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LUIS "MERLUZA" JUAREZ
por Emanuel Alegre
bdebolita@gmail.com

foto:
http://otros-fluidos-virtuales.blogspot.com/
Hace frío. El día gris obliga a rescatar los abrigos del armario. Como de costumbre llego 15 minutos antes a la cita, me molesta la posibilidad de llegar a ser impuntual. A los 5 minutos su figura características aparece sumergida entre la gente,
como si el entorno no fuese más que una escenografía montada especialmente para darle un ambiente a ese personaje que avanza hacia mí con paso tranquilo. Lo imagino un cronista de un policial negro a la caza de una historia. Sólo me bastan intercambiar unas cuantas palabras con él para darme cuenta que mi impresión no está alejada de su realidad. Porque Merluza Suárez, en vez de ser simplemente un mero cronista de policiales, es un cronista de una realidad que, aunque tomada con cierto humor cáustico, nos desliza en nuestras narices el olor particular de la marginalidad cotidiana.
El Barrio
Enciendo el grabador. Es difícil escuchar su voz en medio del barullo del bar; llegan los cafés y pienso cómo cuesta seguirle el paso a las historias y datos que hilvana a medida que responde a las preguntas. Lentamente, me voy sumergiendo en esa maraña de anécdotas y vivencias de tal manera, que apenas puedo discernir entre las reales y las ficticias. Pero no es por él, es por mí; por la costumbre de estar frente a personas que escriben sobre lo que escucharon y no lo que vivieron, que ficcionan pensando en lo que se podrá vender, en lo que podrá ganar un premio, que sólo saben sobre lo que Merluza habla porque lo leyeron en un diario o lo vieron en un noticiero. Porque al cabo de unos minutos comprendo lo que hace a la literatura de Merluza tan especial: él siempre estuvo en contacto con el fermento de la vida.
“Dónde yo vivía era un bario muy pobre, y vos veías a las madres de los pibes vecinos o amigos que se acostaban con el vecino de enfrente. Entonces aparece la vieja chusma, y todos los males, ¿viste? Claro, entonces al criarte con eso ya lo terminás asimilando. Estábamos a 4 cuadras de Camino Negro, y Camino Negro cuando yo era pibe era una cosa y ahora es otra. Cuando asfaltaron las calles parecía que había llegado el urbanismo, pero las historias siguen igual y muchos de los pibes que se criaron conmigo después terminaron en el afano o muertos.
Hay un cuento, “Salió esa noche”, es sobre un chabón que el padre es camionero y aparece cada dos por tres. Después, a los 15, lo mataron, andaba en el afano y todos nos criamos junto a él. Le puse el título por una frase que dijo el hermano más chico, de 10 años, Tito; siempre venía a casa, mi tía vivía adelante y nosotros en el fondo, mi tía le daba de comer, entonces, cuando llovía, Tito decía “Hoy Julio no sale porque llueve". Primero le puse “La Traición”, después, “Por la espalda”, porque así es como lo mataron. Después empecé a vivir acá en La Boca, en el 96, entonces yo me sentaba cerca de Caminito a vender libros de autores independientes y todo eso, y me ponía a hablar con la gente del barrio y así conocí a personajes que viven en la marginación, que duermen debajo de la tribuna de Boca, y entonces todos te comienzan a contar historias, anécdotas; también tomo cosas que pasan en televisión y tomo apuntes y después empiezo a ficcionarlos.”
Fuentes
“Sí, Bukowski me gusta, la vida de uno es muy bukowskiana, él estaba todo el día apostando a los caballos, yo a la quiniela, pero las traducciones al español son una cagada. Ayer recordaba que cuando comencé a escribir cuentos leí a Borges y pensaba: Si pudiera hacer la mitad de lo que hace este chabón, ya está, ahora estoy más con la historia independiente. Si viniera Planeta o Sudamericana no sé si transaría como a los 26 o 27 años. En esos años tenía esa fantasía de “yo quiero ser como Borges, como Roberto Arlt”, después empecé a ver las cosas diferentes, desde mi punto de vista. Y comencé a buscar escritores de todos los estilos, en especial cuentistas, y así encontré a Lionelia Piñol, a Rosa, un brasilero, y algunas cosas del mexicano Arreola. Arreola es un flash; encima Arreola admiraba a Borges y en algunos textos se le asemeja mucho. Esto se lo hizo notar un periodista argentino, y ante la pregunta de si había leído a Borges, Arreola le responde: "He seguido a tantos escritores sin haberlos leído". Mentira, el chabón lo conocía de toda la vida; cuándo Borges estuvo en México, le hizo un reportaje. Sí, ahí fue el flash, yo pienso que fue Arreola. Tenía esos cuentos fantásticos y no conocí otros trabajos de él. Que yo sepa estuvo mucho tiempo haciendo reportajes y siendo corrector de Juan Rulfo, y después no sé, le perdí el rastro. Después empecé a leer a Carver y a Rulfo. Todo el mundo piensa que Gabriel García Márquez, como ganó un gran premio, es el padre del realismo mágico, pero el padre del realismo mágico es Rulfo. Pero todas esas historias y los premios venden, yo creo que ese crédito pasa por ese lado. Pero siempre me quedó como una especie de fijación con Rulfo y Carver; tengo un poco de historias de América Latina y un poco de historias urbanas, pero mi obra no es como la de Carver, no es del realismo sucio.”
¿Ficción?
“Esta mañana estaba pensando en que escribo sobre gente del barrio. Yo me crié en un barrio donde éramos humildísimos, entonces, ¿qué pasaba? Atrás había una villa chiquitita y uno no hacia mucha diferencia con la gente de la villa, nos separaban unos alambrados, nada más. Y claro, yo me iba a jugar a la pelota con ellos, y ahí eran todos una maravilla, es como decía Carlitos Tevez: “Yo no sé si fui el mejor de todos”, pero de las cosas que tenían esos chicos es que no solamente eran jugadores de Los Ancos, un equipo de ahí, de la villa, sino que podrían haber jugado en la primera del Barcelona, y yo me acuerdo que ninguno, excepto sacando a dos o tres, llegaron. Me acuerdo también que después, a los 13 o 14 años me separé de estos pibes de la villa, porque uno cambia de amistades, yo seguía estudiando y laburaba haciendo zapatos. Plata que juntaba por ahí le daba parte a la vieja y otra parte la usaba para escabiar. Me tomaba las pastillas para la epilepsia, 10 o 12, y ves todos esos bichitos, entonces viste, bajas. Yo bajé a los 26, el asunto ese, la vuelta. Ojo, todo por la epilepsia, porque si estuviera tranquilo estaría como Bukowski, con esa vida tan particular.”
Las historias no
son buscadas por Merluza, ellas lo encuentran a él, como verdades huérfanas que
necesitan ser oídas, como realidades mudas que precisan una voz que se mimetiza
con su propia voz. “Por ejemplo, el Romántico de Almagro es sobre un chabón
amigo que un día lo invito a un cumpleaños mío. Él trabaja cuidando la imprenta
dónde laburo. Bueno, él se pelea con una mina con la que vive y la echa a la
mierda. Al tiempo conoce a otra y ésta se viene con la cocina, con la heladera y
se instala, pero esta es una santa, una de esas chicas de las que no hay más,
como la madre de uno. Un día esta mina también se le va. Tac. Entonces un
compañero mío dice “¿Y el romántico de almagro?” Y el chabón estaba
colgadísimo en la fiesta, pensando. Y se va y me dice si no lo acompaño a tomar
un taxi, en ese tiempo vivía cerca de caminito. En el camino me cuenta toda la
historia. Y yo armo algo medio fantástico con eso.”
Monstruos
“Yo empiezo a escribir a los 19 años por un problema sentimental. De los 16 a los 19 escribía cartas de amor que jamás le llevé a las chicas, ¿viste? Escribí todas esas cartas y las tiré a la mierda. Después empiezo con toda esa historia... creo que a los 26 me senté a pensar qué iba a hacer, cuando conozco de un golpe a todos esos monstruos de la literatura: Areola, los brasileros, pero veía el absurdo, que sé yo, y me decía “tengo que escribir algo así”, pero con sorna, hacerlo más llevadero. Cuando leo ciencia ficción, leo todos esos monstruos, todas esas novelas son impresionantes, y está este chabón, Ballard, que escribe historias como las mías pero en el año 2028, y son una maravilla. Yo le atribuyo mucho de mi trabajo a la literatura fantástica. De chico leí mucho del género fantástico y ciencia ficción. Cuando empiezo a hacer cosas trato de hacer esos cuentos, claro y veo algo maravilloso, porque esos tipos son impresionantes. Por ejemplo, Solaris, me digo “Nunca voy a poder escribir como estos hombres.”
Y no lo hace. Él
escribe como él mismo, mezclando estilos de crónica policial, del realismo
mágico, del costumbrismo, del policial negro; y hasta es difícil definirlo, con
sus historias marginales matizadas con un humor simple pero cáustico
cuando se entrelazan en su imaginación. De esa imaginación nacen sus tres libros
de relatos: Un sinnúmero de seres en exposición; La necesidad
imperiosa de aquellos que padecen de una gran hambruna e Historias de
comadres de barrio, domadores de caballos y mecánicos; además de dos CDS en
los cuales se escuchan sus historias.
La cinta del casette marca su final con un chasquido. Del café que estábamos tomando sólo resta una borra oscura que yace en el fondo de las tazas. La gente, afuera, continúa apurada hacia ningún lugar, escapando del frío o de cualquier otra excusa. Merluza detiene su vista en dos personas que pasan por la vereda de enfrente discutiendo. Por un instante desaparece de delante de mí, está con su imaginación, dibujando los pormenores de alguna historia en la que esos desconocidos seguramente serán protagonistas. No sé si despertarlo, si traerlo a esta realidad que muchas veces resulta más cruel e incomprensible que aquella que inunda y desborda sus ficciones. No lo pienso un segundo más, pido otros dos
cafés para engañar la espera.
foto:
http://www.malditaginebra.com.ar/homejuarez1.htm
Publicaciones
Cuentos
-El Cariñoso Mundo de Raúl Castillo después del
Licuado Etílico. Milena Caserola, 164pgs. 2007. 14x20.
Si Boukowsky estuviese vivo, sería amigo de Merluza Juarez, porque en sus
historias que nacen cuentos y se convierten en crónicas, nos sumerge lentamente
en un mundo de putas, proxenetas, ladrones, pibes de barrio y gente común; sin
dejarse caer en tópicos. Así nos pasea por historias crudas y descarnadas con el
sentimentalismo de aquel que puede narrar algo sobre lo que realmente sabe,
sobre lo que ha vivido. A través de sus cuentos nos muestra, parafraseando a
Jack London, el fermento de la vida. (Emanuel Alegre)
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