consolidar las redes y pensando en Solange. Solange que se curtía a uno de los chicos mas cool de la ciudad en la casa del cual estaba parando. Pero el Pelado no le daba mucha cabida y estábamos todos en la casa y hacía frío y desde la nada Solange dijo que quería irse a su casa y se levantó y se preparó para irse y no se me ocurrió otra cosa que decirle: Te acompaño, más que nada porque nadie atinó a decirlo y era una forma de salir a tomar fresco y escapar de esos “amigos” que ya lo eran en cierta forma pero que tampoco iban a serlo por siempre. Y mi locura volvía a estar en su apogeo. Y Solange con su perfecto culo y sus curvas en la cintura y sus tetas y sus ojos claros caminaba al lado mío a las 3 de la mañana de un martes en la ciudad de Posadas. Y no hay recuerdos del momento, ni del como ni el porqué empezamos a besarnos en la calle. Y hacíamos un par de cuadras y nos enroscábamos las lenguas y los brazos en zaguanes fríos y nos amábamos espontáneamente y caminábamos de la mano evitando cruzarnos con gente que la conocía porque todos en cierta manera se conocían y llegamos a su casa y no entendí porqué ella no quería entrar y empezamos a volver y nos metimos en un porsche y yo sólo quería ir a un lugar más caliente y tranquilo del que estábamos pero es que estábamos calientes pero no tranquilos y entonces le dimos al asunto ahí no más, en la calle y de parados. Su rostro y sus ojos parecían venir de otra dimensión y su hermosura se potenciaba en los descontrolados besos de lengua y de cuerpo y de manos y pija penetrando con gemidos y pantalones bajados sólo un poquito y remeras levantadas sólo un poquito como para sentir panza con panza y tetas con pecho y culo manoseado y rápido y hermoso y puro y sincero y ninguna palabra y ahora la incertidumbre y ¿dónde vamos? y ninguna palabra y la incertidumbre.
Acomodarse la ropa y seguir caminando de la mano, abrazados, besándonos, otro beso y un rezago y querer un poco más pero... ¿Hacia dónde vamos? No vamos a su casa no. Ya pasamos por la puerta y estamos volviendo y al volver vuelve la verdadera incertidumbre. Yo no sé que decir y no digo nada. Solange tampoco. Ahora solamente caminamos las apenas 3 cuadras que nos separan de la casa en donde estoy durmiendo. La casa del Pelado que está curtiendo con Solange. Y no entiendo nada pero seguimos y subimos la escalera y entramos a la casa y los chicos todavía están ahí fumando y escabiando, escuchando música y charlando y nos sentamos en los sillones y fumamos y escabiamos y escuchamos música y charlamos y aunque no entiendo nada decido cortar por lo sano e irme a dormir, doy las buenas noches y me retiro al cuarto y Solange se va al cuarto con el Pelado y yo imagino que se lo curte y no imagino si hablan o no hablan de qué hicimos porque era obvio todo. Tan obvio que no merecía conversación alguna, pero de hecho que curten porque a través de las finas paredes los escucho. Y pacatamente mi moral mente se queda despierta y pensando. Y creo en el amor que siento por ella y creo en el amor que ella siente por mí, y por el Pelado y creo en todos los amores que sentimos todos por todas las personas a las que amamos y creo en el amor en sí mismo. El amor como sentimiento puro que nos hace unirnos en carne y corazón sin importar condiciones de pertenencia porque nada nos pertenece excepto el amor puro que es tan nuestro como el aire que respiramos. El amor momentáneo y sincero. De las nuevas generaciones hijas de padres separados que empiezan a entender desde el principio que no hay otro amor que el que existe ahí y ahora. Y que por más enfermedades y moralinas el amor supera todo y atraviesa todas las barreras. La distancia y el tiempo no existen al lado del amor. Nada es comparable. El amor lo es todo y todo es el amor. Chan chan.
Solange tenía 21 años y ninguna experiencia en lo que se refiere a organización de eventos literarios, según ella me dijo, fuera de los encuentro anuales, POSADAS no tenía experiencia en lo que se refiere a organización de eventos literarios. Jamás se habían hecho en la ciudad lecturas del estilo micrófono abierto ...y desde la nada, un día martes 13 con una insoportable lluvia e inusual frío convocamos 40 personas a participar en las lecturas. Gente que venía de diferentes ámbitos, de Misioletras, de la universidad, a través de la Radio, del fanzine. Gente que nunca había leído en público y que gracias a esta locura de viaje quizás empiece a participar u organizar o generar movidas en Posadas. Uno no sabe lo que hace ni incluso cuando lo está haciendo. La posta en Posadas pasa a ser el principio de algo que sé lo que será incluso cuando lo que es es ínfimo, pero ese será se vislumbra y existe tanto como lo que fue, porque es necesario que sea y que siga siendo.
Volví a cargar mi mochila, bolso y valija y partí hacia Resistencia. Llegué de noche y por suerte me estaba esperando Lucas. De vuelta a lo mismo ¿dónde llegaré? Lucas era un tipo de mi edad al que apenas conocía, pelo corto, medio rubión y prolijo. Mientras caminábamos hacia el colectivo me decía lo peligrosa que era la zona. La terminal estaba rodeada de un gran descampado y a lo lejos se veían casas humildes y ya los bondis escaseabean y esperábamos en la ruta con los bolsos y nuestra prolijidad durante media hora, una hora, y nada. Lucas mientras tanto me contaba que iría a lo de Ale y Marisa, que tenían un espacio donde alojarme pero que debíamos tomar un bondi y luego un remís porque era un barrio medio fulero detrás de la cancha de Chaco For Ever y que el grupo ParIA estaba bastante disuelto y que ahora estaban en otra, pero que tenían las pilas puestas y que él estaba con exámenes y que se había ido de juerga hace 3 días y vino el bondi.
Llegamos a lo de Ale y Marisa y lo mismo. Un termo de dos litros y medio de Fernet con coca, un asado y la bocha. Siempre estaba presente la bocha para picarla. Con Ale, Lucas y Marisa congeniamos de una. Marisa tenía una panza de ocho meses y no descontrolaba, un poquito de fernet sólo como para mojarse los labios. Pero estar ahí con Marisa y los chicos era estar en la mejor de las locuras y reírnos y reírnos de otra cosa y más risa y la mejor onda.
Habían pegado una casa alucinante. Era la mejor de la cuadra, aunque no hacía falta mucho para eso. Ninguno de nosotros entendíamos como alguien pudiera haber construido esa casa en ese barrio. El tipo era un fanático de la seguridad. Para entrar hacían falta tres llaves y una cuarta que nadie usaba, incluso la tercera se usaba poco. Reja perimetral, reja sobre la puerta y puerta con doble cerradura. Incluso le había alquilado la casa a condición que le cuiden los perros (dos rot wailers,) que había que soltarlos de noche en el patio. Dos monstruos que eran más buenos que Bob y todos los wailers juntos pero que al verlos daban verdadero miedo. Detrás de la alta pared con culotes de botellas rotas incrustados en la parte superior se podía ver un hermoso lago. Un lago que era el depósito de los excrementos y porquerías que emanaban de todas las casas de alrededor pero que a la vista era hermoso a no ser por los rincones de botellas plásticas y bolsas de nylon que se acumulaban naturalmente en ciertos lugares, fuera de eso había aves y plantas acuáticas que le impregnaban una carga natural envidiables para un barrio de los suburbios de Resistencia. A simple vista el barrio no difería mucho de lo que podía ser cualquier barrio del segundo cordón del conurbano bonaerense. Calles de tierra con zanjas y casas humildes a medio construir donde cada media cuadra hay un polirrubro que vende desde cerveza hasta papas, regalos para el día del niño, facturas, carbón, comida casera, cigarrillos y porro (sólo a los conocidos y si los dueños no son evangelistas), si son religiosos (innumerable cantidad de religiones y seudo templos abundan por el barrio) no venden alcohol y mucho menos porros, aunque no le hacen asco al tabaco. Estaba en el barrio también la carnicería más barata de todo Resistencia, te vendía por 4$ el kilo de cualquier corte, eso sí, si le pedías lomo te mandaba de sopetón una buena tanda de chinchulines y azotillo, como para que le des al perro o te hagas una sopa si sos muy pobre, y te comas un buen asado. Una cosa que me llamó extremadamente la atención era la cantidad de niños y mujeres embarazadas. Mi amiga Flo que era española había venido a Buenos Aires y estaba impresionada por ver tantos niños. Ni que hablar si hubiera ido a Resistencia. En el colectivo ni valía la pena sentarse, ya que por bondi había 2 o 3 embarazadas seguro y otras tantas con bebés o pequeños aúpa, al caminar por el barrio, incluso a la hora de la siesta, abundaban las jaurías de niños sucios tirapiedras menores de 10 años que en grupos de a 10 corrían y gastaban energías y aprendían esto de vivir en sociedad, jugaban a la pelota o mataban pajaritos o inventaban juegos imposibles de entender y luego crecían e intentando escaparse de sus padres se juntaban en la esquina y fumaban porros y tomaban cervezas y embaucaban a un pobre gil que se atrevía a meterse en su territorio. A pesar de mi espíritu joven yo peinaba canas y, para qué decirlo, andaba en mis 34 recién cumplidos años, esto es, los jóvenes esquineros ya no me veían como a un igual y no me bardeaban, lo mismo pasaba con la cana. Había logrado cierto respeto ante esta gente bardea forros. Podía pasar por una esquina de un barrio desconocido en donde estaban los pibes cerveceando y me la bancaba. Podía pasar ante un operativo policial detiene forros y me la bancaba. Podía hacerlo por experiencia, pues me habían bardeado innumerables veces pibes y policías y a base de darme y darme contra la pared había aprendido a conocerlos. A los pibes de la esquina basta con saludarlos, eso es increíble, pero es así. Ves una banda de pibes y no estás en tu barrio y antes que te digan nada vos decís “hola”, cuesta decirlo, puede ser, pero un “hola” basta para que algunos respondan y si algunos responde ya está. Con la cana en cambio es más difícil y es algo que todavía no tengo aceitado, aunque la cana en los barrios no esté, es decir, donde están los pibes de la esquina no está la cana, pero no sabés donde están los pibes y donde la cana entonces tenés que aprender a trabajar los dos aspectos. Con los canas te tenés que hacer el cheto pero no en demasía. Tenés que demostrar que sabés de leyes y los chabones se entregan, quizás es más fácil que con los pibes, porque los canas tienen un dogma. Si vos preguntás por el “oficial a cargo”, pedís credenciales y los tratás de usted ellos ya piensan que sabés y te tratan de otra manera, en cambio los pibes tienen códigos distintos según el barrio y es un poco más difícil, es increíble, pero con la edad todo se va solucionando y te van dejando de joder los canas y los pibes.
Al mediodía nos juntamos en una pizzería a esperar que venga Greciela Zimerman. Como ella ya había venido al encuentro de la Pendorcha los chicos habían logrado que la secretaría de cultura se ponga con su pasaje, e incluso habían vendido publicidad como para pagarme un pasaje a mí. Increíble. Por la tarde estuvimos con Marina yendo a diferentes radios y diarios en Resistencia y todos nos habrían las puertas. Nos hacían reportajes y preguntas sobre el evento que íbamos a realizar. Los chicos habían conseguido un enorme centro cultural en donde se realizarían charlas, presentaciones, exposiciones y obras de teatro. La cita era para las 6 de la tarde y a las 6 y media apenas éramos 20. Ya todo estaba armado. la mesa con los libros, los cuadros colgados, los micrófonos funcionando y de la gente, ni noticias. Increíblemente fueron llegando y a eso de las 8 habría unas 150 personas escuchando poesía y diferentes paneles en los que se hablaba sobre los medios de difusión alternativos, los muros que se encontraban al golpear las puertas de las grandes editoriales o gobiernos, y la forma que hallábamos los excluidos (voluntaria o involuntariamente) para hacernos un lugarcito en este mundo excluidor.
Como encuentro fue el mejor en el que participé. De las 150 personas que habría sólo unas 30 eran exclusivamente escritores, por lo que vimos que sin ningún tipo de apoyo oficial, pudimos abrir el juego y convocar gente corriente que nos vaya a ver. Algo nunca visto -y menos en Resistencia- en el ámbito de la literatura. Excepto en las ferias del libro, que en su mayoría llevan años realizándose y contaban con miles de pesos y auspiciantes, en todos los encuentros relacionados con la literatura era muy difícil convocar gente y mucho menos jóvenes. Superó ampliamente nuestras expectativas y por la noche la seguimos en un bar, como siempre, mucho más distendidos y desacartonados.
La noche siguiente fue en Corrientes, una ciudad separada de Resistencia por un puente y todo fue bastante más tranquilo. Era como que el fuerte era en Resistencia y ahora ya todo era yapa. A eso de las 3 de la mañana una mina que no conocía me sacó del bar y me entró a besar, yo mucho no entendía, pero me dejé llevar. Bastante bien estaba Alu y para colmo parece que era amiga de Graciela y que había armado todo como para que nos vayamos a dormir los 3 a su casa. Salía, entraba, me daba órdenes, en su cabeza tenía todo organizado, el único problema era deshacerse de su novio. Teníamos que escabullirnos sigilosamente y rápido. Pero no lo logramos, habíamos doblado la esquina, Corrientes estaba a mil, todos por la calle en la previa del boliche, Graciela vestida casi como una vedette y Alu que no se quedaba atrás, orgullosa estaba de sus tetas que mostraba en un infartante escote y yo ahí, escapándome de la noche correntina a dormir con ellas dos, que hasta se decían piropos y jugueteaban un poquito con las manos. Esperábamos y esperábamos el colectivo pero no venía, decíamos chistes y reíamos, el mundo estaba a nuestro alcance, entonces, allá, desde lo lejos se vio venir una luz, una luz que se nos fue vislumbrando como el escape hacia el infinito a donde íbamos a dormir nosotros tres juntos y libres y hermosamente despreocupados. La luz se estaba acercando y Alu le hizo una seña para que aminore la marcha y podamos subir y dirigirnos al paraíso. Mientras el colectivo paraba llegó a nuestro encuentro el novio de Alu con un puto. Se subieron directamente al bondi con nosotros. Era patética la relación que tenían. El pibe estaba tremendamente borracho y hasta parecía linyera. Un pantalón de traje todo manchado y la bragueta eternamente baja, zapatillas baratas, sucias y hechas mierda y toda su camisa y su pelo desalineado. Antes era profesor de literatura en la escuela secundaria, pero por su exceso de alcohol había sido echado. Tony me comentaba lo patético que era ver como los alumnos lo bardeaban por borracho y ahora estaba ahí, representando perfectamente su papel. Se tropezaba al caminar, se le patinaba la lengua y soportaba las terribles humillaciones que le hacía Alu, que por cierto lo trataba como si fuese un trapo de piso. El pobre imbécil había venido porque había pensado que si no venía íbamos a dejarlo afuera de una probable fiesta en la que iba a participar su novia. El puto realmente no sé de que la jugaba. Graciela y yo permanecíamos al margen mirando ajenos una película bizarra. Lástima daba verlo a Lucho llorando porque su novia lo rechazaba de las formas más crueles, pero tan poca dignidad tenía que seguía y seguía aguantando los embates mientras intentaba caer simpático y abría cajas de vino. Lo que imaginé como una perfecta fiesta terminó en una petética reunión en el departamento de Alu en donde ya cansado de ver tanta humillación decidí cortar por lo sano y dormirme en un rincón. Graciela se retiró al dormitorio con cama grande y el puto se tiró sobre el sillón.
Cuando abrí los ojos a la mañana fue aun más extraño. A mi lado estaba Alu abrazándome y en la cama donde debía estar su novio no había nadie. Luego me enteré que el tipo se había despertado y había ido a la cama grande en donde dormían las chicas y Alu asqueada se había levantado y venido conmigo. Me levanté y me puse a tomar mate con el puto en el patio y luego se fueron incorporando los demás. Cuando apareció Lucho no lo podía creer. Hacía un calor insoportable y se apareció con un vaso de tinto caliente, para qué decirlo, a la hora estaba de nuevo completamente ebrio intentando acompañarnos al asado de despedida que organizaba Tony en Barranqueras. Fue aún peor que a la noche la humillación, lo habíamos convencido que se quede en el depto a dormir la resaca, caminamos las 10 cuadras que nos separaban del remís y cuando estábamos por irnos apareció con toda la camisa abierta y chorreada de vino, descalzo, sin cinturón ni calzón y como siempre, la bragueta caída. Quería a toda costa acompañarnos al asado en la casa de los viejos de Tony. A los empujones lo tuvimos que sacar mientras se agarraba de la ventanilla del auto y gritaba y lloraba. Pobre chabón. Tampoco entendía como Alu podía aguantarlo, pero qué sé yo. Tan bizarra parecía la relación que no atiné a buscar ninguna explicación, ni siquiera en mi interior. La tarde fue disfrutar del asado, el río de Barranqueras, alguno que otro beso perdido, unos porros, las risas con Ale y Marisa y las impresionantes historias del viejo de Tony de más de 80 años que había sido cazador de ballenas en la década del 50. Increíble escucharlo. Imposible contarlo. Su voz, su forma de hablar, su aspecto, sus reflexiones incomparables. El tipo decía que en todas las especies se ven desde los más hermosos ejemplares hasta los más ratas. Describía la majestuosidad de la ballena azul, con sus 30 metros de largo, su pelaje tornasolado y brillante, la enorme dignidad con que peleaba su captura etc, luego describía otras especies de ballenas, cada vez más chicas, más sucias, hasta que llegaba a una que tenía no más de 3 metros con un olor desagradable, llena de piojos y barbas desalineadas, con montones de crustáceos pegados en su piel y que para colmo, cuando la ponían en la cubierta del barco, hasta las gaviotas iban a picotearla. Lamentable comparación, puede ser, pero que no deja de ajustarse a la realidad. ¿Porqué será que algunos nacen tan cagados y otros en tan hermosas cunas de oro? Habrá que remontarse a las vidas pasadas, dicen, es algo que me supera ampliamente, aunque por las dudas intento vivir bien. Sin cagar a nadie y tratando de servir a la mayor cantidad de gente. Sé que a veces no me sale, pero bueno, intento hacer lo posible, por las dudas ¿no?
LOCAL ITINERANTE DE CULTURA INDEPENDIENTE

Mate Amargo era un programa de radio que yo escuchaba. Desde toda la vida fui escuchador de radio y siempre escuché FM. Después del 2001 vi que la FM se alejó de mí (o viceversa). Fernando Peña, Mario Pergolini, Juan Di Natale y todos los demás que yo escuchaba empezaban a quedarse lejos de mis pensamientos. Recordemos que había “descubierto” que a parte de la música existía la política y todas estas personas seguían diciéndome que lo más importante de la semana había sido el lanzamiento del último disco de Coldplay, y nada decían que el viernes nos habían cagado a palos una vez más. No lo nombraban siquiera como una noticia, no decían absolutamente nada de las asambleas, no les parecía nuevo eso, pero sí era nuevo Portished o Gorillaz. Yo no los culpaba por eso, simplemente no entendía como era que los comunicadores no comunicaban lo que a mí me interesaba, siempre ellos habían estado de mi lado y ahora seguían comunicando las mismas cosas que antes me interesaban pero que ahora ya no. Y no se daban cuenta de eso. A Pergolini lo había abandonado hace rato, cuando empezó a hablar de jueguitos electrónicos. El juego del eterno adolescente me pareció una pelotudez. Lo cambié por Peña y todos ellos. Y Peña estaba en otra y ya ni aparecía. Descubrí entonces a Quique Pesoa. Y la radio AM. y Mate Amargo.
Un programa que estaba mutando y se la bancaba. En diciembre iban a realizar una fiesta por los 12 años en el aire en el predio municipal de exposiciones. Llamé a la producción y conseguí un espacio para exponer, luego hice una mailieada general e invité a la gente a participar exponiendo su material en el evento. 3 bandas se acercaron, Culebrón Timbal, Calycanto y el popinauta, y ningún escritor. Tenía mis libros, los libros de Guillo, los de Diego y los de algún otro, los cuadros míos, de mi hermana y del novio de Adriana Campaniolo, el cuadernillo y mucha pila. Junto con mi cuñado armamos el stand y la verdad es que como debut nos fue de la puta madre. No logramos ganar dinero, pero mal que mal cubrimos los gastos y dimos el puntapié inicial para que )el asunto( renazca desde las cenizas hacia algo que no se sabe que es pero apunta acertadamente. )el asunto( es una ruta que crea espejismos en sus rectas. Un viaje hacia el centro de la galaxia, pero no yendo con una nave en forma recta, sino concentrándose para lograr ser el alma del sol, y desde ahí, recién tomar los nuevos conocimientos que no tengo la más puta idea en que consisten. )el asunto( es un racimo de uvas que se esparce y se multiplica fractalmente entre las rutas del conurbano bonarense y desde el conurbano, siguiendo la religión del viejito y la teoría de la serpiente, explota y cambia de piel.
A partir de ahí nace una nueva etapa. Fue diciembre y en enero me fui de vacaciones. Así: DE VACACIONES. Necesitaba replantearme ciertos aspectos y con mi hermano decidimos irnos de viaje. Bariloche. Por supuesto, Bariloche. Hacía casi 3 años que no tomaba vacaciones y hacía casi 10 que no visitaba Bariloche. De más está decir que me encontré con otra cosa, ya no había mochileros en el centro cívico y estaban intentando vender Playa Serena. Todavía estaba el Clandestino, creo que en su mejor momento, y los kilómetros estaban creciendo a pasos agigantados con los hostales y restaurantes de lujo.
Apenas llegué al depto, dejé las cosas, me pegué una ducha, me tomé un Fernet y armé un porro. Caminar por la calle Mitre fue un flash. El sol me daba en la cara y la brisa otorgaba la temperatura ideal. Una sonrisa en mi rostro y el mundo... Hermoso. Todo hermoso. La gente linda que camina y consume, y los hippies charlando y vendiendo sus cosas, y los cansados que vuelven de las excursiones, y los chicos de la galería que se juntan se conocen y seducen, y el tipo disfrazado de el hombre araña que se cuelga del árbol y los niños que flashean, y el otro que dibuja con los dedos y en mis ojos la sonrisa. Nuevamente en mis ojos la sonrisa, que mira al sol y dice gracias, y otra vez más. Gracias. En Bariloche no había cartoneros ni protestas. Todos los aspectos sociales que me habían mantenido realmente estresado durante el año se esfumaron ante la presencia de la primer montaña. Como una tortuga que se escapa de su caparazón me despojé de mi mecanismo de defensa y me entregué al simple placer de la vida.
Las colchonetas inflables eran de tela, por lo que el contacto con la piel formaba un efecto neoprene y el agua dejaba de estar fría. Nos tiramos en el lago Mascardi y tuvimos que remar con los brazos unos 50 metros hasta que entramos en la corriente del Río Manso, en el primer tramo no hace alusión a su nombre, arranca con un rápido en el que tuvimos que aferrarnos a las colchonetas, soportar el frío, gritar un poco, divertirnos y alucinar nuestros próximos momentos. Después del primer revuelto toma una buena velocidad en forma apacible y tranquila. Luego las colchonetas se fueron frenando y entramos a un enorme lago. Allí dejarse llevar por la corriente era permanecer quieto por lo que había que ayudarse con las manos. Después de un par de horas volvió la corriente y el descanso. Nos poníamos panza abajo y mirábamos el lecho del río y veíamos a las truchas quietas esperar por su alimento. Luego en las orillas todo el bosque quemado. Los fantasmagóricos troncos plateados dibujaban siluetas a contraluz introduciéndonos en una eterna fotografía en donde nuestra quietud, tan efímera y grande era apenas un instante. Dos minúsculos puntitos bajábamos por el río rodeados de montañas que derretían sus nieves eternas con arroyos que caían en cascadas y alimentaban el caudal de nuestro río y el orgasmo de nuestra visión. Y por sobre todo la Paz. Las innumerables curvas y los diferentes remansos y rápidos nos otorgaban un variado viaje que no nos daba respiros. Un poco de sol, un poco de sombra, un nuevo descanso y allá, lejana, la imponente presencia del Cerro Tronador. La calma del lago Hess nos permitía cargarnos de su energía. El sólo hecho de observar la montaña te introduce en una conexión con la tierra que a mi occidentalizada mente les cuesta entender, pero como no es con la mente la conexión, ella se queda como simple observadora intentado buscarle alguna explicación, que por supuesto le parece vacía, cree que la unión es a través de la vista, pero resulta que cerrás los ojos y la presencia de la montaña sigue como si estuvieras mirándola. Entonces dejás que los 5 sentidos simplemente descansen y descubrís que todo comienza a cobrar verdadero sentido, el sexto quizás, más allá de la mente y por encima de todo. Hasta de uno mismo.
Pero los sentidos continúan latentes, y el simple chapoteo de una trucha puede sacarte de tu viaje como los pescadores flotando en sus cámaras a centenares de metros de las orillas. Las distancias se agigantan y las voces lejanas se escuchan como si estuviesen al lado, y de hecho lo están, porque la lejanía y cercanía se percibe de diferente manera. Paramos al lado del puente, donde había una pequeña playita y luego comenzaba nuevamente el río. Encontramos hongos, montones de hongos que al oxidarse tornaban al azul. Perfecto. Ahora el viaje era distinto, había dos viajes. Tuvimos la conciencia necesaria para bajarnos en la desembocadura del arroyo Roca, luego venía la cascada de los Alerces, imposible de bajar en colchoneta. Un salto de más de 30 metros con un caudal de agua enorme. Pero ya está. Ya la vida nos regaló sus momentos y un viaje de 6 horas flotando en el río, y nosotros sabemos aprovecharlo. Simples vacaciones para desconectarse de todo y retornar al infierno, pero habiéndole dado la mano a Dios.
Marzo me encuentra sereno. Realmente sereno. La gente de Giribone ya no quería saber nada conmigo. Me habían desplazado, ya ni me hablaban, iba a Giribone y simplemente me ignoraban, todos mis amigos, mis mejores amigos, me habían echado. Me planteaba los aspectos de la amistad y me preguntaba que era en verdad un amigo. Un amigo está con uno en las malas y en las buenas, pero cuando uno no sabe cuales son las malas o las buenas ¿Dónde están los amigos? ¿Y cuando uno tiene problemas con los amigos mismos?
Están los que dicen que tienen muchos amigos y están de los que dicen que sus amigos se cuentan con los dedos de una mano. Y estoy yo también, que tengo muchos amigos y no puedo contarlos con los dedos de una mano porque ya no tengo de esa clase de amigos. Porque quien era mi amigo hoy es mi hermano. Y es un gran homenaje que me permito hacerle al Mario. Mi hermano. Recuerdo que volví a Giribone y no recuerdo porqué ese día estábamos restringiendo el paso de autos por la calle, y pasaban los taxistas y puteaban porque les hacíamos tardar más, y todos los días la policía nos hacía tardar y los taxistas no decían nada. Eso estaba bien. Yo intentaba explicarle eso al taxista, pero el taxista escuchaba a Hadad y tenía bronca con el mundo. Con la gente del mundo sobre todo. Y mi carga de energía negativa fue tal que creí de verdad que existía la energía negativa en la gente. Y me escapé. Me escapé de la energía negativa y del corte de la avenida y del taxista y del mundo. Mi mundo era otro, era lindo. Mi mundo ya no eran amigos sino conocidos que nos juntamos y la pasamos bien. Filosofábamos y debatíamos nuestro mundo concretamente. Estamos acá. Necesitamos esto, queremos lo otro. Nos juntamos y hacemos eso. Y si con la gente que nos juntamos no logramos establecer buena vibra no importa. Que por sobre todas las cosas el proyecto siga. Si en Giribone ya no gustan de mi presencia ya no tengo más nada que hacer, son los eternos ciclos que concluyen, pero no por eso voy a desparramar mierda. Confié en el proyecto, puse toda mi energía para que el proyecto se haga. Creo en Giribone y si no congenié con algunos sigo creyendo en Giribone y en esa misma gente. Fuimos amigos mientras nos juntábamos a divertirnos los sábados a la noche, fuimos amigos mientras tirábamos paredes y soñábamos el espacio, mientras comprábamos pintura amarilla y colocábamos azulejos. Fuimos amigos en la inauguración y en esos dos meses donde hacíamos fiestas y vendíamos cerveza en lata comprada a 0,50$ y todo parecía que iba a funcionar no sólo como sueño sino como trabajo. Fuimos amigos en todas las marchas pos diciembre. Nos bancamos un 2002 completamente atípico en donde nadie tenía un peso y las organizaciones se organizaban con desorganizados. Todos los que queríamos un cambio cambiábamos y empezábamos a trabajar de otra manera, pero esa otra manera era nueva para todos y entonces aprendíamos chocándonos la cabeza contra la pared. Gente que trabajaba ganando considerables sueldos decía que el objetivo de Giribone no era el dinero y sin dinero como objetivo seguíamos en Giribone apuntando a la construcción social, algo que nadie había hecho en su puta vida y nadie tenía ni idea como se hacía y encima descreíamos de TODOS los personajes que se acercaban para darnos un consejo. Y en esa caos, nosotros, amigos, intentábamos construir algo nuevo, y aparecía mala gente disfrazada o buena gente engañada y hablaba mierda de nosotros a nuestros amigos, es decir, a nosotros mismos. Y estaban los que querían apuntar el proyecto al merendero y los que querían hacer un bar cool, y los que estaban en contra de las notas en el diario y los que no decían nada y las reuniones se transformaban en interminables sesiones de discusión y borrachera y una de las primera medidas que se tomaron fue echarme. Con reuniones a mis espaldas decidieron eso, pero no directamente, como nadie me lo quería decir lo tenía que intuir yo, pero es que tan obstinado estaba y tan racional era mi pensamiento que eso era casi imposible que suceda, por lo que después de cuatro meses recién comprendí que debía buscarme un lugar para vivir, y después de otro tanto, ya habiendo regresado de Bariloche y dándome cuenta que ya no me dirijan la palabra comprendí que lo que en verdad querían es que me vaya, que no aparezca más, y eso es lo que hice.
Recibí un mail que decía que los escritores independientes tenían un lugar para exponer su arte en el Konex, como miembro fundador de la agrupación de escritores independientes y teniendo libros de Diego Arbit y Guillermo De Pósfay, dos de los más perseverantes trabajadores en lo que se refiere a escritores independientes pensé que no iba a tener inconvenientes en disponer de un espacio. Fui al Konex un domingo a las 6 del la tarde, el día que cerraba. Tocaba la Pequeña Orquesta y Me darás mil hijos entre otros, y llegué y quien organizaba la parte literaria era Graciela Zimerman, todo parecía estar a mi favor, pero ella no estaba y sus secuaces eran personas basuras que cuando les dije que tenía libros de escritores independientes me dijeron que espere por favor que tenía que venir la persona indicada, ahí, atrás de la soga. Pasaban los minutos y nadie aparecía y el konex se llenaba de gente y veía como los chicos que vendían los libros de Eloísa Cartonera se cansaban de vender libros y yo con mi mochila llena esperando detrás de la soga la orden de no se quién, entré a acumular bronca contra la burocracia. Decidí cortar por lo sano y hacer la mía y me mandé. Los chicos de Eloísa me prestaron un pedacito del espacio de su mesa y recién ahí me calmé. Funcionaba como un niño tímido, en cuanto me negaban algo me ponía a llorar, pero no a patalear con berrinches sino a escaparme hacia el rincón y rumiar la amargura en soledad y entonces, entre llantos pensaba: el que no llora no mama, y recién ahí es que salía a pelear por mi espacio, tan fácil me resultaba conquistarlo que en apenas minutos me había olvidado de mi momento de amargura. Todas las trabas burocráticas eran cualquiera y no tenía ningún sentido respetarlas. A base de codazos era mucho más fácil abrirse paso que a base de llenar formularios. Una vez en el lugar notaba como la gente respondía. Veían los libros y los discos y conocían a los autores y los compraban. Gente que no creía haber visto en mi vida me decía que quería comprar un libro de Estruchi, ese era yo, ¿Cómo me conocían? Ni qué hablar de Guillermo. Se acercó un tal Marcelo Monzón que hacía haiku y me dejó un libro para que exponga la próxima vez que me presente y fue otra luz que iluminó el camino. Era en las mismas presentaciones en donde la gente podría acercarme nuevo material y así fue.
Después del Konex surgió verdaderamente el local itinerante de cultura independiente. Dos o tres veces por semana empecé a concurrir a diferentes eventos llevando libros, discos y revistas independientes. Cada vez que concurría a un evento me llamaban para participar en otro evento y a su vez vendía algo del material y me daban material nuevo. empecé a trabajar eso como un conjunto, el material nuevo lo iba elevando a la página y mandando la novedad en la gacetilla de prensa vía mail. Complementaba trabajos virtuales con producciones gráficas y trabajaba una pergeñada mentira que de tan pensada pasaba a ser real. Intuía )el asunto(. Un libro, un título, una algo que está dentro de un paréntesis al revés, que es el fuera de todo y a su vez desde adentro nace. Son todos juegos. Palabras. Que se caen y crecen y viajan en ríos que se calman y juegan a las bahías y construyen diques que se contienen y revientan en mil pedazos. Vidas. Gente que recibe la Vibra y responde, o que la da para que la reciba uno. Ellos están ahí. Presentes, y yo estoy acá, presente. Gracias a Karvana, La Cucha, a Indymedia, a las asambleas, al sexto cultural, a Maldita, a tantos que están por todos lados. Gracias Culebrón Timbal, Artefato, Beatrizios, a todos aquellos que confiaron desde el principio, el local itinerante fue creciendo y consolidándose en espacios culturales alternativos y durante todo el 2004 y el 2005 estuvo viajando en sus posibilidades, abriendo caminos y conociendo los ya abiertos. Trabajamos con la Plaza Che Guevara, Poesía de Miércoles, Encuentros Urbanos, Fundación de poetas, Alabartola, Libres del Sur, y otros tantos referentes, siempre apoyando la construcción de redes y el despilfarro. Montones de gente que confiaban en lo que uno hacía y juntos empezábamos a construir una verdadera red.
Me caí contra el piso y estando en el piso se me cayó una viga de metal en la cabeza. El mundo no cambiaba una mierda. La gente, incluso hasta los más amigos eran unos hijos de puta. Yo mismo me consideraba una persona despreciable. No cumplía mi palabra, era egoísta y mentiroso. Exageraba mi propio trabajo como para valorarlo un poco más, y cuando ya los compradores estaban a punto de poner la tarasca me saltaba el cagón y les decía la verdad. Y como corresponde, se iban. Y recién ahí volvía a ser libre!!. Sin ninguna responsabilidad podía volver a cometer los mismos errores. ¿Porqué hacía eso?
Tenía una inseguridad extrema de todo lo que realizaba ya que nadie pedía lo que hacía. Mismo los escritores, tipos que les vendía los libros y que luego llamaba por teléfono para reponerlos, poco se interesaban y cuando iba a sus casas con el dinero muchas veces no estaban. Los compradores eran peor, eran capaces de regatearte un peso en un libro que vendía a 5. Si los libros o discos no salían comentados en revistas y no estaban hechos con tapa color y bien refinados eran simplemente malos. De mi parte no veía mal eso, pues era una de las tantas cosas que teníamos arraigadas en nuestra cultura y en cierta forma era real. Si un productor no colocaba su dinero en un disco o libro, por algo era, y era verdad que muchos de los libros que me daban eran realmente una cagada, y yo colocaba ese libro “malo” sobre la mesa y venía una persona, lo abría y se lo llevaba. ¿Qué era entonces un libro “malo”? Lo malo y lo bueno estaban en el interior de cada uno y no consideraba a NADIE capaz de juzgar ante otros una obra por su calidad. Si bien las obras de las que yo gustaba en muchos casos coincidían con las que gustaban a los críticos había ciertas obras que podían gustar a una sola persona o bien podían parecer atractivas por su formato, por simple curiosidad o como objeto de estudio. Veía que la producción independiente era una tendencia en sí misma que correspondía a una época y en cierta forma tenía, debido a mi capacidad de enlistar, una necesidad de documentarla.
En una planilla de excel coloqué todos los libros que me daban, el género, la editorial, la forma de contactarme, la cantidad, el precio de costo, de venta, si disponían de página, y otros datos. Cada vez que vendía un libro lo restaba del stock y lo colocaba en una nueva columna de libros a pedir, luego llamaba al autor e intentaba conectarme para reponerlo.
Parecía que todo podía funcionar de maravillas, en apenas un año había concurrido a 80 eventos, viajado a unas 5 ciudades del país y ya disponía de más de 150 libros, 50 discos y otras tantas revistas. Más o menos iba vendiendo y las visitas a la página se iban multiplicando. Si esta relación se daba podría triplicar la venta durante el próximo año, así como la cantidad de libros y eventos a concurrir. Por lo que cuando en septiembre de 2004, Tania me intuyó la posibilidad de viajar a Bariloche, no sólo pensé en ella, principalmente pensé en ella, sino que creí ver la perspectiva de trabajar de algo que en verdad quería hacer. Transformarme en una voz de los callados, pero no de los callados por propia voluntad sino de los que están luchando por hacerse escuchar y solamente encuentran muros acústicos construidos con dinero para que el vecino no rompa los huevos y la difusión sólo entre a través del cable de la televisión, escuchada a bajo volumen y transmitida por una minita linda que dice que en las grande tiendas ya se encuentra “lo que se está leyendo” dicho de esa manera: lo que se lee a sí mismo.
El Mercado trabajaba de una manera bastante particular, intentaba articular todas las ramificaciones de la industria e incorporarlas a su esencia. Éramos capaces de decir que en la década del 60 se escuchaba música psicodélica, en los 70 R&R, en los 80 pop, en los 90 electrónica y en los 2mils... productos de márqueting. Lejos de pasar de una moda a otra las modas se iban incorporando y los diferentes y nuevos estilos se iban sumando y no en forma lineal, sino como un conjunto. Si bien El Mercado venía consolidándose desde hace años, fue recién en la década del 50 que empezó a tomar verdadera conciencia de sí mismo. Supo utilizar la credulidad del ser humano ante la novedad de la televisión, y mostró toda su mentira y su mundo mágico haciendo creer que la realidad era esa, la que estaba ahí filmada. No era mentira eso, pero tan pequeña era esa realidad, tan pocos los que tenían la posibilidad de mostrarla y tantos los que estaban ávidos de verla que en poco tiempo la población del mundo fue retroalimentándose con eso que veía al punto que todos creíamos que la tele era el ojo del mundo y no una cámara que nos vende lo que alguien decide. Durante los últimos 50 años El Mercado pudo consolidarse logrando que todos digamos que las tendencias mundiales, en todos los aspectos, eran las que mostraba la televisión. Nuestra educación, nuestra información y nuestras ideas provenían de los países que disponían de los medios para transmitirlas, y siempre fuimos nosotros los que utilizamos ese sistema, incluso intentando copiarlo burdamente, por lo que El Mercado no era culpable de nada, sino que la gente era la culpable. Todos podemos hacer lo que nos plazca, todos podemos imponer nuestras ideas, inventá un aparato como la televisión, imponelo en el mundo y luego proponé lo que quieras, sos libre y si yo no te dejo es así. Son las reglas del juego. Vos dejaste que yo te mienta y vos creíste en mi mentira. Si vos sos tan boludo de creerme es tu problema. Si tu ley me protege no me podés culpar, aunque yo la haya impuesto, pues vos dejaste que te la imponga.
A medida que el Mercado se consolidaba como único guía trataba de que sus seguidores comiencen a hacerlo desde le principio, el arma que tenía para incorporarlos era la fama y el dinero, por lo que trabajando con el ejemplo, lograba que millones de incrédulos sigamos el camino de unos pobres inocentes, que ya engullidos en sus fauces, hablaban de lo arduo y difícil que era conseguir lo que uno quiere. Realitys shows, concursos a medida, peleas del primer puesto, premios millonarios, todas pequeños triunfos que El Mercado otorgaba a unos pocos y con esos pocos se retroalimentaba hasta exprimirlos, sacarles hasta la última gota de jugo y reciclar la pulpa seca y luego, cuando ya apenas quedaba un rezago de ellos, inventaba un programa de televisión que se llamaba “la decadencia de las estrellas” en E! entertainment y desde la nada, vendía su autodestrucción que la gente seguía comprando. Siempre habría un pueblo perdido en el interior del interior paraguayo en donde un adolescente mirando la televisión quiera llegar a la cima porque vio que una tal Soledad, desde Arequito, pudo hacerlo por ella, por su talento y por sí misma. El Mercado tenía esa particularidad, se basaba en ejemplos, por lo que nunca era culpable, si el mercado fracasaba, no fracasaba él, sino que fracasaba el ejemplo, lo mismo ocurría con los triunfos.
Desde siempre El Mercado había sabido mantenerse al margen y una de las cosas más extrañas era que conociendo a Hunab-Ku trabajaba ese mismo concepto, es decir, conociendo a las cosas más puras, El Mercado, que no era nadie en particular, utilizaba esa misma idea, Hunab-ku, Dios, El Mercado. No es nadie y lo es todo. Todos somos parte de y nada somos. Lo dice el Mercado. Hay que obedecer. Dios es el Mercado, pero no Dios en el sentido desvirtuado que utiliza la iglesia católica, sino Dios como Hunab-ku, como el más amplio concepto, en donde en su interior se encuentra el bien y el mal en el más justo de los equilibrios. Ahora bien ¿Cómo podemos llegar a pretender crecer cuando sabemos que no hay ninguna posibilidad, pues si el bien triunfa sobre el mal el equilibrio se rompe y todo desaparece?
Es en las mismas preguntas que se encuentran las respuestas. Todos somos el equilibrio. Cada una de las células que nos componen tiene tanta energía positiva como negativa, tanto El Mercado, La Bestia, El Capitalismo o como queramos llamar a eso que tanto hincapié hago en mostrarlo como “el mal” tiene lados tan buenos como lados malos tiene Hunab-Ku, la hermandad, la sociedad ideal, o como llamemos a la otra parte. Es en el equilibrio en donde se encuentra la respuesta. La balanza siempre debe estar pareja para que esto siga, sino se destruye. No hay posibilidad. Y nuestra lucha será cada vez más complicada y más grande. Si hoy estoy apostando todas las fichas en contra de Bush no es más que para contrarrestar tanto mal, aún sabiendo, ante la hipotética posibilidad de que logremos derrotarlo, que no será sino otro paso para encontrarnos no con personas que nos hagan daño, sino con algo mucho más poderoso y maligno que aún no conocemos. En nosotros está elegir en qué plato de la balanza nos vamos a ubicar. Sé que cuando todos los habitantes de la Tierra, digo TODOS, humanos, animales, plantas y hasta la Tierra misma logremos conectarnos en una sola mente y lograr la verdadera armonía, emprenderemos una nueva lucha ahora con otros planetas que lograron su verdadera armonía en la escala de grados opuesta, y nosotros, eterna Mente que abarca todo el planeta no seremos más que una persona en el Universo intentando que la ahora Hermandad Planetaria, pueda por fin lograr la armonía Galáctica, para que nuestra Galaxia seamos nosotros, y nosotros conectados con todas las estrellas que la componen, nos encontremos con nuevos desafíos: Una gran galaxia en la que triunfaron los Horkos que sólo intentan destruir para que el equilibrio siga.
Soy Eterno, porque yo así lo decido. Soy Galaxia, porque eso me aproxima a la eternidad. Soy Sol, porque así comprendo a la Galaxia. Soy Tierra porque pertenezco al Sol. Soy humano, porque sé que sólo siendo humano puedo razonar sobre lo que soy.
2 HISTORIAS DE MIERDA

El centro cultural quedaba a unas cuantas cuadras de la abadía. Vido llevaba a todos los que podía en una Trafic, pero la camioneta se había llenado y preferí caminar y de paso pasear por la ciudad de Viedma. El camino era fácil, bajar el río hasta la ruta, y luego caminar unas cuantas cuadras y encontrar la abadía. Los habitantes de Carmen de Patagones tenían una costanera hermosa. Una linda barranca que mostraba construcciones antiguas que se vislumbraba perfectamente desde la orilla correspondiente a Viedma, en cambio la costanera de Viedma, vista desde Carmen de Patagones era insulsa, apenas se veían unos árboles del parque y las pequeñas construcciones de los restoranes que daban a la orilla. Por lo tanto era preferible ir a comer a los restoranes de Viedma y mirar Carmen de Patagones, cosas de la vida, a pesar que su orilla era mas chota facturaba más, pues tenía mejor vista. Caminando por la orilla de Viedma veía la hermosa costa de Carmen de Patagones y hacia el otro lado las casas más conchetas de la ciudad. Hacía frío. Pero estaba lindo como para caminar. Una forma de quitarme la resaca también. La noche anterior había terminado del orto. La tarde de lecturas había sido apacible y tranquila y en el centro cultural, al ser municipal, no se vendía alcohol. Eso motivó en mí un contenido deseo que se manifestó durante la noche en consumir de manera descontrolada todo el alcohol que no había tomado durante todo el día. Después de haber ido a cenar regresamos a la abadía y nos metimos en la cocina con gente que estaba parando ahí y venía desde otras ciudades. El descontrol fue aumentando y las botellas de vino y los cantos colectivos con risas groseramente borrachas y fuertes emergían desde la pequeña cocina obligando a permanecer en vigilia a todos los concurrentes al encuentro que cansados del viaje y la jornada, simplemente querían descansar. Pero una mierda. Ahí estábamos nosotros. Un porteño, un bahiense, un villalongués, una riogalleguina, una comodororívadaviense, y no se cuantos más gritando y comunicando nuestros años y años de incomunicación. Todos unidos borrachamente con guitarras y poesía, dándonos cuenta que existimos y que vamos a estar poco tiempo juntos y que debemos aprovecharlo a pleno, queriendo mostrar nuestra cultura y conocer a nuestra gente hermana dispersa por Argentina. Emergiendo del espacio dormido. Explayando la controlada contención, y libres, por sobre todo libres. ¡Somos poetas en un encuentro de poetas! Podemos emborracharnos porque los poetas son libres y se garkan en todo!. En todo lo prohibido, en todas las normas, dogmas y convenciones. Y estamos juntos a las 4 de la mañana disfrutando de la poesía en el punto más controvertido de las acepciones. Poesía como campo de acción, como juego para el vuelo, en donde nuestro vuelo es vuelo entre poetas. Tertulias poéticas libres en que la poesía emana tanto en acciones como en palabras y hasta incluso vida en general. Comprar un vino barato es parte del poema que escribe el Vasco. Tomárselo es un verso de Dante. La Panchi y sus cabellos y presencia son el cierre de una estrofa. Nuestra poesía entre poetas. Mi verborragia porteña y ese grupo de mendocinos que llega tarde. Ese tal Gustavo que viene casi como un líder rodeado de gangsters marginales de la poesía. Los más borrachos, los más locos, los que vienen trabajando la poesía en la ciudad de Mendoza, esa Maldita Sidra mendocina con 45º de alcohol, y yo, aguantando desde Buenos Aires al peor personaje porteño, al más pedante y racista, metiendo versos en este gran poema de la diversidad ahí escrito delante de los ojos, a este exquisito cadáver que no tiene frases escritas sino acciones hechas y que sin organización vamos redactando en esta histórica hoja. ¿Y qué decir?
Conseguí el odio de Gustavo. Lo conseguí de la manera más arraigada y fuerte. Gustavo piensa, en la actualidad, que yo soy una mierda de persona y conmigo no quiere saber nada y no tengo forma de acercarme a él. Yo, el coordinador de la red más grosa de cultura independiente mundial, no tengo formas de trabajar con la ciudad de Mendoza en el aspecto literario. ¿Qué había pasado ayer?
Ahora camino desde el centro cultural hasta la abadía y reflexiono. Hubo una importante borrachera. Llegaron los pibes de Mendoza y bardié. Recuerdo unas charlas ¡DEL INTERIOOOOOOR!!!! recuérdome a mí cantando hip-hop anarko piketero, también recuérdome a mí: PORTEÑO, hablando de MÍ y por sobre todo, de mí... pero no recuerdo nada más. Ahora camino con resaca por la costanera de Viedma y pienso. Pienso por sobre todo que tomé mucha cerveza y me están dando ganas de cagar, pero sigo caminando. Antes del puente interprovincial sale como una calle que me acerca a la ruta en forma diagonal. Decido ir por allí. Después de caminar unas cuatro cuadras me encuentro con Alejandro y sus mujeres. Ellos realizaban un viaje aparte, se conocían desde antes y viajaban en grupo y exploraban Viedma en conjunto. 3 hermosas poetas y Alejandro, algunas con novio, otras no. Nada importa. Un grupo de histéricxs que lidiaban con otro grupo de histéricxs de Trelew y al parecer se comprendían. Dentro del encuentro de poetas se formaban grupos y subgrupos y uno ahí varado virgen queriendo pertenecer a todos pero no. Con unA es suficiente. Si ése es el objetivo. Solange está por ahí. Pero a Solange todavía no la conozco y Solange es una incógnita que viene desde el extremo noreste. Ahora camino por Viedma y me encuentro a Alejandro y sus 3 diosas que ríen. Siempre él y sus 3 diosas que ríen y la pasan bien. ¿Para que tres Alejandro? Pero Alejandro las acapara y las lleva por donde quiere, lo llevan a él también. Se llevan juntos. Yo me los encuentro, frunzo mis cachas conteniendo el chirlo excremento y converso un poco con ellxs, están recorriendo la ciudad y piensan cruzar hacia Carmen de Patagones, yo sólo pienso en llegar a la abadía, echarme un garko y tirarme un rato a dormir. Dividimos nuestros viajes y hacemos la nuestra. Mi objetivo sigue en pie. Apenas unas diez cuadras me separan de mi destino. El caminar se hace más dificultoso. La diarreica birra contenida en mis intestinos empieza a tomar verdadero protagonismo. Mi forma de caminar cambia, trato de apurar el paso pero tampoco puedo darme el lujo de correr. El caminar debe ser fluido y armonioso. Todavía quedan como seis cuadras y la presión interna no me da respiros sino que se incrementa. Intento transformarme en un monje shaolín con el fin de poder controlar mi cuerpo a través del pensamiento y sólo pienso en aguantar. Abandono la idea de llegar a la abadía y voy directo a la estación de servicio, una cuadra antes. Apenas me quedan 150 metros pero son eternos. Cada paso que doy es más dura la concentración y pienso que voy a flaquear. No quiero hacerlo. Presiento lo que se viene: una explosión de aceite amarillento. Estoy a unos pocos metros y miro la puerta del baño que se me presenta como la salida de una cárcel de la que estoy escapando, es cruzar esa puerta y salvarme, llego al picaporte y es horrible, está cerrada. Sin perder segundos camino con dificultad y entrecortando la respiración hacia el kiosco y en un solo segundo digo: ¡La llave del baño! A pesar de que el tipo está cobrando, ve mi desesperación e interrumpe su acción para dármela. Cada paso es peor, siento que no voy a llegar pero desde la nada saco fuerzas y reprimo aun más a la revolución de anarkistas que quiere escapar de la prisión corporal. Logro introducir la llave y abrir la puerta y camino los apenas 4 metros que me separan del inodoro mientras me intento desabrochar el cinturón. No llego, la concha de su madre, siento como una burbuja me traiciona e increíblemente redoblo mis fuerzas y contengo la explosión. Sólo falta bajarme los pantalones, coloco las manos en los bordes y ¡PRRRRRRUAAAGHGGH!!!. No lo podía creer. En el último segundo flaquié. No llegó a explotar dentro, pero hubo combinación. Ahora lo importante es descargar todo y luego pensar. Por lo menos vuelvo a respirar, ya está, ya no puedo volver atrás. Escucho a un hombre que entra al baño. Me quedo encerrado en el bañito esperando que salga. Escucho como se lava las manos, escucho como se va. En posición semi acuclillada planteo mi situación. Tengo los zapatos puestos, el pantalón en los tobillos y lo que es peor, una gran mancha de mierda en la parte superior interna, también tengo mierda en el cachete que chorreo un poco por la pare posterior del muslo. Hay un poco de líquido mierdoso en el suelo y otro tanto en la tabla del inodoro. La gran mayoría está en el interior. Obviamente no hay papel. En mi posición de cuclillas todo queda como está. Debo caminar hasta los lavatorios en esa posición pero abro la puerta de mi intimidad y observo que la puerta principal está abierta. Un hombre está afuera colocando aire en los neumáticos de su auto, toda su familia espera en el interior aburrida con vista directa hacia donde estoy. Controla la presión de sus ruedas, una, dos, tres ruedas y luego abre el capot del auto y desaparece. Por lo menos tapa la vista de la familia y en una rápida reacción, salgo de mi asquerosa intimidad y rápidamente consigo cerrar la puerta del baño. Me saco los zapatos y las medias, me saco cuidadosamente el pantalón y comienzo con la tarea de lavado. Mantengo la camisa y el suéter por sobre el ombligo y con la mano y sin jabón literalmente me arrojo agua sobre la mierda del cuerpo y la voy quitando. El agua está helada pero nada de eso me importa. En puntas de pie sacando orto hacia el lavabo me siento ridículo y espero por favor que a nadie se le ocurra entrar al baño. Consigo lavarme el cuerpo y dejo caer la remera que no me cubre ni un poco las partes pudendas. Me pongo entonces las medias y los zapatos y me dedico al pantalón. No es muy grande la mancha pero no deja de ser una mancha de mierda. Con gran asco debo meter las manos en los bolsillos traseros y sacar la billetera, pero es como que ya estoy vacunado, al fin de cuentas es nada más que mierda, vino y cerveza procesados con jugos gástricos. Casi sin sólidos, por suerte no había comido anoche. Sumerjo ese sector del pantalón debajo del chorro de agua e intento limpiar, refriego, escurro, mojo, refriego, retuerzo y veo como de a poco la cosa se va solucionando. Entra un playero de la estación de servicio y me encuentra con zapatos, medias tres cuartos, y en pelotas intentando darle calor con la máquina seca manos al empapado pantalón. Siento vergüenza y más vergüenza aún por el desastre que hay dentro del bañito.
Flaco, tuve un problema, le digo. ¿No me podés conseguir un balde y un secador de piso?
El chabón no me dijo nada y mientras yo me ponía el pantalón húmedo fue a buscar lo que le pedí y me lo dio. Cargué el balde, abrí la puerta del baño y arrojé uno, dos, tres baldazos de agua y recién ahí me sentí libre. El gran poeta preso de la mierda recuperó su libertad. Nadie se iba a enterar jamás de lo que pasó excepto ese hombre que a lo sumo se lo podrá sospechar, pero no llegó a verme cagado. Mi secreto era nada más que mío y aunque en un principio había visto como posible la idea de dejar todo el inodoro cagado, la entrada de este hombre me hizo desecharla y ahora no había una sola prueba, salí del baño tranquilo aunque con el pantalón mojado, dejé el balde y el secador en el baño y devolví la llave. Le dije al playero: gracias y me fui hacia la abadía a darme una ducha, cambiarme y hacer esa tan deseada siesta. Me dormí pensando en mi secreto...
Por la tarde siguió el encuentro de poesía y a pesar de que llegué tarde pude conocer la hermosa mirada de una alumna de Gabriela que tenía los ojos más increíbles que había visto en mi vida. Eran celestes, pero no transparentes, un celeste fuerte y profundo, casi turquesas y encima me miraba como sólo las mujeres saben hacerlo cuando gustan de un hombre. Pero no pude hacer nada... tonto me dirán mis compañeros de ruta... 16 años tenía y me parecía un engaño todo lo que podía ofrecerle, pero bueno, así es. Me hago cargo de mi absurda moralidad legal que me dice: “que sea mayor aunque sea” y seguimos durante el resto del encuentro jugando con el coqueteo. Hermoso coqueteo que a esa edad está como una frágil flor descubriendo a la primavera. ¡Pero vos sos un pelotudo! fue la primera respuesta que tuve de mis amigos y puede que tengan razón.
Nebud era un escritor chileno radicado en Carmen de Patagones, era un personaje increíble. Leía unos relatos cortos muy ocurrentes y graciosos y los leía con una mezcla de acentos que los hacían más divertidos aún. Era uno de los 100 escritores que participaban en el encuentro y al vivir en la Comarca no participaba de las noches en la abadía ni de las borracheras de bares.
Hacía 6 meses que había vuelto de La Comarca y Nebud me escribió un mail diciéndome que iba a venir a Buenos Aires y que si por favor no lo podía aguantar por una noche. Si, le respondí, y así fue que Nebud cayó el sábado a la noche a una fiesta en donde le dije que iba a estar. Estaba cansadísimo y si bien a mí me hubiese gustado quedarme no podía soportar verlo en ese estado y enfilamos a eso de las 2 de la mañana para casa. No hablaba mucho, tenía unos 45 años y era flaco como un espárrago, medio rubión, el pelo bastante largo y voluminoso, como una especie de personaje extraído de una película de los años 70. Nebud estaba más que agradecido por la invitación y trataba de causarme la menor molestia posible. No te hagás problemas, me decía, duermo en el sillón. Pará un poco Nebud, tengo un colchón. Y saqué el que guardaba debajo de la cama y lo puse en el piso del local. Ahora traigo unas sábanas, dije, y el otro insistía: No, dejá, duermo así. No le hice caso y le di las sábanas y una manta. Dormí apaciblemente y cuando me levanté por la mañana me había olvidado de la presencia de Nebud en casa. Estaba lavando los platos mientras se calentaba la pava y lo veo aparecer y hasta casi me asusté. El personaje se había incrementado durante la noche, el pelo había adquirido un mayor volumen y su cara flaca y larga me sonreía mostrando solamente los cuatro dientes de adelante, y a los costados, el vacío. No sé a que obedecía su forma de vestir, pienso quizás que tenía una actitud punk. Tenía mocasines marrones, medias blancas por encima del pantalón de gimnasia azul que le llegaban hasta por debajo de la rodilla y la camisa perfectamente abotonada metida por dentro. El pantalón subido hasta por encima del ombligo, al estilo del General Perón y esos pelos... Sé que yo no puedo pasar por elegante, pero lo mío era comodidad, y así, con esa presencia me pidió muy tímidamente si no tenía una manguera
¿Una manguera?
Si, una manguera de las comunes, como para regar.
No entendí su pedido por lo que pregunté extrañado: ¿Para qué la necesitás?
Para ir de cuerpo.
¿Cómo? Volví a preguntar ahora realmente sorprendido y Nebud se dio cuenta y me empezó a explicar:
Lo que pasa es que sufro mucho de hemorroides y es muy doloroso, y como ahora tengo diarrea con la manguera me ablando el esfínter/
Tomá. Lo interrumpí. Y agarré un pedazo de manguera que guardaba en el placard y se lo entregué. No me interesó en absoluto su explicación y no quise saber para que carajo ni cómo pensaba hacer uso de la misma. Nebud se metió en el baño y yo me serví otro mate. Al toque empecé a escuchar una serie de ruidos que no quise escuchar por lo que me fui hacia el local, encendí la radio, e intenté (digo intenté porque no pude) olvidarme de lo que estaba haciendo con esa manguera. Una vez que salió del baño mi curiosidad era enorme pero apenas lo vi hablé de cualquier otra cosa. Si bien sabía que se había lavado y que todo estaba bien, no podía dejar de pensar ¿Cómo habrá hecho para utilizar la manguera en esas canillas anchas? ¿habrá tocado algo? Tenía tal grado de ignorancia que hasta me daba asquito convidarle mate. No sé porqué. Si hubiese ido al baño y se hubiese limpiado con papel era lo mismo, aun peor, pero no sé. Y nada quería saber de ese hombre en mi casa. Después de un prudente rato aduje que debía ir a comer a lo de mi madre y lo acompañé hasta el colectivo, volví a casa con unas tremendas ganas de mear y cuando entré en el baño me encontré con un gran charco de agua en el suelo y la manguera mal retorcida dispersa y mojada ahí tirada. Mientras meaba no podía dejar de mirarla y pensar en qué había pasado. Luego la agarré así como estaba y pensé en tirarla a la basura pero para eso debía manipularla para introducirla en una bolsa, por lo que decidí meterla en una alacena olvidada de la cocina. Ahora ya debe estar seca y la cuarentena habrá eliminado las formas de vida que se gestaron en su interior y/o exterior. Mi hermosa manguera ha regado su esfínter en flor que se habrá marchitado o crecido. La mierda es un tema más tabú que la droga, la homosexualidad o la violación de niños ¿escuchaste alguna vez hablar a alguien abiertamente y sin vergüenza sobre el ano contra natura?
EL COMIENZO

Había conocido a Tania en la fila de rentas en el año 2000, ella había sido el detonante para que me separe de mi mujer 4 meses después y luego había desaparecido. Se había vuelto a vivir a Bariloche y, aunque me había partido la cabeza, ya me estaba olvidando de ella. Me llamó a finales del 2001 en un viaje relámpago a Buenos Aires, consiguió mi teléfono buscándolo en la guía. Mi casa en ese momento era Giribone (o Giribone era en ese momento mi casa) y ella vino a mi casa o a Giribone y nos hechamos (¿hicimos o echamos?) uno de los mejores polvos que recuerdo en mi vida y luego... Desapareció nuevamente y se volvió a Bariloche.
Como muchos de los habitantes que viven en Buenos Aires yo también pensaba en escapar ¿hacia adonde? podía ser la pregunta. Conocía Europa, conocía Uruguay, Bolivia, Brasil y bastantes lugares de Argentina. De todos esos lugares los que más me atraían eran Bariloche y Valeria del Mar, quizás porque eran los lugares que más había visitado y hasta incluso eran como mis segundas ciudades, de alguna u otra manera Bariloche y Valeria tenían hermosos encantos, muy diferentes entre sí, pero ambos giraban en mi cerebro a la hora de decir: abandono todo y me voy a la puta que lo parió.
Nada me daba el puntapié inicial como para escaparme, tenía un trabajo estable, una calidad de amigos inigualable, estaba gestando una red de cultura como nunca nadie había gestado, mi familia era una masa que me bancaba en todas, tenía una mujer hermosa a la que amaba y me amaba, una casa, un auto... Todo era perfecto.
Pero tuvo que venir Tania y mostrarme la aventura. Y Tania buscó mi nombre en internet y me escribió, cuando ya casi me había olvidado completamente de ella, ella se acordó de mí y me lo dijo. Me dijo que quería verme y abrazarme y sentir mi cuerpo en esa tarde del 2004, tres años después de saber algo de ella, ella se acordó de mí. Tania. Hermosa Tania. Me dijo que el invierno en Bariloche pegaba duro y que le gustaría tenerme ahí al lado suyo para que la abrazara y le dé un poco de calor en este mundo hostil que trata a la gente como cosas. ¿Y yo?
Yo me enamoré. Me enamoré ciegamente y creí en el amor y pensé que aunque estábamos a 1600 kilómetros y tres años nada importaba. No me importaba que haya tenido un hijo, no me importaba que su vida fuera un caos, no me importaban sus mails ciclotímicos, ni las distancias. Sólo creía en sus suaves piernas y su piel recubriéndolas, su sonrisa sincera y su lunar debajo del labio inferior. Su aventura, su arte, su forma de llegar a mí. Llegó una vez, llegó dos veces, y a través de internet me encontró una tercera, y ahora nos comunicamos por mail y está todo más que bien, hay risas, hay ganas. Ella ya está separada y el padre de su hijo es un pobre infeliz del cual no sabe como pudo alguna vez haberse ¿enamorado?.
Nada de eso me importa, a mí sólo me importa ella. Ella que aparece cuando la necesito, ella que aparece después de 4 años. Ella y un posible mundo en una posible y hermosa ciudad como Bariloche en un momento en que todas las coordenadas se relacionan y me dicen que el trabajo que realizo es horrible. Que los arqueadores de pestañas son una mierda, que los mayoristas de arqueadores de pestañas son una mierda más grande aún y que los consumidores de arqueadores de pestañas directamente son unos imbéciles de mierda. Y yo que estoy vendiendo basura a los basuras en una ciudad basura recibo un mail de Tania. Una luz dentro del sol que me invita a encontrar un mundo nuevo, una hermosa rubia desde Bariloche que fabrica velas mientras fuma porro y mira la montaña, una mina que de verdad me gusta me dice que le gustaría pasar una tarde de lluvia junto a mí, mirando las montañas desde la ventana de su habitación, y yo le respondo y le digo que voy a ir, pero que me aguante un cacho, porque tengo que resolver algunas cosas. Que me dé un par de meses como para que abandone todo de una forma más o menos ordenada, y eso es lo que hago. Y ella no me responde, pero no me importa.
BUKOWSKY
Bukowsky es el obligado referente literario para todo adolescente punk que se cree intelectual. Como adolescente punk que se cree intelectual conocí a Bukowsky y me devoré toda su obra. Como punk que descree de todo leí a Bukowsky y no le creí, y como enfermo encasillador decidí analizar la obra de Bukowsky y descubrir cuales de las cosas que decía eran reales y cuales mentiras. Para eso me propuse juntar absolutamente todo, como el más enfermo de los coleccionistas, lo relacionado con Bukowsky. empecé por sus libros y todo lo que decía de él en internet. Me bajé cientos de fotos y poemas, y empecé a estudiar, desde su obra, si lo que decía en sus libros era verdad. Y así fue que fui descubriendo sus pequeñas trampas. Vi sus películas, sus videos y empecé a despegarme del autor y entrar en su vida. Descubrí el mundo Bukowskiano y toda la pelotudez que hay a su alrededor y llegó un punto en que me sentí tan inmerso en esa pelotudez que me pregunté hasta que punto seguía alimentándola. Pasé horas, días, meses y años estudiando a ese nefasto personaje que si bien en un principio fue auténtico, tomó su autenticidad como un caballo de batalla y siguió exprimiéndola hasta el final. Un personaje que no supo crecer con los años, que siguió siendo el mismo (y no él mismo) a pesar de su gran inteligencia que utilizó para crear el producto “Bukowsky” y lo logró. Y desde este humilde lugar felicito a Bukowsky por lo bien que llevó su carrera. Un tipo auténtico que supo mantener las convicciones que no tenía y que supo cagarse en todo cuando así lo decidió. Levanto mi copa por él, por su obra y por lo que dio a la humanidad.
En mi afán de coleccionar a Bukowsky, y siendo un principiante en la colección, no dudé en comprar una revista Rolling Stone en donde se promocionaba la edición de un texto inédito. Un título en la tapa que correspondía a una sola página que no era más que la publicidad de una película a filmarse sobre la obra de el Bueno de Chinasky. Pero ese mismo número de la revista, sin título en la tapa, y perdida entre tantas publicidades y notas publicitarias traía otra página en donde decía que un grupo de arte llamado Culebrón Timbal había salido de gira por Latinoamérica en un colectivo. Y estaba la foto ahí del colectivo decorado con muñecos con toda la gente divertida encima y la nota donde explicaba lo que era y que nada se entendía porque al parecer intentaban serlo todo pero el colectivo se les rompió y tuvieron que volver y todo lo que intentaron ser se reducía a una nota en la revista, pero no sé. Me flasheó aquel grupo y toda su locura. Me gustó y por un momento quise ser parte de eso.
A mí realmente me chupa un huevo. Veo esto de escribir como una cosa burda y barata, es decir, cuento cosas que pasan intentando darle una forma amena a la lectura que no sé si logro, pero no es ese el objetivo. Ya lo dije, mi objetivo personal es llegar al centro de la galaxia y como tan lejano me resulta eso mientras tanto escribo y trato de contar con palabras simples como veo la cosa, quiero contar que es lo que vivo día a día porque me parece que es una herramienta importante como para construir un futuro, pero me pasa que me junto con mis amigos y ese futuro no sólo que a nadie le importa sino que hasta les parece aburrido. Hablo de la construcción de un nuevo mundo y mis amigos me dicen que me calle, que fume otra seca y me deje de joder y realmente no entiendo. Está todo bien, sí, en cierta forma no estamos de acuerdo con el mundo que nos presentan pero en cierta forma sí. Por momentos queremos cambiar todo y por momentos queremos dejar todo como está. Argentina es genial, somos primer mundo y a la vez no, nos intentan poner leyes ideales que son imposibles de cumplir. Prohibido bañarse en el río dice el cartel, y detrás del cartel hay montones de niños que se meten y padres que se cagan en todo y dejan que sus niños se bañen y se bañan con ellos y no hay policía capaz de hacer cumplir una ley ridícula porque el policía está ahí, metido en el río prohibido disfrutando su día de franco. Hasta casi bizarro parece todo, y lo es.
Pero sin embargo en esta Argentina rara soy capaz de respetar a la gente, a ese policía bizarro que en su día de franco inflinge la ley y se mete en el río y recibe coimas encubiertas de la fábrica de químicos que hace la ley para que el río esté prohibido. Y entonces me entiendo como gente, porque soy gente y veo que la gente es contradictoria y está engañada, y yo, contradictorio, engañado y gente no hago otra cosa que seguir viviendo, cometiendo aciertos y errores uno tras otro, escribiendo pavadas y genialidades, cosas obvias que necesito decir para que esto cambie y así siga siendo igual y que sigamos luchando. Uno no sabe muy bien para que hace las cosas pero en esta enorme rueda no hay posibilidades de quedarse quieto. Es muy fácil estar de acuerdo con la paz mundial y la libertad y creo que si me pongo a hablar con Bush él dice que está luchando por eso y hasta quizás me convenza. Pero no hablé con Bush, y por ahora no tengo pensado hacerlo. Dónde apuntar el trabajo es casi una intuición. Con quien estar de acuerdo también lo es, pero generalmente es en la relación directa que uno va encontrándose. El verse a las caras y hablarse.
Si bien conocía al Culebrón Timbal por un artículo en la Rolling Stone fue recién 2 años después, en la casa de Niceto que los vi en vivo y pude entender un poco más de que se trataba aquella locura y parefernalia conurbaniana.
Básicamente el Culebrón era un grupo de música, pero alrededor de eso había mucho más, e incluso el grupo de música no era el centro sino que estaba alrededor, igual que el teatro, los muñecos gigantes, la construcción de espacios, el cómic, los personajes, el día de las grandes promesas, el enorme plan. Eso era sobre todo, un Enorme Plan que estallaba en la cabeza de Balán y desde ahí se expandía y ramificaba hacia los puntos más inhóspitos del Gran Buenos Aires. La cultura barrial era lo que alimentaba a todo el Culebrón y al hablar de cultura barrial uno habla de una cultura enormemente rica y dispersa en donde no hay ningún eje central que la contenga, porque el barrio se construye así mismo y supera absolutamente todos los intentos de hegemonía, si bien durante décadas el sistema peronista supo contener a las hordas de habitantes del conurbano, durante la década menemista todo se rompió y la cultura barrial disparó para cualquier lado tomando referentes que pasan de la cumbia villera a las religiones más baratas, pelos de colores y zapatillas de 300 dólares en familias que apenas cobran un subsidio, latinas murgueras con cuerpos espectaculares, fútbol, mate, construcción de ídolos ficticios, desorden berreta, subsistencia, pertenencia a la nada, arraigarse a una plaza olvidada y querer a ese barrio que nada da pero lo es todo y que Buenos Aires mismo muestra al leer su mapa como es en realidad: montones de rutas que confluyen en un solo punto abren un abanico de posibilidades que como un gran río se va alimentando de arroyos, de avenidas afluentes que convergen en las rutas y confluyen en un pozo central en donde los ríos de gente se estancan y rebalsan y durante el día el centro atrae como una luz a los insectos y por las tardes, cuando la luz comienza a apagarse, los insectos retoman los grandes caudales de agua como salmones contra la corriente, por autopistas, trenes y rutas se van despegando de las grandes arterias y volviendo a sus madrigueras, de arterias a venas, de ríos a arroyos, de arroyos a acequias, de venas a capilares. Recién ahí es donde se gesta la verdadera cultura barrial. En el corazón de esas manzanitas perdidas que aparecen como cuadraditos alejadas a apenas 10 cuadras de la ruta doscientos y algo, en la página dos cientos y algo de la filcar en donde llega el colectivo dos cientos y algo.
En una de esa manzanitas está el predio La Huella, por Cuartel V, entre Moreno y José C. Paz y allí se había instalado El Culebrón Timbal después de haber pasado dos años en el Conventillo de Sanabria. Ahora estaba allí, no en el corazón del conurbano porque el conurbano no tiene un corazón sino miles, miles de corazones que laten conectados al mismo tiempo y son lo mismo pero no. Nadie puede decir de donde nace la cumbia villera pero sí que nace del corazón del conurbano bonaerense, las cosas en el conurbano surgen y cuando la gran ciudad se da cuenta de que surgieron ya es demasiado tarde para frenarlas. En el 2001 la ciudad se llenó de cartoneros y nadie sabía que eran esas personas con carros juntando cartones, pero de hecho que surgieron en el conurbano y cuando la ciudad se dio cuenta ya estaban tan instalados que no hubo forma de volver las cosas atrás. Los vecinos de Recoleta tuvieron que acostumbrarse a que los habitantes de los suburbios fueran a revolver sus basuras y por más leyes que intentaron poner para frenarlos fue imposible. Los cartoneros siguieron.
La cultura barrial nace, y como todo nacimiento tiene un período de gestación oculto en donde se cocinan los ingredientes y van dejando sus diferentes sabores y aportando para ese futuro “movimiento” que se dará a conocer sí y sólo sí, ese “movimiento” creció y se consolidó a tal punto que logró atravesar la General Paz. Buenos Aires tiene una particularidad, Argentina la tiene. Argentina es un enorme territorio en donde hay una ciudad central que es Buenos Aires, ubicada casi en el centro del país, 4 o 5 ciudades de más de un millón de habitantes y montones de ciudades y pueblos más pequeños dispersos por todo el territorio. La ciudad de Buenos Aires tiene 3 millones de habitantes y otros 12 millones viven en el conurbano. Casi un tercio de la población del país vive en los suburbios de Buenos Aires y ese tercio no tiene representación cultural propia, si bien están divididos en partidos, municipios y barrios, el conurbano es en sí mismo una entidad cultural, a lo sumo dividido en zona norte, oeste y sur, pero no hay barrios que impongan o presente su propia identidad cultural, el conurbano funciona como conjunto a pesar de abarcar no sólo a los nacidos en la zona, sino a la mayoría de inmigrantes de las provincias y de los países limítrofes, el conurbano termina siendo un rejunte de culturas de las más disímiles que fueron utilizadas desde hace décadas por los gobernantes como para SÓLO conseguir votantes, personajes que no se interesan en la propia gente sino que la ven como un número. Ser gobernante de La Matanza es tener la fuerza política de tres millones de ciudadanos y sin embargo estos tipos no tienen ni idea de lo que se gesta entre sus propios votantes. Para entender a una persona es necesario antes que nada conocerla y la única forma de hacerlo es estando con ella, hablando, viendo cuales son sus objetivos, sus deseos, sus limitaciones. Para entender a un pueblo la fórmula es similar pero bastante más complejo el lograrlo. Los inmigrantes traen sus culturas y las despliegan en su nuevo ámbito y en el conurbano se ve eso, se ven culturas ancestrales que no hace más de un año que se ven pero son ancestrales, escuchás a un pendejo cumbiero vestido de raper haciendo un hip-hop a la pachamama, un viejo papacho con zapatillas Nike, canta con su charango un tema a Maradona, y está absolutamente en pedo. Vivir el conurbano es otra cosa, queda acá a unas cuadras de Buenos Aires y la única forma de vivirlo es estando.
En el predio La Huella está la huerta comunitaria, la cooperativa de micros El Colmenar, la Mutual Primavera, el centro de deportes, el Culebrón Timbal, la sede de La Posta, la Radio y otros tantos emprendimientos. El lugar es hermoso. Desde capital uno puede llegar en el tren de Pablo Nogués o en el de José C. Paz. José C. Paz es increíble. Montones, pero montones de gente se bajan del tren y confluyen en pasadizos y peatonales en donde los vendedores ambulantes, o mismo comerciantes con locales vociferan los productos que tienen en oferta. Las calles están sucias y la gente camina como zombi, compra como zombi y sale del tumulto como zombi. Se dirigen hacia sus paradas de colectivos cruzando las destartaladas calles o se suben a remises destruidos que juntan 4 personas y las llevan a sus barrios perdidos por las rutas. Pasando el cruce Derqui unos 600 metros, está el predio La Huella, un cartel prolijamente pintado a mano lo indica. Luego un camino de tierra de unos 150 metros rodeado de almácigos e invernaderos, algunos perros que ladran y poca gente. Pasás un portón de alambre y te encontrás con una vieja casona rodeada de árboles en donde sólo se escucha el trinar de los pájaros. A la izquierda está la vieja sede de la radio y más allá el galpón del deporte, una pileta destruida que estaría buenísimo reparar, unos metros más de terreno y un nuevo portón que conduce afuera, hacia el barrio. Igual a todos los barrios que increíblemente se reproducen casi como calcos: la calle de tierra, el almacén barato enrejado que vende de todo, los pibes de la esquina, los niños por la calle tirando piedras y corriendo, fútbol, señoras charlando en la puerta, jardines a la vista con Pelopinchos[8] y de nuevo los niños. Los grandes, algunos gordos, sentados y tomando mate, suena cumbia en el aire, y cuelgan las remeras de Los Piojos.
En La Huella está la gente reunida haciendo sus historias, muchos grupos de sillas dispersas por el parque, y en uno de esos grupos está Balán, hacia allá voy.
Nos juntamos hace un par de semanas y Balán me dijo de participar en la Caravana. No sabía muy bien que hacer, demasiado me parecía El Culebrón ante la poca trayectoria que tenía )el asunto(, pero “no sé” dije, GRACIAS VIDA y le di para adelante.
La onda era realizar una presentación previa a la posterior Caravana que se iba a hacer en diciembre: un desfile de Carrozas realizadas por todas las organizaciones barriales con colores, muñecos gigantes, obras de teatro, murgas, y por sobre todas las cosas, cultura barrial. Nos juntamos en la casa de Balán, no sé de que hablamos pero de hecho que me fui con una idea. Tenía una tamaña responsabilidad, Balán pensaba como que yo era un referente de la cultura independiente de la capital o algo así. Es decir, El Culebrón Timbal estaba bien arraigado en el Conurbano Bonaerense, pero en capital no existía. Jamás en el Sí y en el No, pocas presentaciones capitalinas. Balán pensaba que desde )el asunto( podía llegar a convocar gente para que participe desde capital. El Culebrón Timbal en cierta forma correspondía al espíritu de )el asunto( pero en un estado mucho más organizado.
Algunos de los que me cruzaba por la vida eran personas lindas que tiraban buena onda. Balán, entre otros. Alto personaje. Al Gran Balán argentino Salud!!!. Gracias a Balán conocí a La Huella y al Culebrón Timbal y a todo lo que se presenta con eso porque eso es una puerta abierta hacia el conocimiento real.
Balán es un tipo absolutamente expeditivo. Un laburante ciento por ciento. Su teléfono suena permanentemente y el resuelve y deja su vida en el laburo, un laburo que no mucha gente puede entender que es, vos lo ves organizando actividades barriales gratuitas que difunden la cultura gratuita y no entendés como es que logra vivir y le preguntás y te dice, y... hago algún diseño, trabajo la gráfica con... tengo un subsidio de una ONG... y querés saber como hace, solamente como para entender y saber donde ir a golpear las puertas y no sabe decirte, no es que no quiera, no sabe porque lo único que sabe es laburar. Balán es un tipo que ve más allá, él entiende sin palabras y te dice con hechos que la única forma de entrar es laburando. Balán no abre puertas, se las abren y sabe que para que te abran un puerta no es necesario golpear sino trabajar. Hacer. ¿Qué y cómo? Eso es lo que debemos entender nosotros.
Una de las razones que me lleva a escribir este libro es tratar de comunicar mediante ejemplos (mi ejemplo sobre todo) que se pueden hacer cosas, no es que me considera una persona ejemplar y en eso se basa mi ejemplo, es que siendo un bardo, un tipo que lucha por algo que no tiene ni ida que es, un borracho y fumón al que le gusta la fiesta, un jodón y risueño personaje que muchas veces se va de boca, a pesar de todo eso puedo tener un pequeño lugar en el mundo y hacerme respetar por mis propias convicciones y lograr construir desde la nada y sin herramientas un hermoso castillo de burbujas tan endeble que la única forma de aguantarlo sea que millones de personas estén permanentemente sosteniéndolo y reparándolo.
La idea del evento hA ςer Caravana fue la antesala de la propia Caravana, la primera estación fue en el Teatro Verdi, en La Boca. Teníamos un espacio de la puta madre dispuesto a ser (hacer) llenado con emprendimientos que disparaba la gente. Desde mí no sabía muy bien como llenarlo pero me propuse trabajar en la parte literaria, y en mi medida, en la difusión. Pensé en un impresionante evento en donde ocurran cosas todas a la vez, al estilo de las mega raves, en donde podés elegir, al mismo tiempo a quién querés ir a escuchar. Dentro del teatro había un enorme salón en el piso superior que se podía utilizar sin interferencia de sonidos del salón principal. Allí podría establecerse un espacio para la poesía. Por mí mismo sabía que no podía convocar gente, entonces se me ocurrió apelar a los demás. Conocía varios ciclos de poesía y pensé que si cada ciclo convocaba a unas 5 personas, seríamos unas 30 almas escuchando poesía, no era un gran número pero me parecía muy interesante la unión. Maldita Ginebra, Zapatos Rojos, Flores Negras, La Bodega del Diablo, Ramón y la Dama Juana, Pantuso, La Colifata... en fin, una interesante propuesta que se fue deshaciendo de a poco. Zapatos Rojos, La Colifata y Flores Negras no llegaron a subirse. Maldita llegó, vio que había poca gente y se fue. Quedamos los restantes, haciendo lo mismo de siempre, un ciclo para los poetas, en donde encima Richi se terminó cagando a trompadas con Ignacio. Lo mismo de siempre. Todos tirando agua para sus molinos mal construidos sin darse cuenta que no hay agua suficiente, putas gotas que se disputaban egoístamente teniendo al río más ancho del mundo a no más de medio kilómetro de distancia. Millones de toneladas de agua que alcanzaban para todos y para más también tiradas por la cloaca y nosotros disputándonos lágrimas caídas sobre la mesa absorbidas por un papel secante.
Casi como si fuese un puntero peronista pude meter a todos mis amigos y parientes en la antesala de la Caravana. Si bien mi objetivo era la parte literaria, mi hermana pudo exponer sus cuadros y una amiga sus esculturas, vino gente de UPMA, estaba el local itinerante y tocó Sabrina.
Sabrina merecería un capítulo aparte, no sé que me atraía de ella, no era su música, a pesar de que su música es hermosa, tampoco era su cuerpo, no tenía un cuerpo escultural, pero era linda. Una especie de hermana de Amelie, una mirada de ojos grande que miran desde abajo y sonríen cómplicemente, flaquita ella, con su violín a cuestas y sus ganas de luchar, Sabrina era como un desafío; no como un desafío para el levante, sino como un desafío para decirle otra cosa, ella estaba más allá y no se daba cuenta de eso, desperdiciaba su cuerpo y sus contactos intentando estar donde no era y me parecía tan obvio todo que quería darle una oportunidad que por supuesto no podía porque lo que quería mostrarle era esa ridiculez a la que sin darse cuenta apuntaba. Hablaba con Sabrina y sentía que yo disponía de la intuición femenina de la que ella carecía ¿Cómo no se daba cuenta de eso? ¿Cómo no se daba cuenta de que Gabriel Carámbula[10] era un pelotudo y no le abriría ninguna puerta? La veía frágil; si quería triunfar ¿Para qué se lo cogía? No entendía eso y tampoco le podía decir: cogeme a mí, porque no le iba a dar mucho, pero intuía que le podía dar más que otros tantos que se cogía. Sabrina tenía un objetivo que era triunfar, y tenía el talento como para hacerlo, tocaba tango rockeado y lo tocaba bien, en Europa podría ser rica, así de simple, y acá también, pero hablaba con ella y sus ansias de triunfo opacaban toda su valorada trayectoria tocando en subtes y la humildad con la que ejecutaba el violín. Humildad que se veía absolutamente dejada de lado en cuanto recibía el primer aplauso o halago y le decían que ella no debía estar ahí, sino en otro lado, y era verdad, pero era su propia estupidez la que la anulaba, porque pedía más. De cobrar 50 pesos en un par de horas en el subte intentaba cobrar 100 por una hora en un restorán, y a pesar de que tenía razón, el mercado no pagaba eso y entonces Sabrina estaba ahí, indigna en el subte, sin restorán y trabajando en una oficina. Sin saber como salir de eso, intentando con su cuerpo que alguien le aclare las cosas, alguien que aparezca, cojan un poco y que la saque de ese pozo. Tenía todas las armas al respecto y las disparaba para cualquier lado. Quería ser yo ese alguien, pero no quería coger sólo para eso y tampoco me sentía capaz de darle otra alternativa, me proponía una tarea demasiado difícil de la cual tampoco estaba muy convencido pero que todavía de vez en cuando retomo. Por Sabrina. Levanto mi copa de vino y ¡Salud!. Una vez más, ¡Salud!.
CAPÍTULO APARTE
Luego de que en Octubre se hizo aquella presentación a la que esperábamos 800 personas y cayeron unas 400, hicimos la primera Caravana y fue espectacular, fue el 10 por ciento de lo que planeamos y el mil por ciento de lo que esperamos.
Había un año por delante para trabajar en la segunda Caravana. Como todos los proyectos que realizan las organizaciones independientes era difícil saber si hacer la segunda iba a ser posible. Durante ese año me abrí del Culebrón y estuve haciendo otras cosas y recién en septiembre pasé por la inauguración del galpón en Cuartel V y pregunté, así, como al pasar, si se haría la Caravana. ¡Si! me dijo Shalom altamente convencido, pero me metía en la página y nada. Ni un anuncio. Así mismo, por esas intuiciones de la vida, volví a apostar mis fichas al asunto y pensé en realizar un móvil de )el asunto( (valga la redundancia). Ya teniendo la experiencia me pareció fácil, sólo debía convocar a la gente y juntos íbamos a lograrlo.
Mi objetivo era construir un libro gigante y colocarlo en el techo del auto promocionando el local itinerante de cultura independiente, y en cada una de las paradas, desplegar el puesto y vender libros, pero por sobre todas las cosas, participar en este nuevo hecho de construcción social. Demás está decir que me colgué. La segunda Caravana se hacía en diciembre, y era noviembre y del libro gigante todavía ni noticias, pero hete aquí, y lo que son las vueltas de la vida, que unos 15 día antes de que ocurra La Caravana estoy escribiendo este libro y me encuentro inspirado y se me termina la birra; son las 2 de la mañana ¿qué hago? Todavía queda un kiosco que vende y todavía me quedan 10 pesos en el bolsillo, pues bien, voy a comprar con mi bolso camuflado que me permite ocultar las birras de los inspectores y en el camino paso por una iglesia evangelista y ¡que me encuentro!, gracias a Dios, ¡Una enorme Biblia que construyeron los chicos del catecismo! Un libro construido de cartón de más de un metro y medio de alto que es ideal para cambiarle las letras y participar de la caravana. El mismo libro que estaba pensando en construir aparece ahí delante mío tirado para que lo recojan los basureros o cartoneros, pero no es ese el destino, antes que ellos paso yo porque es el mismo destino el que se da cuenta de mi cuelgue y decide darme un empuje. Ahora no tengo alternativa, debo participar de la Caravana y ponerme las pilas. Me lo dijo Dios con su Biblia. Y así, teniendo el libro que pensé hacer y no hice no pude hacer otra cosa que participar. Le conté a Alejandro la historia (un chabón impresionante que apareció hace tres meses con todas las pilas intentando trabajar) y él se copó y decidimos adaptarlo, sólo había que cambiarle las letras que decían “Santa Biblia” por “)el asunto(, y eso es lo que hicimos. Una tarde de mate en casa, solamente recortar y pegar las letras, y ya teníamos el libro para colocar en el techo del auto.
2º CARAVANA CULTURAL POR LOS BARRIOS
Me había propuesto no escabiar el viernes y levantarme temprano. Mi escasez de dinero ayudaba pero en las fiestas Matrias vendí un par de libros y no pude con mi genio y le di duro. Terminé en casa quebrado a las 4 y media de la mañana. Increíblemente a las 8 menos cuarto tenía los ojos como si hubiese visto a Pampita en bolas, deberían ser los nervios de participar en la Caravana. Mientras me estaba bajando los mails cayó Ale, tomamos un par de mates y cargamos las cosas en el auto. A las nueve y media ya estábamos en la colectora de panamericana rumbo a la 197 comiéndonos lomos de burros y semáforos para ahorrar 1,60 de peaje. Cuando cruzamos las vías en Pablo Nogués le dimos a un churro mientras escuchábamos a Antoño Escothado en un tema de Calamaro. Pasamos José C. Paz, el Cruce Derqui y llegamos a La Huella, el predio de donde partía La Caravana. La entrada de tierra fue en silencio. Parece mentira, pero apenas 200 metros de aire son el aislante ideal de un gran quilombo. Atravesando el alambrado estaban a mil. Diez carrozas a pleno dispuestas a salir, todos los murgueros tocando, los motores encendidos y la gente caminando de un lado a otro nerviosa, una hora después de lo previsto, pero bastante a tiempo. Sólo hubo tiempo de unos rápidos saludos, montar el libro gigante en el techo del auto, palpitar la adrenalina y partir. Las murgas sonaban sobre los camiones lo mismo que las estruendosas bocinas y la música. El clima festivo estaba en los más de 300 caravaneros todos montados en los respectivos camiones, nos ubicamos detrás de la Carroza que los de SERPAJ compartían con los Viciosos de Sagrada y enfilamos por la 197 hacia José C. Paz. Hicimos una gran cargada de gasoil en el cruce y luego le dimos despacito por la ruta para el lado de Gran Bourg. Viajar con una Caravana de estas característica por el Noroeste del Conurbano tiene tres aspectos distintos, la ruta, los chalets, y los barrios. Otra cosa son las llegadas a las plazas en donde esperan los “aguantes”, que eso es algo aparte. En la ruta están los automovilistas que quieren llegar a donde sea lo más rápido posible, y de golpe se encuentran con una decena de camiones decorados que les cortan el paso y no entienden nada, pero increíblemente se enganchan y no putean, miran atónitos preguntándose que es lo que festejan y observan las carrozas y hasta incluso las aplauden y bocinan. En los grandes centros comerciales, a pesar de no dejar sus ocupaciones, los comerciantes salen a la calle y saludan, en los barrios de chalets salen pocos y de golpe son cuadras y cuadras simplemente andando con uno o dos vecinos en las puertas de algunas casas, pero en los BARRIOS, donde está la gente del conurbano, ahí, a no más de 5 cuadras de la ruta, la onda es otra. Había tres o cuatro camiones que tenían sonido fuerte, murgas sobre todo, uno de ellos iba abriendo el paso y haciendo salir a la gente a la calle, luego venía una carroza tranquila de las huertas comunitarias, un móvil de los centros de salud repartiendo preservativos y luego el camión del Culebrón Timbal, con la banda sonando ahí arriba en vivo, con micrófonos y grupo electrógeno anunciando lo que eso era: ¡Vecina, vecino! ¡Esto es una fiesta de las organizaciones barriales! ¡Unidos, convocando y construyendo un país más justo! ¡Más de 100 organizaciones comunitarias participando en conjunto! ¡Centros de Salud, cooperadoras, centros de jubilados, cooperativas, grupos barriales! ¡La segunda Caravana Cultural por los barrios ya está en marcha! ¡Cómo todos los años! ¡Sin apoyo de empresas ni partidos políticos! y ahí enganchaba la banda cantando: ¡Caaaaravaaaana, de los barrios, al fuuuuturoo!!! ¡Creyeron queee pegando iban a cambiar la histoooriaaaa!!! y mientras el Culebrón pasaba con eso, atrás venía, como para descansar, la carroza del Centro deportivo La Huella y atrás de eso otra murga, Los que Quedamos, 20 personas con sus trajes tocando y bailando y salían los chicos, porque eso es algo increíble, en los barrios hay chicos. Montones de niños que juegan en las calles de tierra se acercaban a la Carvana y bailaban al ritmo de los tambores y gente que tenía miedo abría las puertas de su casa y se acercaba tímidamente y saludaba. Los del SERPAJ repartían posters que decían “Ser joven no es delito” que explicaban qué derechos tienen los jóvenes ante una detención policial. Posters que quedarán pegados en miles de habitaciones. Y también repartían folletos sobre la educación para la no violencia. Recorrimos barrios inhóspitos hasta para los barrios de al lado porque todas las organizaciones entre sí, están desorganizadas, y los comedores compran verdura al Carrefur porque no saben que la huerta comunitaria existe pero no, eso creía yo. Un burgués escritor que vendía libros. Las organizaciones estaban organizadas
Llegamos a Gran Bourg y no podía creer lo que veía. Toda la plaza rodeada por las carrozas y las obras de teatro comunitarias representando uno de los objetivos de la Caravana: Presentar la Carta Popular en el 2006. Y los actores son buenos, y la obra está buena y encima tiene buen contenido. Veía todo eso y también veía que toda esa movida no tiene ningún lugar en los medios ¿Por qué será? ¿Será comunista? ¿Piquetera? ¿La gente que la realiza es fea? ¡¡¡No!!! eso no, por favor. Aseguro que esas chicas que bailan murga están buenísimas... ¿Y los chicos? Ahí no puedo opinar, pero también deben estarlo. Cuerpos atléticos, buena onda, baile, alegría... Debía documentar de alguna manera todo eso...
Fui a la librería y compré un cuaderno y me propuse preguntarle a cada una de las carrozas que participaba a que era lo que se dedicaban y porqué lo hacían. Mierda. Con cada uno de los que me ponía a hablar era un sin fin de nombres y de organizaciones organizadas, una simple murga, no sé, veía a 20 personas bailando y tocando, y les preguntaba ¿de qué murga son? de Los que Quedamos. ¿y cuantos son? y... somos unos 80 pero acá vinimos 20... ¿Ustedes trabajan sólo con la murga o hacen alguna otra actividad? Noo... mantenemos el comedor “por los pibes”, trabajamos con el frente murguero, hacemos talleres de capacitación, tenemos una huerta, un centro cultural, una división de fútbol... Y la puta que lo parió. Una simple carroza que al lado de las de Río de Janeiro era una poronga, demandaba montones de organizaciones y años de trabajo, ¿Cómo construir una carroza de un comedor infantil cuando para la construcción de esa carroza hay que sacrificar 10 días de alimento de los pibes? ¿Para qué hacerla si con lo que demanda se puede dar de comer? Pero es así. Estamos en el mundo globalizado. Nos guste o no, y la publicidad es un arma mucho más grande que la solidaridad. Ellos ya se dieron cuenta y la utilizan a mansalva y saben que auspiciar el nuevo disco de U2 es más rentable que otorgar verdaderos beneficios. Movicom regala las entradas que pagamos comunicándonos. No está mal comunicarse, pero no es el hambre nuestra moneda, y si bien estamos gastando 10 días de comida de los pibes, también estamos pagando con nuestra vida entera para que ellos gasten su mezquindad. Pero por sobre todas las cosas, nuestra publicidad es otra: Unidos, convocando y construyendo un mundo más justo... un mundo es demasiado, okay, un país. ¿un país también? bueno. Vamos a las fuentes. Unidos, convocando y construyendo un barrio más justo. Es simple. Se puede. Lo estamos haciendo. Desde el barrio y hacia el mundo y no al revés.
BARILOCHE
Bariloche es una ciudad bastante nazi. A grandes rasgos hay como tres tipos de sociedades, los turistas, los hippies y los lugareños, los hippies son como la unión de los otros dos. Después de la devaluación todos los que viven del turismo, gobernantes incluidos sobre todo, pretenden hacer de Bariloche un paraíso para los que dejan la tarasca. Ellos creen que los artesanos, mochileros, artistas callejeros y demás visitantes marginales son una lacra a la que deben erradicar, pues no dejan dinero sino que se lo llevan. Los terrenos en Bariloche valen como si estuvieran en Europa, por lo que a los habitantes originarios les es imposible acceder a la vivienda propia. Derribar un árbol tiene una multa de 1000 pesos y los extranjeros compran terrenos y derriban todos los árboles y pagan las multas y les chupa un huevo, pero a los pobres lugareños, que derriban un árbol para sacar la madera y poder construir su rancho, les intentan cobrar las multas y se dan cuenta que no pueden pagar y entonces los nativos no pueden vivir en su propia tierra y empiezan las rivalidades y divisiones.
Conseguí que me presten un departamento alucinante a apenas un par de cuadras del centro, de dos pisos, con vista al lago. Era un viaje planeado, por lo que había intentado realizar todos los contactos posibles. Hermanos de amigos, padres, conocidos y gente que estaba viviendo por allá eran mis puntas para intentar conseguir algún trabajo y poder instalarme. Llegué a las 11 de la mañana y sin perder tiempo me dirigí al locutorio y empecé a contactarme con la gente. Tendría unos 10 contactos entre los que se encontraba Tania, pero es que con Tania hacía ya un par de meses que no me comunicaba, no sé porqué. Llamaba a la gente y arreglaba citas para la tarde, para mañana, para la semana que viene, todas posibles citas laborales, pero la única persona a la que realmente quería ver era Tania. Hermosa Tania. Pensaba en llamarla unos días después, pero no pude. Ella vivía en el kilómetro 6 y me dijo que la espere a las seis de la tarde en el centro cívico. Perfecto. Ya nada me importaba. Fui a ver a un par de gente a la hora de la siesta y en mi cabeza sólo estaba ella. Hacía 3 años que no nos veíamos y dudaba mucho de nuestra mutua reacción.
Pero la vida se repetía. Aquellas charlas bajo la impresionante magnolia en Quilmes sólo mirando su rostro y su sonrisa volvían a ser reales. El mundo era real. La felicidad existía. Mi primer día en Bariloche y hasta parecemos una familia feliz. Su niño morrudo, rubio y de enormes ojos azules se ríe a carcajadas cuando lo alzamos por el aire. Ota vez, ota vez, ota vez. Repite una y otra vez. Comemos un helado, nos reímos, nos miramos, nos reconocemos, el frío de la noche comienza a sentirse y nos vamos para su casa. Compramos unas cervezas, prendemos la chimenea, cocinamos unas carnes y fumamos un churro, nada puede ser más perfecto, parece incluso una estúpida película de amor, ¡pero sigue! ...ella me hace masajes, nos abrazamos, nos besamos, nos miramos tierna y risueñamente y nos acariciamos. Mi corazón late con la fuerza del amor. SIENTO amor, tantas chicas besadas creyendo que ese sentimiento lo era y ¡qué lejos estaba ese sentimiento del verdadero amor! Y ni tengo que decir absolutamente nada porque ninguna palabra puede llegar ni siquiera a acercarse a lo que expresa mi cuerpo y parece que ella lo entiende, decidimos ir para su habitación, arriba hace frío, pero no importa, somos capaces de mantener el calor. Debajo de la manta seguimos besándonos y abrazándonos, nos vamos quitando mutuamente la ropa y seguimos jugueteando completamente desnudos y de repente: No. ¿¡Cómo??!. Que No. ¿Cómo que no? No. ¿Qué le pasará? ¿necesitará ponerse más cachonda? Todo estaba perfecto ¿qué habré hecho mal? Por mi parte creo que nada. Estamos desnudos en su cama y me dice que no, pero no le creo su no y aunque me digan que cuando una mujer dice que no es no creo que todas las reglas son flexibles porque sigo puerteando y la cosa se va lubricando mientras que de su boca vuelven a salir las malditas negaciones, aunque ahora intercaladas con gemidos y algún tímido siihh.
No lo podía creer. La misma mujer con la que recuerdo haber tenido uno de los mejores polvos de mi vida está ahora acá al lado más fría que la mejor cerveza. No tiene caso contar detalles. Logramos terminarlo ambos. Logramos ACABAR. Logramos el fin. La META, la conclusión, el resultado. Y una vez terminado se dio vuelta y se puso a mirar la pared. Intenté abrazarla en la clásica cucharita y lo logré, solamente que mi cuerpo era de carne y el suyo de acero inoxidable. No entendía nada. No sabía que hacer ni que mierda le pasaba, se me ocurrió preguntarle. ¡Para qué! Nada fue su respuesta. Y era la verdad. No le pasaba nada, ni nada bueno ni nada malo ni experimentaba ningún tipo de sentimiento ni tenía ganas de hablar ni de pensar ni de que le hable ni de que esté a su lado. Solamente quería que la deje dormir y yo la dejaba dormir pero desde mis adentros sentía como un mismo polo en el magnetismo corporal. Una inexplicable aura magnética se me introducía en el interior y me causaba un dolor que no era físico pero sí horriblemente angustiante. Me era imposible conciliar el sueño por lo que me levanté y salí al jardín y sin importarme el frío me quedé como una hora tirado en el pasto cubriéndome con las estrellas e intentando que ellas me intenten dar una explicación. Pero las millones estrellas de la Vía Láctea Patagónica nada tenían que decirme, excepto comprenderme y entenderme y hacerme pensar en la paciencia y el respeto. En la eternidad. En la calma, en que el tiempo transcurre y nuestros actos, aunque sean todo, nada significan. Fumé cigarrillos, sentí frío y volví hacia el interior de la casa, reavivé el fuego de la chimenea y ahora no fueron las estrellas mis guías sino las llamas. Todo era efímero, cambiante, las llamas se deshacían aun cuando todavía no habían tomado siquiera forma, el aire las moldeaba a su antojo, imposibles de atrapar. A pesar de que la esencia era la misma el fuego era la Nada y sin embargo esa Nada eran todas las estrellas. De un momento a otro Tania me había derrumbado. De una hermosa tarde pasé a una asquerosa noche y ahora estaba consumido, como los restos de brazas que despacio se iban apagando. Dormité un rato, pero me despertaban las pesadillas, aparecía Tania consumiéndose en el fuego de una estrella y mis pensamientos se confundían. Eran pensamientos y eran sueños y era pensar en los sueños y era soñar pensamientos. Y de golpe eran gritos y llantos de niños y eran ruidos de pasos en el techo de madera y era la voz de Tania calmando a su hijo y luego ella preguntándome con la más linda sonrisa y la mayor naturalidad: ¿qué pasó que no dormiste conmigo?. Nada fue mi respuesta. Porque no había pasado nada.
EL ABISMO
nunca me había pasado eso
de estar sin un peso en el bolsillo
(Osvaldo Soriano)
una sombra ya pronto serás
La verdad es que me sentía privilegiado en cierta forma, cuando ya parecía que nada podía salvarme... aparecía alguien desde la nada y solucionaba mi pequeño problema.
Tenía madre, padre, hermana, parientes como tíos, primos, abuelos, amigos, padres de amigos y conocidos ocasionales a los cuales sabía que siempre podía recurrir en caso de falta de alimento, por lo que mi mayor preocupación era conseguir el dinero para los vicios, ya que me parecía pésimo tener que estar mendigando vino y cigarrillos. Así mismo no sabía pedir. Mis padres se habían separado a mis 14 años y mi madre maestra no podía aguantarme la joda, por lo que desde esa edad siempre tuve diferentes trabajos que me sostenían el despilfarro, por otro lado, mis amigos siempre fueron más o menos pudientes, por lo que sin tener un mango, vacacionaba en Pinamar, Punta del Este, Bariloche en invierno o verano e incluso había viajado a Europa absolutamente de prestado. Todo eso ocurrió durante la adolescencia y la posterior adolescencia tardía, los veinti se alargaban y alargaban y la vida seguía siendo joda y más joda. Encima con Menem en el medio, por lo que la plata parecía nunca ser un impedimento. No era de comprarme ropa o tecnología ni de concurrir a lugares caros, yo laburaba, y con el fruto de mi trabajo consumía lo que me tocaba y siempre había tenido como para aguantar a algún amigo en dificultades o darme pequeños gustillos.
A partir del 98 la economía Argentina se fue debilitando y la mía no fue una excepción. El laburo empezó a escasear y las deudas a abundar, pero yo no me prendí en la de deber, por lo que empecé a restringir gastos y aguantar. Y aguantar.
Y aguantar.
Y el aguante cada vez se hacía más difícil y ganar el peso peor. No sólo porque la plata no existía, sino porque la gente que debería dármela (por el fruto de mi trabajo) cada vez tenía menos y a la primera persona que cagaban era a mí. Los clientes de arqueadores de pestañas debían teléfono, cable, alquiler, cuotas de los colegios de sus hijos, impuestos y medicina prepaga, pero por sobre todas las cosas debían todo eso montados en zapatillas de 150 dólares que no se resignaban a abandonar. Los antiguos 50 dólares que me debían a mí hace un año eran apenas 17 y cuando iba a cobrarles me lloraban la carta diciéndome que los aguante otra semana y otra más y la mierda. Doctorados en el arte de patear para adelante se encontraban conmigo, el peor arquero de un equipo de un solo jugador. ¡Salile! me gritaban mis amigos desde las oficinas de mitad de cancha ¡Salile! y miraba alrededor y nadie. Y salía y avanzaba unos cuantos metros y nada. El tipo me esquivaba, pateaba para adelante y de taquito sin siquiera gritar levantaba la mano y pensaba: “gol”. Luego se iba a su casa, se alquilaba una peli y se sentía triunfador. Y lo era. De los 12.000 dólares que debía había logrado deber 17 menos, los míos. Por tan poca monta de plata en negro el tipo sabía que no iba a hacerle juicio ni contratarle matones para apurarlo, y como para mí el dinero siempre me había chupado un huevo se libraba de uno de los 100 que iban a atosigarlo con presiones para que le pague. Uno menos. Uno de los que tenía que patear mirando a los ojos, pero que fácil era librarse de mí. Mientras tanto interiormente iba acrecentando la desconfianza, un sentimiento de mierda que no quería tener entre mis sentimientos y ante eso mi opción era escaparme, sacarme de mi lado a toda la gente con la cual pueda experimentarla, y así es que me iban cagando, cuando los tipos se daban cuenta que yo no quería tener sentimientos negativos me los ofrecían como única opción y entonces me iba, y a pesar de que me encontraba cada vez más puro, también más pura era mi pobreza y mi descontento para con la sociedad toda.
Mis planteos cambiaban. Cuando tenía 17 años me chupaba un huevo laburar para la Technical Associetty Corporation y vender mierda a los imbéciles, pero con el tiempo me replanteaba todo y pensaba: ¿quiero ganar dinero para vivir bien o vivir bien simplemente? Planteaba esas preguntas como blanco o negro, es decir, no veía como compatible eso de ganar dinero y hacer lo que a uno se le cante el orto. Sin embargo hacía casi un año que estaba trabajando de vendedor de arqueadores a la mañana y vendedor de libros independientes por la tarde y noche y si bien mis mayores ingresos provenían de la venta de los arqueadores creía que si ponía toda mi energía en los libros y usaba mi conocimiento comercial, podría, en un futuro cercano, lograr vivir con la venta de libros.
La respuesta de la gente con respecto a )el asunto( era impresionante, a la mayoría de las personas les parecía interesantísimo el trabajo de distribución y difusión que estaba realizando y supuse que si lograba fomentarlo un poco y acompañarlo con alguna otra cosa podría salir adelante.
Bariloche fue un punto de inflexión y por sobre todas las cosas, reflexión. Durante la siesta Bariloche se escapa, se va de excursión a las montañas, a los lagos y a la playa y recién a partir de las 5 de la tarde empieza a verse el movimiento en el centro que dura hasta las 10 de la noche, hora en que recién oscurece. Después de comer me tiraba a mirar el lago en algún lugar apartado y pensaba. ¿Qué hacer? Era obvio que mi relación con Tania no tenía ningún futuro, es más, no tenía siquiera presente, pero Tania tenía algunas cosas que me rompían la cabeza. Un día Tania se levantaba y me invitaba a recorrer terrenos para tomar, íbamos a la pequeña Jamaica, a los fondos del 13 y como si estuviésemos en un supermercado elegíamos dos terrenos, este para vos y este para mí, decíamos y eso sumado a su sonrisa y su hermosa mirada me hacían ver una pequeña luz con la cual se podría llegar a ver el principio de lo que podría ser una relación. Luz que se apagaba 5 minutos después cuando en su ciclotimia Tania directamente me despreciaba y me odiaba. Bariloche era en un 50 por ciento Tania y en otro 50 por ciento Bariloche, pero el 50% que representaba a la ciudad se dividía en infinidad de porcentajes como ser, trabajo, vivienda, amistades, vida social, etc. Por lo que Bariloche quedaba reducido a la nada. La ENORME y roja luna llena reflejada en el lago sumaban uno o dos puntos, la seudo fama que había logrado en apenas dos meses que se demostraba en caminar por la ciudad y saludar gente otros dos puntos, las dos o tres chicas que gustaban de mí otro tanto y así, sumados todos los aspectos positivos, no llegaba ni a un cuarto de lo que me reconfortaba en la vida. Mientras estaba allá mi hermana había chocado mi auto, por lo que era conciente que mi trabajo de vendedor de arqueadores, aparte de que nada me gustaba, había encontrado una nueva excusa para abandonarse. Mi sueño de vivir felizmente allí se estaba derrumbando y la vuelta a mi vida anterior también. Debía pensar algo como para encarar una vez terminado el verano. ¿Cómo y qué hacer? La sola venta de los libros no daba para vivir pero si lograba encontrar alguna punta con otra cosa si lo lograría. Tenía dos posibilidades, vender una casa y vender un auto y con ello encarar. Con la venta de la casa se me había ocurrido comprar un colectivo y vivir de gira por la Argentina, pero demasiado jugado parecía aquello, por lo que volví a Buenos Aires y me decidí por la venta del auto y empecé a palpitar el abismo. Tenía 170 pesos en el bolsillo, gasté 120 en el pasaje y me quedé con 50, una casa y un auto. Vendí el auto en 3000, mal vendido, podía haberle sacado 5000, pero nada, vender autos no era mi trabajo y agobiado por la falta de dinero me lo saqué de encima y me retiré del precipicio. En el cajón de la mesa de luz había 3000 pesos que iba consumiendo a medida que necesitaba. Gasté 1500 en una fotocopiadora del año del orto. Una pésima compra. Pero el puntapié inicial para encarar una nueva etapa: editar libros. El año 2005 fue casi como un año sabático. Me dediqué a realizar lo que verdaderamente quería hacer y sólo eso. Me levantaba a la mañana y corregía los escritos con una pava de mate y unos cigarros, ordenaba los libros que iba recolectando, organizaba proyectos, en forma tranquila, sin romperme la cabeza ni hacer mucho esfuerzo. Comía cuando se me cantaba el orto y tomaba todas la birras que quería, dormía siestas, y por las noches me iba de juerga, a veces ayudaba a Maru con el bar y me daba unos pesitos, a veces me iba con el local y vendía algunos libros, hice un par de viajes, a Viedma, a Misiones, a Rosario, siempre con la mochila y los libros. Salió )el asunto( de Miércoles, derivó en Poesía de Miércoles, el año se iba terminando y los laburos cada vez salían más, cada vez iba vendiendo más libros y editando nuevos, todo parecía que podía llegar a funcionar. La vida se me presentaba idealmente. No temí entonces cuando Mario me dijo: vamos para San Martín de los Andes. No tengo un mango fue mi respuesta. No te hagas drama, yo te presto y después me lo devolvés.
Pensé que con los laburos que tenía pendientes más otros que me irían surgiendo podría en pocos meses devolverle las tres gambas que me bancó. Apenas llegamos a San Martín de los Andes la novia del Mario y su amiga se pelearon para la mierda. Un planeado viaje que íbamos a realizar 4 personas fue un viaje de dos personas peleadas y otras dos conciliando. Una mierda. Encima fue la peor quincena de la década. 15 días de los cuales 13 llovió, y uno de los dos días que no llovió lo pasamos en la parte de atrás de la camioneta cagándonos de calor y polvo por caminos de ripio desérticos. Para colmo la chica no novia con la cual compartía la carpa, estaba más rayada que un tornillo salido. Por lo que ni siquiera podíamos darle al buen sexo como para amortiguar las duras relaciones. En fin. Me volví a Buenos Aires porque pensé que tenía mucho trabajo por delante.
S.P.A. (siempre pasa algo) con los hermanos Corol, un programa de mierda donde nunca pasa nada, Esa maldita costilla (su nombre lo indica) lo peor de la televisión femenina. Creanselón de Replay, una poronga al lado de los viejos programas de Jack Palance, con lo único que me entretenía un rato era con los videos más increíbles del mundo, choques y persecuciones yanquis que hacían asquerosa propaganda de lo mal que la podías pasar si escapabas de la ley. Juro por dios que he visto el horroroso trato que les daban los guardia cárceles rusos arrojando agua a los presidiarios en un motín. Nada pude ver de la cárcel de Guantánamo, pues el programa sólo mostraba hechos aberrantes. A las tres de la tarde apagaba la tele y me dormía una siesta rumiando mi desconsuelo. Nadie en Buenos Aires, la clase media recargada disparaba sus cartuchos por la costa. Un día arroz. Otro día arroz. Fideos, arroz, nada. Un pancho. ¡10 pesos de prestado! hoy los fideos son con queso cebolla y ajo. ¡Vendí un disco de 12 pesos! arroz con bolognesa, albóndigas fritas, arroz con cebolla y ajo. Arroz con manteca. ¡Un cumpleaños! Escabio, marihuana, choripán y papas fritas. Así vive el último crédito que le queda a un burgués antes de arremangarse la camisa y salir a la calle a ganarse el mango. Un tipo que está en un absoluto cero y lo invitan a una fiesta con champagne y lomo al champignon, y es conciente de eso, pero todavía no es capaz de agachar la cabeza y pedir ayuda. Todas las realidades son distintas, y gracias a eso es que seguimos. Soportándonos a nosotros mismos. Sabiendo que vamos a salir. Son sólo etapas que por algo necesitamos vivir. A mis alrededores no hay muerte, soy un privilegiado, puede ser, pero es que aprendí a rodearme de vida y seguir con una sonrisa, hasta el final.
PRIMAVERA NEGRA
El abismo no es el fondo. El fondo es infinito, siempre se puede caer un poco más, pero el abismo es como una soga atada a las pelotas que te atrae hacia el piso, peor aún, porque el dolor no es físico y el escape está en el interior, como ahí también está el nudo que retiene, empuja y hunde. Te deja tirado en la cama mirando la televisión al mediodía y preguntándote las fallas y descubriendo que el camino que querés hacer es el correcto, el que estás haciendo, pero no hay camino ni nadie que vaya delante tuyo diciéndote hacia donde es y entonces creés que estás equivocado y mirás como estás y es verdad, estás equivocado transitando el camino correcto. Ves a los montones de imbéciles que viven como vacas comunicándose con celulares y gastando 50 dólares en el show de los Stones y te volvés a preguntar en donde fallaste, ya que no te alcanza ni para comprar una botella de vino. Ves que tu abismo es una gran mentira que vos mismo creaste porque no sos capaz de arremangarte la camisa y salir a laburar hasta el día en que te cortan la luz de tu casa y recién ahí descubrís que sos un verdadero imbécil, ya que no sabés ni buscar un puto trabajo, le echás la culpa al capitalismo, al sistema y al mundo y el mundo que sigue dando vueltas se caga en tu culpa y te deja simplemente de lado mirando otro programa de televisión al mediodía.
Y eso que creías que nunca te iba a pasar, porque vos sos un escritor que conoce un montón de gente y editó 12 libros y más de una veintena de otros escritores, y tenés una casa y una familia y el secundario, e incluso unos años de universidad, de repente te pasa y tu ropa comienza a estar sucia porque no tenés plata ni para jabón, y aunque tenés pinta las minas te empiezan a rechazar o te encontrás que hace meses las únicas minas que te dan bola son unas borrachas descontroladas drogadas que lejos están de lo que vos pensabas era una chica para vos. Pero tenés que empezar a entender que esa es tu realidad. Toda la mentira pergeñada empieza a mostrar sus tripas al sol.
El asunto cae como un barrilete en un día sin viento.
Ya ni siquiera quiero pedir prestado porque no tengo forma de devolverlo. Entonces salgo a la calle a vender libros y me gasto 2 pesos y vendo 4 (gano 1), y al día siguiente gasto 2 y no vendo nada. Me encuentro a Diego Arbit en la calle y él vende y no entiendo como hace pero vende los mismos libros que a mí no me compran. Todo es una reverenda mierda. Veo como día a día mi vida se destruye y voy perdiendo de a poco lo poco que me queda. Ando como el carrito de una montaña rusa a través de un recorrido que no existe y la primera frase que me dice la gente que no me ve hace mucho inevitablemente es: “estás más flaco” y es verdad. Me siento débil. Me siento tonto. Me siento inútil. Y la única forma que se me ocurre para salir de las vías que me arrastran obviamente hacia el abismo es intentarlas reencaminar a medida que avanzo. Saltar del tren en movimiento hacia adelante, ganarle en la carrera y ponerme a trabajar. Despertar a los durmientes, martillar los rieles, nivelar el terreno, conseguir los bulones y construir la nueva vía sin tener el más puto conocimiento ferroviario y el tren que me alcanza con el trabajo a medio empezar, es decir, sería preferible haber dejado todo como estaba y que el tren caiga por fin con todos los pasajeros hacia el suicidio, pero no. Es solamente aletargar la agonía para que Dios se dé cuenta de mi existencia y me tire alguna migaja de piedad, que me encuentre haciendo esfuerzos inútiles aunque sea, porque no tengo la más puta idea dónde es que están los esfuerzos útiles.
Argentina se despierta de su crisis y los índices de desocupación bajan a un dígito y sin embargo la venta de libros es peor que en los peores momentos de la Argentina. Mis libros son de tabaco armado, de parches en los codos, de zapatillas baratas, de yerba secada al sol, de cal y fijador, de jabón blanco... Ahora los comensales quieren calidad y se nota al caminar por la calle Florida o las callecitas del Viejo Palermo que los idiomas son distintos. Gente rubia con sombreros de cowboy y filmadoras extra chatas miran con asco los sucios papeles escritos que les intento vender por un dólar. Los diarios repletos de avisos clasificados que piden telemarkers cuya única forma de acceder es mandando el currículum por mail. Mi currículum tiene media página de estudios y trabajo formal y tres páginas dedicadas a la cultura independiente, y me cortaron la internet. Mi experiencia en computación venció en windows 98 y encima no sé mentir. La nueva Argentina se pudrió antes de nacer, Las Madres de Plaza de Mayo realizaron la última marcha porque cumplieron sus objetivos. Los piqueteros ya no cortan más las rutas, los asambleístas fueron desalojados de todos los espacios públicos que tomaron y realizan algún que otro festival cada tanto. Los Rolling Stones vuelven a llenar estadios y a la semana siguiente los vuelve a llenar U2 que recibe la orden de honor del gobierno nacional por su lucha por los derechos humanos más 10 millones de pesos de los argentinos. Hadad es el único que le da la mano a Bush y en su noticiero habla de la nueva construcción latinoamericana. Mc Donalds saca la nueva hamburguesa “Che Burguer” y los turistas se llevan la cajita de recuerdo. Todos se llevan una tajada y veo pasar los gajos de la torta por delante, por detrás, por arriba, por abajo, por todos los costados. Estoy inmerso dentro de la torta como el aire dentro de una pelota de goma que rebota en una habitación de paredes de oro en una casa de un barrio privado y apenas puedo respirar dentro de esa bola que patea un niño malcriado con uniforme de colegio aumentado. Mi visión es ciega. Me retraigo dentro esperando que por fin el niño pateé el balón hacia lo de una vieja vecina rompe pelotas y me libere, pero no pasa eso, y como las cosas volvieron a ser de buena calidad el balón ni siquiera se desinfla. El aire me ahoga y su presión me comprime y me anula. Tengo las manos atadas y el cerebro nublado. La gente que me conoce está afuera de todo y me observa hundirme y saben como sacarme a flote. Me dan ideas de trabajos. Me dicen que salga a la calle y pinte, que paseé perros, que haga electricidad del automotor, pero yo no sé hacer nada de eso. Soy un inútil. Estoy ciego.
No necesito consejos ni posibilidades, necesito órdenes. Necesito que me golpeen en la cara, que me den patadas en el culo.
¡Pero ojo! Sé defenderme. Soy un nene caprichoso que tiene respuestas a sus caprichos y tomo todas las ayudas y digo gracias, ya te las devolveré. Ahora compro vino con las dádivas y escribo, porque escribir me salva, pero también me transporta por laberintos espiralados que no conducen a ninguna salida sino hacia el centro, para llegar al fondo del abismo y darme cuenta que no queda otra cosa que retomar el camino, pero no, al fondo se llega en caída libre y la salida es con una soga de billetes verdes que cae desde arriba y que no pienso utilizar porque el orgullo me lo prohíbe. Pienso acumular de palabras el suelo y construir una montaña de basura para poder pararme encima de ella y entrar nuevamente en el laberinto, pero no retomar el camino por el que entré sino construir uno nuevo, donde la salida no sea la misma por la que entré, ni siquiera otra salida, sino una entrada. Porque salir es estar en este laberinto de palabras y hurgar hasta en el último hueco alimentándome de ángulos rectos, tubos de ventilación sinusoidales que suben y bajan y se interconectan aportando una tercera dimensión, caminos que unen edificios con puentes colgantes cruzados por debajo, rampas que transportan a bifurcaciones, un intrincado y complejo meandro de galerías tan hondas como largas. Enormes montañas artificiales más grandes y lejanas que la cordillera de los Andes se vislumbran en mi cerebro tejiendo redes perspectivadas en programas binarios. Velocidad macrocósmica computarizada. Creación cerebral constante. Un pasillo tras otro, sobre otro, por debajo y hacia todos lados, una pesadilla sin miedos que se descubre en la vigilia y crea inconscientes razones para darse cuenta que ése es el lugar. Y sin embargo es la misma vigilia la que pega el martillazo sobre la derrota y destruye los pocos sueños que quedaron a salvo, el terremoto que aparece justo después de haber perdido la guerra y ni siquiera produce la liberación de la esclavitud en que me transformó mi vencedor. Es que me venció el pasado, a pesar de que el presente está agonizado con una indigestión de regurgitados orgullos se observa claramente que el futuro no es la muerte. Mi evolucionada sociedad tiene una inyección para devolverme y convencerme de que debo seguir, deja que agonice como para darme tiempo a reflexionar y decida ser “algo”, un “algo” que no pide ni necesita y que sin embargo sirve en bandeja de plástico cromada adornada con márqueting y lujo.
EL FONDO
Las gotas de transpiración recorren mi rostro, escupo los pedazos de muelas cariadas, la falta de alimento me anuncia un desmayo, siento la resaca desde el coxis hasta las cervicales, el sillón tiene la forma de mi cuerpo y en las sábanas está impregnada mi pestilencia. Eructo un hedor a caries que me da arcadas, me saco el horrible sabor con tragos de vino, botellas de vino. El hígado me noquea y me deja nuevamente dormido y al día siguiente lo mismo. Salir a buscar el trabajo que no quiero. Hay yerba mate, todavía no cortaron el gas y sigo colgado de la luz. Incluso encontré un peso en un bolsillo de un pantalón para comprar 10 cigarrillos. Suficiente para encender la computadora y escribir, sentarme en mi forma de sillón y darle a las teclas, mirar la pantalla blanca y el pensamiento negro y la culpa que martillea desde adentro del cerebro sobre los botoncitos de plástico. ¿Hasta cuándo puede durar el juego? ¿Es en verdad un juego? Los amigos ya se están cansando de invitarme vino y todavía no llegan los conocidos, pero yo tiro los dados y avanzo tres casillas en el juego de la muerte. Caí en el lugar preciso: Tira otra vez. Otra puta señal del destino que en mi visión ciega niego rotundamente. Prendo otro cigarro entonces, el último de los 10 que compré hace un rato sabiendo que luego no podré fumar más, pero no importa, caerá alguien con un paquete y plata para vino, hasta marihuana traerá. Y yo que sólo quiero escribir debo dejar de hacerlo porque ése alguien requiere de mi presencia y por sobre todas las cosas, yo requiero de lo que trae. Es así. Soy un verdadero hijo de puta pero debo reconocer que me sirve. Quizás traiga plata y me compre libros, y yo que sigo colgado de la luz invierto esos 10 pesos en unas birras o una pizza comprada por teléfono. Sigo despilfarrando el dinero porque sé que sobre todo, el dinero sólo sirve para eso, para gastarlo y compartirlo en boludeces. Creo que la comida, igual que el aire, el agua y la vida en general, es gratis y el dinero sólo es lujo y despilfarro, pero el chino del supermercado no piensa eso, y el verdulero de la esquina tampoco, ni mi gobierno, ni mi padre, ni el dueño de Microsoft, ni mis amigos, ni Edenor. Y entonces me encuentro ante un mundo hostil que intento ametrallar con palabras escritas en sucios papeles que debo pagar a papeleras que contaminan mi agua para que esta salga cara y deba pagarla a las empresas que corrompen a mis gobernantes para que saquen leyes que patenten los productos que la naturaleza regala a todos por igual pero que sólo aprovechan quienes por medio de la fuerza se adueñan de ellos. Y a pesar que estoy seguro que la Naturaleza no quiere eso estoy girando en una rueda de carro construida de titanio traído de la luna, pagado con sudor de mapuche muerto en la campaña del desierto. Es así. Quiero cambiar al mundo llamando por teléfono a la empleada de la telefónica para decirle que la empresa para la cual trabaja estafa a la gente y como no quiero pertenecer a aquello permanezco solo, junto con una horda de ideologistas que carecemos de ideas, es tan lógico todo que los instrumentos son en sí la idea, y no pasa por pertenecer a tal o cual bando sino con qué armas luchar, y tampoco, la lucha es una palabra más entre las tantas que están quedando obsoletas. Es como que ya nada importa, todo SE importa, hasta los pensamientos que NOSOTROS tenemos son interesantes sólo en los países importantes, que importan ideas y exportan productos importados de nosotros mismos. El importe se agrega si pasa por ellos, si dicen que es bueno entonces nosotros los importamos, nuestros propios productos pasados por su filtro son importantes, por lo tanto importamos nuestra propia exportación y ya nada nos importa. No cobramos derechos porque los derechos son humanos y no se cobran, pero ellos no piensan así.
Son mierdas. Como lo fui yo cuando en mi país mataban a la gente. Como lo fui yo cuando mi país eligió un gobernante que decidió regalar todo lo que teníamos. Son mierdas ignorantes que no tienen ni puta idea lo que le pasa a la gente de otros lados. Ellos globalizaron al mundo y ahora no saben como sacarse al mundo de encima. Y yo estoy encima dentro de eso globo de helio que está a punto de desinflarse. Usando alguna de sus armas, disparando palabras que no matan ni horadan, pero que despacio, y junto con otros miles de billones de palabras taladran pequeños pensamientos perdidos por los barrios, esos barrios a los que nadie les da pelota, esas personas que están por ahí sin ángulos y que sin embargo transitan bisectrices, personitas como yo, taladradas por los pensamientos de otros tantos anónimos que me dieron sus frutos y yo me los comí.
Un libro una vez impreso, aunque sea un solo libro (y choto) se pierde entre el mundo y gira y transita por lugares insospechados, gente que lo pasa y lo lee, y lo presta o lo regala y ese solo libro entra en la cabeza de alguno, y en ese alguno trabaja de la misma manera que ese alguno trabaja en la mente de quien lo escribe, porque la noche en que me encontré con alguno y me dijo la frase que transcribí que tanto horadó la cabeza de otro alguno nada sabía yo de todo esto. Esa vieja meada y borracha en la puerta del Campamento Huno me dio tanto como Dotoyevsky y Miller que se tomaron una birra en casa.
Esto no es más que el principio de una evolución cruda, paso a paso expuesta sobre la mesa con sus errores y fracasos. Desde le principio y hasta aquí, un par de centímetros adelante.
LA LUZ ARTIFICIAL
Releo todo lo que escribí hace apenas dos días (las páginas anteriores) más otro tanto de páginas posteriores que decidí eliminar directamente que marcaron mi piso. Mi fondo de un ficticio abismo que necesité ver. De Pósfay escribió alguna vez que se sentía pidiendo una aspirina en la fila de los que piden AZT. Hoy me duele la muela, y un chico muere de hambre en Pakistán. Pero de verdad que me duela la muela y estoy muy triste porque murió mi gatito agusanado, no hay muchas vueltas, es así. Y si me duele la muela y no voy al dentista es porque mi dentista se fue a Sudáfrica porque se casó y ahora no sé donde encontrar a otro dentista. Tan estúpido como eso. Tan tonto como no saber resolver las pequeñas cosas.
Estábamos con Mario en Copacabana (Bolivia) y veíamos a 50 cholas vendiendo condimentos y pochoclos y a una sola (vestida con jeans) vendiendo hamburguesas. La fila de las hamburguesas superaba las 10 personas y en los otros puestos no había nadie. La pregunta obvia que me hizo el Mario fue: ¿Porqué mierda no venden hamburguesas y se dejan de quejar que no ganan plata? No puedo negar que en cierta forma el Mario tenía razón, pero tampoco puedo negar que la mente de las personas, y sobre todo la mente de un pueblo, es mucho más compleja como para otorgar soluciones tan prácticas y fáciles como las que proponía el Mario para erradicar la pobreza de esta gente. Algo habrá en la cabeza de los Aymaras que los lleva a realizar esa práctica y no otra y es tan difícil entenderlo como difícil es para un Aymara occidentalizarse, partiendo de la base que quizás no quiera occidentalizarse y pretende otra cosa del mundo, algo que yo no puedo entender porque mi mundo es distinto, porque fui educado de distinta manera y desde hace 34 años veo las cosas desde mi lugar. Si bien puedo decir que toda mi vida viví en una nube de pedo y que sólo después del 2001 me enteré que había “pobres” en la Argentina, y que desde el 2001 hasta el 2004 viví con una lucha cerebral interna en la que el único perdedor fui yo, entendí que no era estar “pobre” la solución sino trabajar desde mi riqueza. El anterior capítulo, escrito hace apenas un par de días, fue la gota que rebalsó el vaso. Durante todo el año 2004 trabajé de vendedor de productos de perfumería por las mañanas y difusor de cultura independiente por las tardes y como ya dije, una minita fue el disparador para que decida “abandonar todo” y hacer la mía. Durante todo el 2005 intenté, como pude, vivir de los libros y de la cultura. Viví del auto que vendí durante los primeros seis meses y viví del handycap que me dieron mis familiares y amigos durante el segundo semestre, demás está decir que agradezco a todos, públicamente aquí, por lo que me dieron, una vez más, gracias. Más o menos la cosa se venía remontando y creciendo, empecé a editar libros, poesía de miércoles crecía, el asunto crecía, cada vez tenía más repercusión, pero sin embargo cada vez necesitaba más ayuda. Si en el 2004 vendía un libro y me gastaba la guita la reponía fácilmente con lo que me otorgaban los arqueadores de pestañas, pero ya sin arqueadores de pestañas en el 2005 se me hacía muy difícil poder reponer un libro, entonces los libros empezaron a faltarme, me pedían uno por internet y no lo tenía y si bien la ganancia me daba para ir a entregarlo, no me alcanzaba para ir a comprarlo, entonces empecé a dar faltas y fallar. Hundirme en el propio fango que generé por desinteligencia. Estoy haciendo lo correcto, merezco mi paga que yo solo (y sólo) creo que merezco porque creo que nadie hace lo que estoy haciendo en pos de la cultura, y es verdad, pero todavía no tiene la suficiente fuerza para sostenerse por si mismo. Ningún sentido tiene el sacrificio ¿Para qué? ¿Ante quién?
Estoy solo en una costa empetrolada limpiando las rocas con un cepillo de dientes. El cepillo se me gastó y el primer comercio queda a 12 kilómetros, y tengo hambre. ¿Debo ir a buscar otro cepillo o replantearme las cosas?
Cuando los objetivos son demasiado amplios es necesario pensar en uno mismo y trabajar en los medios. Uno es el medio hacia el fin. No hay instrumentos. Lo más importante es mantenerse íntegro. Mi crédito en efectivo llegó a su fin. Soy conciente de mi fracaso y a pesar de que me tragué el orgullo lo vomité, ahora debo agarrar la verdura todavía caliente del inodoro antes de tirar la cadena definitivamente. Volver a tragarlo para empezar del principio, sólo que sabiendo cual es el medio y el fin. Volver a los 14 años para insertarme en el mundo. Pedir ayuda a mi padre, al mismo que le dije que se vaya a la concha de su hermana, que yo le iba a demostrar que podía hacer la mía. Ahora estoy tocándole el timbre, reconociendo mi fracaso.
No es tan grave eso, no hay cosas graves, más que nada es una cuestión interna. Mi viejo es un tipo práctico y sé que quiere lo mejor para mí, él me ve flaco, como todos los demás, es orgulloso como lo soy yo, y sabe lo que me cuesta reconocer un fracaso. Sabe que ante la mínima mención volverán las eternas discusiones, que al igual que lo sé yo, no tendrán retorno. Sabemos evitar discusiones, lo sabemos porque las experiencias nos lo enseñaron. Veo en sus ojos la alegría de que vuelva al negocio, él ve en mis ojos la desilusión, pero también ve la decisión, y sabe, como lo sé yo, que estoy dispuesto a afrontarla. Hablo con mi madre, con mi hermana, con mi hermano de ruta, con mis amigos y conocidos, y todos ven positivamente mi retorno a la vida convencional, a que retome un orden. Quiero negarlo, quiero permanecer ciego y autoconvencerme de que ya elegí el camino, pero no puedo porque ya lo hice y permanecí en el mismo lugar, más que quieto estancado y sintiendo que se avecinaba la descomposición. Viendo crecer los renacuajos a mi lado y sin querer tragarme más sapos.
Diego Rojas sabe vender libros, Arbit y Guillermo también, hasta Paula Bonavita sabe vender libros en una ciudad tan pequeña como Humahuaca, pero yo no. Vender libros demanda mucha energía, no física, sino energía mental, hay que tener un espíritu muy fuerte para salir a absorber toda la MIERDA que emanan los posibles no compradores. Gente que en su puta vida leyó un libro sabe a la perfección cuales son los errores ortográficos y gramaticales y hasta incluso saben decirte cuales son tus errores en el pensar. Ni que hablar de las críticas sobre la edición. Ves tipos pagando una cerveza Quilmes a 8 pesos diciéndote que tu libro de 4 vale 3 porque el refinado que hiciste con el cuter está medio torcido. Y cuando les decís, que bueno, que se los dejás a 3 se sonríen, se sienten orgullosos por haber obtenido la rebaja y lo devuelven cual flor marchita dada por un mendigo a la estrella de cine, y uno, que estúpidamente carga con la crisis de la dignidad se va a llorar a los rincones las soberbias ajenas, sintiéndose MÁS que un imbécil, un tonto que no puede soportar los embates del agónico mundo en el cual nada cree pero que por defecto pertenece.
La falsa dignidad es un arma de doble filo, por un lado te mantiene alejado de las personas que humillan, pero por otro lado, o quizás sea el mismo, te aísla en vos mismo hasta el punto de quedar autoexcluido de la sociedad.
El mundo de los accesorios de perfumería, como todos los mundos, es un mundo pequeño en donde todos se conocen. Como bien lo dice el nombre, dentro de la perfumería el accesorio es un rubro secundario, los perfumeros no le dan mucha importancia a pesar de que es uno de los rubros que más ganancia les deja, pero en general son productos de escasa rotación. Casi no hay marcas reconocidas entre los accesorios hasta el punto en que los “accesoristas” son los que crean sus propias marcas solamente envasando los productos con su nombre. Las grandes cadenas de perfumerías hacen negocios directos con los grandes accesoristas y nada les importa que los maten con el precio, ya que las grandes cadenas, al ser un rubro menor, prefieren desligarse de ello y pagan por el servicio de envasado y reposición. Por lo tanto nada les importa que vayas con mínimos márgenes de ganancia a ofrecerles los mismos productos hasta por la mitad del precio, los “señores” perfumistas te ven entrar a su negocio, después de haber tardado semanas en lograr la esperada cita, miran tu lista por arriba realizada casi artesanalmente tratando de imitar todos los aspectos de las listas de las grandes empresas de accesorios, y también mirándote de arriba te dicen: “pasá más adelante”. Y vas una vez, dos veces, tres veces y no te compran nada, pues no estás a su altura, estás tan abajo como los precios que intentás vender. Bajás entonces el perfil y vas a los negocios personales. Aquí te encontrás con los verdaderos mierdas. Pequeños comerciantes que se creen reyes y directamente abusan de tu tiempo y de tu honestidad y saben donde meterte el dedo para que simplemente te vayas y los dejes reinar, logran hacerte sentir que lo tuyo no es eso, y uno que cursó la universidad de la calle pero que no logró recibirse porque le faltó aprobar: “viveza criolla” “cómo aplastar cabezas” “Creérsela 1 y 2” y “humillamiento del proveedor” se siente realmente vencido en ese pequeño mundo.
Había dejado de trabajar de vendedor de accesorios no porque no me gustaba, sino porque el 50 por ciento de mis clientes eran unas mierdas de personas. Ni siquiera, eran unos pobres estúpidos que se habían creído la Argentina del primer mundo y utilizaban los métodos de las grandes empresas ante nosotros, pequeños seres humanos incrédulos descendientes de gallegos e italianos que les costaba mucho adaptarse al nuevo sistema. “La plata se hace laburando” era mi lema, y yo, que solamente sabía laburar, salía a la calle con mis armas obsoletas como la constancia y la honestidad a pelear contra el márqueting, el pácaying y las promotoras rubias que regalan ficticias sonrisas y muestras gratis de sus culos y tetas, tan gratis como las chupadas de pijas que hicieron para poder regalarlos.
El primer día que empecé a trabajar en este rubro, en el año 1990, con 19 años y una caja de labiales en el bolso volví a la tarde a mi casa con 72 dólares en el bolsillo, al año me compré un auto, a los 3 lo cambié, el año siguiente me fui a Europa y 8 años después me empecé a fundir, hice exactamente el mismo recorrido que hizo el país. Me endeudé hasta las pelotas, pedí créditos para pagar créditos y mal que mal, en el año 2004 logré zafar de todo, darle una patada en el orto y escapar. Saldé mis cuentas con el FMI. Ahora es enero del 2006 y estoy afuera y aunque siento que esto será una nueva estafa necesito vivirla desde adentro. Quiero volver a comprar salame y un pedazo de queso, ya me cansé de estar pobre.
Golpeé la puerta de la casa de mi viejo igual que hace 16 años y le pedí ayuda. Ya no había más lápices labiales, pero había pinzas de depilar. Tampoco tenía auto, pero tenía casa. Los cajeros automáticos no escupían más dólares, y los bancos ya no otorgaban créditos. Mejor. En esa no volveré a meterme. Ahora las grandes cadenas eran verdaderamente grandes, habían logrado agrandarse, no a pesar, sino POR la crisis ocurrida en los últimos 5 años. Pero sin embargo surgían nuevos y pequeños negocios, más los negocios que subsistían desde antes, más los innumerables kioscos que siempre estuvieron a los cuales nunca les di pelota por considerarlos negocios menores y algo nuevo para mí, la gente. La venta directa.
Cuando en 1990 salí a la calle fui directamente a las perfumerías y farmacias, había miles en aquella época, sólo en el centro de San Martín podía encontrar unas 100 que me demandaban dos o tres días de laburo y una facturación espontánea de más de 100 dólares por día sin ningún tipo de experiencia. Ahora, en el 2006, gobierno menemista de por medio en San Martín no quedaban más de 30 negocios, 20 de los cuales pertenecían a grandes cadenas. Cargué en el bolso unas 10 docenas de pinzas de depilar, un par de gruesas de limas y 24 cortaúñas, me tomé un bondi y fui a San Martín. Encaré a los perfumeros de la misma manera que había aprendido a encararlos en mis 15 años de experiencia y las cosas seguían siendo igual, aunque potenciadas. Al ser menos se creían más. Después de haber recorrido, absolutamente todas las perfumerías y farmacias que se encuentran en el centro y los alrededores no había vendido una puta pinza ni lima ni cortaúñas y como había apostado a la venta me había gastado las pocas monedas que tenía en el bolsillo, por lo que no me alcanzaba ni para volver a casa. Me sentía triste y decepcionado, de nada servía mi experiencia ni mi cultura ni mi estudio. Mi sociedad no me necesitaba una vez más. La sociedad que había pagado mis estudios volvía a haber malgastado su dinero. ¿Qué mierda hago? Tengo en mi mochila mercadería que vale 100 pesos y no puedo ni siquiera conseguir uno. Y encima había recibido la misma humillación de parte de los comerciantes por la cual había abandonado mi trabajo. No desesperar, tengo pies para caminar los 5 kilómetros que me separan de casa... ¿y si mientras camino pruebo con los kioscos? y así fue. En cada cuadra hay un kiosco y en cada kiosco dije: “Buenos días, que tal?, estoy distribuyendo pinzas de depilar, valen cero treinta y nueve cada una, cuatro cincuenta la docena” y quedarme callado a ver que dicen. Increíblemente los kiosqueros respondieron mucho más dignamente de lo que respondían los perfumeros. “No, gracias” te decían los que no necesitaban, pero te decían “gracias”, una palabra que los perfumeros, en su soberbia, habían abandonado, una palabra que a un vendedor callejero puede significarle la fuerza para poder continuar con algo de esperanza. Un vendedor callejero que se cree escritor, como los tantos vendedores callejeros que son otra cosa pero que las circunstancias los llevan a eso. No conozco ningún niño que diga que quiere ser vendedor callejero, ni ningún adolescente, hasta los adultos prefieren otra cosa. Es que la energía negativa pega fuerte, la gente que dice “NO” es muy diferente a la gente que dice: no, gracias. Quizás algo difícil de entender, pero que de hecho, a quien vende le significa mucho, y quizás por ese “NO” deja de hacerlo y se deprime y se hunde y empieza a creer que su función en la vida no es esa, y lo que es peor, ninguna. Porque cree que nada sabe hacer. Y vos, que de pedo, o POR TU GRAN APTITUD, conseguiste algo que hacer, le refregás en la cara que haga los que VOS considerás digno, eso que conseguiste tan fácilmente porque la vida te lo regaló. Si vos pudiste hacerlo, cualquiera puede, porque vos sos cualquiera.
Y como cualquiera también soy yo, te digo que escribas un libro y lo armes y lo vendas porque YO puedo hacerlo...
...pero no es así viejo, por suerte cada uno de nosotros sabe hacer diferentes cosas y si bien YO estoy pregonando a través de esta escritura que no nos quedemos atrás y hagamos, también soy conciente de lo difícil que es hacer, algo tan fácil como eso, hacer el aseo diario del hogar, la cama todos los días, dos comidas diarias, hacer la escritura de un libro, cortar el césped de los vecinos, coordinar el reparto de impuestos, realizar una carta astral, arreglar un scanner, saber copiar un cd, manejar un tractor, diseñar una página web, actuar, prostituírse, viajar en colectivo, fabricar repelente de insectos, venderlo, lograr la aprobación de salud pública. Todas acciones aparentemente fáciles demandan un aprendizaje que si bien no es imposible exige tiempo y dedicación, y por sobre todas las cosas, querer realizar eso, y ante todo, preguntarse si es eso en verdad a lo que queremos aspirar en la vida. Nuestra sociedad es muy compleja y demanda desde vendedores de tornillos para construir hasta vendedores de martillos para destruir, químicos especializados en cocaína, dealers que saben donde venderla, grandes mentes que inventan nuevas formas de transportarla. Hombres dispuestos a fabricar armas que matan, más complejas aún, más complejas qué el NAPALM y más eficaces que el Paco, estamos inmersos en la mierda y es sólo desde ahí, que vamos a poder emerger y pensar hacia delante.
VUELTA AL ASUNTO
Yo no sé que a que obedecen las cosas. Este libro ya estaba terminado y en abril todavía sin ver la luz las cosas empezaron a cambiar. Paradójicamente no quiero hacer de esta historia algo personal pero por alguna razón estoy inmerso. Todo el trabajo que estuve haciendo desde hace un par de años y que en el pasado verano vi estancarse como el agua podrida que cultiva el dengue, con las lluvias del otoño empezó a agitarse y la maquinaria entró de nuevo a ponerse en marcha y en menos de un mes el dinero que no existía empezó a brotar como brotan desde las larvas los mosquitos. Sin pensarlo el trabajo en el bar, el cual hacía para “darle una mano” a mi amiga Maru, empezó a ser un verdadero trabajo en donde la “retribución” que ella me daba no sólo me ayudaba para aguantar sino que empezó a ser una fuente de ingresos, ambos entendimos que nuestra ayuda era recíproca y a mí me servía tanto como a ella que vaya a “ayudarla” a atender a los concurrentes del bar como a ella le servía a mí “ayudarme” en mi difícil situación. Por lo que dejó de ser ayuda y empezó a vislumbrarse un verdadero trabajo que ambos necesitábamos.
Por otro lado salió por fin un viejo proyecto que veníamos planeando con Guillermo de Pósfay, al que luego se sumó Diego Arbit y Diego Rojas y que por fin pudimos concretar, no parecía una gran entrada aquello, pero de hecho que salía al mediodía con 2 pesos y a las 5 de la tarde tenía 50. Había mucho trabajo por detrás, pero trabajo ya realizado, por lo que en la actualidad sólo era la entrada de dinero lo que veía. Dinero e inversión que habíamos realizado en nuestros años de trabajo hormiga, que por algún pequeño agujero estaba saliendo del hormiguero.
Volvió marzo también y volvió a empezar un nuevo año y las ediciones de libros empezaron a transitar el arduo camino del boca a boca por lo que los escritores que querían hacer su libro volvieron a aparecer después de sus vacaciones y para colmo una fundación internacional, enterada de mi trabajo, decidió apoyarme económicamente. Estos europeos eran unos tipos que querían ayudar a los pobres países tercermundistas y fueron a una villa miseria y repartieron 100 dólares a cada familia habitante y luego vieron los resultados y dijeron: este no es el camino. Entonces se conectaron con el intendente del municipio y les dieron 15.000 dólares para que haga mejor las cosas y vieron los resultados y dijeron: este tampoco es el camino. Decidieron entonces darme 150 dólares a mí para que haga mi trabajo y ahora estoy ahí. Intentando hacer mi trabajo. El mundo me sonríe, brindo por él: Salud! Gracias mundo. Gracias vida. Gracias a todxs ustedes. ¡Salud!
Las cosas siguen sucediendo, ya está terminando abril y todavía este libro sigue escribiéndose. De golpe empieza a explotar todo. La red alternativa ya es una realidad. Existe y sigue dibujándose a medida que pasan las horas. Las cabezas gestantes trabajan minuto a minuto, incluso durante el sueño, (o al revés)
Los grupos de trabajo se van consolidando y articulando. El Mercado cae y el Estado intenta sostenerle la toalla e increíblemente el que toma conciencia es el público que en ese momento deja de serlo.
El Mercado lanza un certero derechazo que se disipa en el aire. Intenta entonces con un gancho de izquierda. Lo mismo. Ya no hay contrincante. El estado del Estado es lamentable y ni la derecha ni la izquierda pueden hacerle daño (ni levantarlo)
El espectador no entiende nada, pero si no entiende se cae junto con el Mercado hacia fuera del Ring, es que el ring deja de tener sentido. Lo único que hay es una red en donde cada nudo es parte de uno mismo. Un nudo que no ata sino que sostiene y que sólo es posible sostener si quien está al lado toma conciencia, y el mundo sigue, dando otra vuelta, al revés. ¿Quién dijo que el norte es hacia arriba?
Logramos hacer la Feria del Libro Independiente, logramos por fin el primer local itinerante de cultura independiente ¡Fijo! y las Tardecitas en Qasa en donde se presentó este mismo libro en donde la historia miente y se adelanta. Así de simple. Fácil. Para adelante.
EPÍLOGO
¿Qué mierda decir de conclusión? No hay conclusión. Esto es una construcción permanente que empezó y no termina. Si bien )el asunto( depende de mí espero que este disparo se propague hacia el infinito y quien esté dispuesto sepa utilizarlo, intenté darle la mayor explicación posible, desde el principio, como para que se entienda cual es el final ¿Dónde empieza un círculo? ¿Dónde empieza un espiral infinito en donde el principio se une al final? No hay respuestas, y sin embargo seguimos juntos en esto que decidimos es nuestra vida. )el asunto( surge desde la nada, igual que desde la nada también surge el universo. La construcción material de las ideas.
En un instante la mente toma conciencia de que es mente y es esa sola conciencia la que hace vibrar en el más absoluto vacío un pequeño remolino. Solamente energía es la que se mueve, una energía tan poderosa que en su fricción se hace materia, una materia que no puede sostenerse en el vacío porque el solo vacío hace imposible que ésta exista, por lo tanto, el primer yin yang se gesta en esa contradicción. El más absoluto vacío en donde no existe ni la luz, ni el tiempo, ni la energía y el más absoluto lleno en donde se encuentra Todo. Los 7 días bíblicos de la creación del universo se reducen a un instante. Este mismo instante en que estamos viviendo, que es el mismo instante en que hace miles de millones de años ocurre el Big Bang, todo lo demás es relleno, solamente pasar el tiempo sosteniendo el instante. Einstein lo logró, y gracias a Einstein se pudo realizar, en mínima escala, un nuevo Big Bang, el choque de partículas no es tan complejo. Lo llaman bomba atómica, okay, es una terrible arma de destrucción, pero es la representación básica del Universo, y es en esa esencia en la que vibramos. Es decir, choque, contagio, multiplicación de ideas. Una mentira pergeñada en nuestras mentes en donde nuestra mente es ínfima comparada con la mente estelar, pero enorme si la comparamos con la mente de una bacteria, y sin embargo una bacteria puede destruirnos, como nosotros podemos destruir una estrella si no sabemos controlar nuestras bacterias. Ser lo más grande es exactamente lo mismo que ser lo más chico. Yo no tengo nada que decir al respecto, lean a Hermes, loco, son sólo grados de la misma escala, una escala que no es lineal sino circular, ni siquiera, es esférica y ahí me quedo con mi entendimiento porque mi mente humana sólo puede percibir 3 dimensiones. Será entonces cuando con la muerte logre entender la vida, infinitos ciclos de vida, muerte, vida, muerte, vida, muerte, girando en círculos hasta que en uno de esos círculos despego y entro en la esfera. Ahora entiendo a la esfera ¿y después qué? Después otra cosa, sé que pude despegar de la línea, también despegué del círculo y despegaré de la esfera. Tengo paciencia y tengo tiempo. ¿qué me queda?
HACER
Bariloche
........................................... 5
Manu Chao ........................................ 7
Rentas .............................................. 11
La Bestia .......................................... 20
¿Qué lleva a? ................................... 28
Música ............................................. 40
Escritura ........................................... 44
2001 ................................................. 50
Mayas .............................................. 57
AEI .................................................. 63
El tiempo de la vida ......................... 65
La realidad ....................................... 69
Generación espontánea .................... 77
El Desmonte .................................... 91
Noreste ............................................. 97
LICI ............................................... 120
2 Historias de Mierda .................... 135
El Comienzo .................................. 145
Bukowski ....................................... 148
Capítulo Aparte ............................. 160
2º caravana cultural por los barrios . 162
Bariloche ....................................... 166
El abismo ....................................... 170
Primavera Negra ............................ 177
El Fondo ........................................ 182
La Luz Artificial ............................ 185
Vuelta al asunto ............................. 194
Epílogo .......................................... 197
Hacer ............................................. 199
Bonus Trak
Este libro fue realizado con el programa Word 2000 y corregido con el diccionario del mismo programa, colocado en opción “español argentino” Es interesante ver la arbitrariedad de criterios y lo poco se preocupa Microsoft, por la buena calidad de sus productos según este diccionario las siguientes palabras no corresponden al idioma castellano argentino:
Verbos conjugados como: formá, meterlo,
amedrentamiento, angurria, Bancar, bises, bibliorato, Birra, Boludo, carajo, ciruja, cómics, concheto, culo, Chabón, Charly, chop, chupadas, Desarmadero, Eyacular, garompa, gil, guita, Imbécil, inflable, infartante, internet, Joder, laburar, mantra, mierda, New York, orto, Pedo, Pelotudo, plus, polera, Puta, putear, Pija, Playboy, quebrachal, Quilombo, raquetazo, restorán, Ring, Rock, Resaltador, round, ska, sos, tachos, Tarado, Teta, tirados, Tonto, Transgénico, yerba
Sin embargo figuran las siguientes palabras:
afanar, Atahualpa Yupanqui, Bariloche, Boy, Bruce, bordó, Buda, cómic, Cortázar, Disk Jockey, estéreo, euro, flash, fumeta, hippie, in, Internet, jeans, Michael, Microsoft, Páez, Palermo, Penthouse, poronga, porrito, porro, pop, Punk, Renault, restaurante, Saavedra, Sex, show, strip tease, Vitara
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