Utilizar la lectura para escapar de la soledad

Lectura

Elizabeth Strout quiere a sus personajes. Los escucha y hace que los escuchemos. Con una sencillez aparente que te desarma, con aquella depuración estilística que solo consiguen los mejores, la narradora norteamericana nos vuelve a acercar a una pandilla de vidas humanas para mostrarnos las miserias, las contradicciones, las grietas. Las historias de Strout nos permiten conocer mejor a quienes nos rodean y nos dan pistas para saber quién somos nosotros mismos. Porque las tragedias ajenas no están tan lejos de las propias. Todas las familias desgraciadas lo son a su manera, dice la famosa frase de Tolstoi. Tanto tú cómo yo acabamos queriendo mal y complicándonos la existencia más de lo que haría falta.

Elizabeth Strout admite que sus libros tratan siempre de un mismo tema: el amor imperfecto. Que quizás es el único amor posible. Para decirlo en las palabras que el personaje de Patty querría dirigir a una amiga suya pero no encuentra el momento de pronunciar, “todos lo hacemos lo mejor que sabemos, y queremos de manera imperfecta, Angelina, pero está bien así”.

Interpretar la literatura triste en clave positiva

En un relato de Todo es posible, Patty se compra un libro escrito por Lucy Barton. Como ya sabíamos los lectores de Me llamo Lucy Barton, Lucy es una mujer que viene de una niñez pobre en un pueblo de Illinois pero se sobrepone al pasado y asciende en la escala social, y ahora trabaja como escritora en Nueva York. Patty lee el libro y conecta: “Así que Patty metió el coche en el jardín de casa y vio las luces que había dejado encendidas, se dio cuenta de que el libro de Lucy Barton había entendido lo que le pasaba a ella. Era exactamente esto: el libro lo había entendido. Y todavía le quedaba la dulzura de aquel caramelo de color amarillo a la boca”. He aquí lo que hacen con nosotros según qué libros: nos entienden, nos hacen sentir menos solos. Que ya es mucho.

En otro de los relatos, una mujer mira una pintura: “El cuadro de Hopper estaba colgado en la pared con una displicencia tan infinita que empezó a dar la sensación de que era personal, como si hubiera sido pintado para aquel momento: los problemas que te asedian son inmensos y no tienen ni pies no cabeza, parecía que le dijera, lo único que cuenta es el sol en la fachada lateral de una casa”. La literatura de la admirada Elizabeth Strout trata del amor imperfecto, de acuerdo, pero también de la fuerza del arte contra la intemperie moral.

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