última actualización 15/5/3
5to ciclo de 20 días ckuen
Don Juan
la
montaña:
En la cima de
la montaña derramó lágrimas sobre la piedra, apretó el mango de su espada con el
sol como único testigo, miró al viento, una mirada de marrones claros ojos como
agujas a través del infinito, lentamente bajó la cabeza. Y su decolorado pelo
largo ensombreció su cara, el cuero cobijaba su cuerpo que se arrodilló ante el
metal. Tomo la espada con ambas manos y apoyó su frente sobre el mango, escuchó
que el viento le penetró por los oídos como si fuese una estalactita de hielo,
miró hacia arriba e invocó a su única verdad, al cielo. Concentrado en el
silencio se irguió lenta y tensamente, pero con mucha fuerza. Quizás
demasiada.
...y la espada se clavó en la piedra.
Hubo un trueno. y las venas de su cuello se dilataron, su boca se torció hacia
el odio, y gritó tan fuerte que quebró el vacío. El sol se conectó con la tierra
a través de un rayo que él intercepto con su espada. Se cargó de fuego, de
sangre de cielo.
Resistió en soledad la descarga
de
maciza vehemencia,
y pudo contener a la montaña entre sus piernas, que
intentó
hendirse hasta los confines
de la oscuridad terrena. Con mucho
suplicio, pero pudo.
Las rocas esparcidas a su alrededor
le transmitieron creencia, y el firmamento, esfuerzo, unificó esos conceptos y
agrupó las piedras en torno a la cumbre, incrustó su espada entre ellas y la
veneró con loor, el frío del atardecer se empezó a sentir por debajo de su
abrigo y emprendió la retirada. Descendió cansadamente y sin pausa por el filo
de lo que fue su estigma.
Siguió camino sobre las orillas
de un arroyo de cristalinas y frías aguas por senderos nuca antes transitados,
el fin de la tarde estaba ya entrado y Don Juan no tenía un lugar seguro para
cobijarse ante el penetrante frío que se avecindaba. Se internó en un pequeño
bosque tratando de buscar alguna roca, algún tronco de árbol, algo, que por lo
menos lo resguardara. Pero no encontró nada de eso.
Encontró un mundo oscuro, donde las copas de los árboles crujían pidiendo
descender de la nocturnidad, donde el cielo oprimía su cabeza exigiendo venganza
de quién sabe qué cosa, coartándolo en visión, quitando poder para transformarlo
en ruido, en ruido de nocturnos pájaros, de ajetreo de alas de murciélagos, alas,
viento, frío, olor, musgo...
Don Juan tenía miedo al frío y a la oscuridad, un miedo ridículo hoy en día,
pero le temía a la piedra, a la luz de la luna reflejada en el lago, al lago. Y
Don Juan se propuso vencer ese miedo, miró sus pies andar, escuchó sus pies. Un
ritmo constante. T’RuNk, T’RoNK, T’RuNk, T’RoNK, T’RuNk, T’RoNK, T’RuNk, T’RoNK,
T’RuNk, T’RoNK y se dejó llevar por su música por kilómetros que se
convirtieron en horas, y horas que se convirtieron en acordes que
no eran acordes sino pensamientos.
PENSAMIENTOS MUSICALES DE MINUTOS KILOMÉTRICOS.
Un camino eterno. Pero él no reparó en eso. Miró las puntas
de sus pies y caminó, interminables horas, un paso, otro paso, otro, otro, otro,
y cien mil pasos, el dolor en la carne de sus músculos gritándole
desesperadamente un alto, y el peso de las toneladas de estrellas diciéndole al
oído: sólo un paso más, uno más y estaremos en algún lugar.
Alguno.
Siguiendo un camino sin rumbo hacia algún lugar,
llegó a un fin. Las copas de los árboles desaparecieron y sólo quedó sobre su
cabeza una terrible carga de universo. Solamente mirar hacia arriba y encontrar
la nada. de nada. Ni siquiera ver al cielo. Uno o dos metros de reflejo de luna
vacía y fina y el fin. Ciegos fríos guijarros entre las extremidades de sus
piernas vestidas de cuero duro le comunican que va andando por la orilla de un
enorme o pequeño lago, el aroma, la brisa en su cara y el susurro de las
pequeñas olas se lo confirman.
La noche. La hermosa y
profunda noche.
Sin detener la marcha continúa en
dirección norte, la paciente y filosa fría brisa en sus mejillas le causa
martirio. Un frío tan intenso que le duele en la cara, sufre un millón de micro
alfileres enterrándosele en cada poro.
El hilo de luna se
deshace en la negrura de la noche y las estrellas se van extinguiendo de a poco.
El cielo las absorbe como absorbe a todo lo que contiene, los arboles se apagan,
el lago, las piedras, los contornos de las alejadas montañas se van esfumando
hasta desaparecer en la nocturnidad, el cielo se acerca demasiado a Don
Juan.
Hace cuatro horas que camina buscando un rumbo, y
cada vez le resulta más difícil, Don Juan se siente chupado por el cielo, pero
en su soledad, se arraiga aún más a la tierra, como si fuese una ventosa, ya no
queda ni un rayo de luz, pero Don Juan continúa su incansable marcha, perpetua,
eterna, como si hubiera llegado al mismísimo infierno.
La
desembocadura de un arroyo le impide dar el próximo paso y comienza a caer una
pequeña nevisca. Continúa ahora internándose nuevamente en la espesura de la
vegetación. Al despegarse del lago, siente que sale de su guarnecida madriguera
y se introduce en el espeso y peligroso aire de la ciega naturaleza anárquica, a
la verdadera ley, sin formatos ni traducciones. Una ley en la que cada cual,
depende absolutamente del mandato natural. La vegetación se hace más densa. Las
raíces se interpolan a su paso, como si fuesen telarañas tejidas durante años
por la mismísima tierra para atrapar al único insecto capaz de adentrarse tanto,
y así comerse a la más valiente y tierna carne que tardará siglos en regresar.
Aparecen intrincados laberintos que emanan de oscuros y enigmáticos troncos
vacíamente indivisibles; con sus flexibles extensiones arbóreas, vulgarmente
llamadas ramas, que dificultan su andar y golpean sobre su cara, parece un
pelotudo, continúa ahora cubriendo su cara con el antebrazo, los matorrales se
hacen impenetrables, y la nieve empieza a molestar verdaderamente, Don Juan
tiene frío, mucho.
Usted terminó el primer fragmento de uno de los cuentos del libro
"...el siguiente:" puede adquirir el libro completo (y en papel)
por sólo 5 patacones.
diciendo, quiero recibir el siguiente, entrega gratis en capital y gran BA.
usted está
en: )el
asunto( <
escritores
independientes < Pablo Strucchi <
...el siguiente: